Por todas las Amanat

Definitivamente la realidad supera la ficción muchas veces. Cuántas películas de terror podríamos ver si se llevaran a las pantallas todos los excesos cometidos sobre la mujer a lo largo de la historia en muchos países en los que su vida vale menos que la calada de un cigarro. En otros vale más, pero se lo han tenido que ganar siempre ellas, en una guerra inacabada; justificado queda cada levantamiento. Nuestra opulenta sociedad, cobijo de insaciables a la carta, gente atiborrada de miserias en directo, perfumada con el tufo de la desgracia ajena, el oído rendido a los dimes y diretes, sólo halla en los más atroces desvaríos humanos algo que la saque de la monótona “rutina” en la que ha entrado, elevando hasta el infinito el umbral de lo espantoso, sólo entonces, por unos días, renace el interés. Decadencia de dieciocho quilates.

Recientemente, en la India se ha vivido un episodio que ilustra lo que digo:

Seis monstruos disfrazados de hombre suben a un autobús, se dirigen a una pareja, golpean al novio e inician con ella una desenfrenada orgía de bestialidad sexual cuyo dolor más leve es la propia muerte. Eso desearía yo en la piel de la víctima, sería un regalo. Así ocurrió, solo que el cruel destino – ahora entiendo este sanguinario mote – la agasajó con un puñado de aliento más, dieciséis días de “vida” extra, macabro premio, la confirmación de un dios huido o terriblemente ocupado.

Seis representantes de la más pura escoria humana, machos, privados de juicio, ¿todos?, toxicómanos de testosterona y un depravado desprecio a la razón, emergen del infierno para representar una dantesca escena de aquel tenebroso lugar, una ordalía propia de los orígenes del mal. La violación de una mujer, brutal y salvaje. Los médicos que la recibieron en el hospital comentaron que nunca se había visto un ataque sexual con heridas tan graves. Violada, apaleada, tirada del autobús, por eso presentaba traumatismo craneal. Pero las heridas más graves fueron las producidas al serle introducida una barra de metal por la vagina hasta destrozarle los intestinos. Sí, cuesta escribir esto, estremece imaginarlo. Me cuesta escribirlo por los lectores, qué corrección la mía, pero escribirlo e imaginarlo me hace temblar, y es esta reacción la que quiero compartir como ínfimo tributo por un mundo enfermo. Si temblamos muchos quizás sea el principio de algo, si nos repugna leerlo, el comienzo de nada.

Reconozco que estoy en la senda del aturdimiento, sin saber a cuál de los muchos frentes que me afectan como persona prestar interés, estoy desorientado, no sé priorizar, esa partida también la ganan los poderosos, que llevan siglos atendiendo uno solo, el propio poder y todo lo que conlleva. Escuchamos estadísticas de violencia machista “este año hubo tantas asesinadas por su parejas, lo que supone un equis % más que el pasado” y la frialdad de los números no enmascara su tragedia, pero si su dolor, su valoración, restándole trascendencia a una muerte más o menos, aquí o allá, y dejamos de prestar atención. De hecho así lo hice con el caso descrito, solo ante la insistencia de los medios hablando de las heridas y la algarada popular fruto de tal demencia decidí profundizar y me encontré con esto. Mi género se conmueve por el renovado perdón que el femenino nos concede tras cada hecho como este y temo que algún día nos repudien por los millones de casos desconocidos.

Difícil perspectiva imaginar una mejora a la situación descrita cuando en un parlamento regional de aquel país existen seis diputados acusados de violación. Cambiar las leyes es importante,  pero eso por si solo no arregla los problemas, es necesario el cambio de mentalidad, mucho más lento que los efectos de una nueva ley. Una sociedad patriarcal como la india aniquila a la mujer, favorece el infanticidio de las niñas y origina problemas con la dote que acaban en más violencia contra ella. La justicia universal, en esta aldea global, no debería tener fronteras, como la radiactividad. Si el juez o el jurado lo consideraran oportuno estaría encantado del regreso puntual de la ley del Talión, para estos casos extremos, que cada uno de los acusados contemplaran idéntica atrocidad en sus carnes, en sus mentes, abandonados en los arcenes, como esos coches siniestrados que las autoridades de algunos países dejan expuestos en la autopista, ahorrándose una campaña dirigida al temerario conductor.

Por mi parte me pregunto con frecuencia: ¿cuándo decidiremos que estas muertes, legado de cualquier barbarie, sean más importantes que su noticia? No busquemos el fin del mundo, porque habitamos en sus arrabales.

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6 comentarios en “Por todas las Amanat

  1. Beatriz

    Es horrible pensar que existan personas, por llamarles algo, capaces de hacer semejantes atrocidades. Hasta qué punto puede llegar la degradación humana??? Es triste que tengan que suceder casos así para darnos cuenta de lo mucho que nos queda por luchar. Hoy en día ocupados por nuestras desgracias – desempleo, desahucios, hipotecas, … – no somos conscientes de lo que se está perdiendo en materia de igualdad. Por eso, gracias Antonio por no mirar a otro lado y quedarse solo con “las letras grandes de la noticia”.

  2. Lo comparto con tu permiso, en mi facebook. Y esto me parece casi teológico: Si temblamos muchos quizás sea el principio de algo, si nos repugna leerlo, el comienzo de nada. Sobre la repugnacia de contemplar la crudeza ha escrito bastante Arcadi Espada. En línea con tu argumento.
    Felicidades, aunque tristes hoy. Por el sufrimiento de tantas hermanas. Por la inmundicia de tantos otros. Y por mí que la que comparto, aunque me pese. Por ser de la misma especie, digo.

    1. Gracias por compartirlo en fb, Mariaje. Me alegra estar en línea con Arcadi, aunque sea sobre la sinrazón humana; he leído algún artículo de él. Eres de una especie maravillosa, quizás por eso os acorrala la foribunda envidia. Saludos

  3. tarari

    Antonio no podemos taparnos los oídos y cerrar los ojos pero lo que vemos y oímos nos hace tener cada día menos ilusión por estar en este mundo.
    He trabajado muy duro para sacar adelante a una familia numerosa, he cotizado a la seguridad social mas de cincuenta años, nunca estuve de baja, y ahora que estoy jubilado y tomo once pastillas diarias tengo que pagar el 10%, mis hijos la mayoría están en el paro, los nietos tienen que dejar los estudios por no poder pagar, las noticias nos asustan, y en las redes sociales gente que no me conoce me rechaza e insulta porque no aplaudo los post copiados y pegados y cuando algo no me gusta lo digo.
    Un día de esto tomo el tren de las tres y cuarto.

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