Cajas y cajos

A mi me cuesta un trabajo enorme administrar los cabreos, de todo tipo: los que me proporciona la banca, la política, la prensa, la iglesia, los empresarios, el duque em..Palma…do, los elefantes, el pueblo. Muchos. Tantos, que he tenido que organizarme. Primero atiendo los cabreos nacionales, y cuando me saturo recurro a “en todos los sitios cuecen habas” y le saco un pasaporte a la indignación. Allá se va ella, a importar enojos, de país en país. Cuando para en China, imperio que ya tutea a los EEUU, me trae unos cuantos, normalmente relacionados con la salud. Al final me consuelo pensando que estamos perdidos.

En ocasiones procede dejar morir la rabieta – D.E.P – por nuestro bien, pero no conviene llenar la morgue con sus cadáveres, indulgencias las justas, de lo contrario iríamos de desmán en desmán. Para hacer boca empiezo con los cabreos locales, los que te garantiza el municipio, sin ir más lejos, son más personales, tienen un aquel del que carece el ciber espacio, por ejemplo, es un asco esto del cabreo digital, arrobático; se ofusca antes el dedo que la mente. No, una buena irritación doméstica no tiene precio. Últimamente me las vienen provocando los cajeros de los bancos, coño, son la leche, parecen programados para que te vayas a casa ofuscado y sin guita.

Voy a hablar de dos bancos diferentes, de Pontedeume, pocos utilizo, gracias a dios, porque si tuviera algún cajero más, la ira llevaría botas, como la de los skinheads, no fallan. Para ser sincero debo decir que un cajero es el de mi chica y otro el mío, pero aclaro apresuradamente que es peor este reparto, porque el mosqueo de la socia hay que digerirlo igualmente, e incluso mostrar solidaridad y suficiente apoyo, mientras que si son “tuyos” los dos cajeros te apañas de otra manera. El de ella pertenece al BBVA. En muchas ocasiones la deja plantada, un sábado cualquiera; siempre en horarios sin responsables a la vista. El día 24 de enero, jueves, a eso de las cuatro de la tarde, fue la última vez, por si oyen los de mantenimiento. Era un fallo selectivo: si quieres ingresar pasta, no hay problema, pero en retirarla si lo hay. No se la dio. Estoy seguro de que si los oyes argumentar el asunto hallarán una explicación razonable, pero la cuestión es que marchó para casa sin un euro. Y al malestar le salen dientes, ya que la alternativa es ir a otro banco que te cobra tres euracos de mordida, aunque saques solo cinco. También para este caso tienen una disculpa elegante; si te presentas otro día en tu sucursal te devuelven la comisión cobrada, creo. Y ahora pide permiso en el trabajo para solucionar el tema, o deja los garbanzos al fuego, que tardan lo suyo en cocer, la mayoría de los afectados no lo hará, y el que lo haga queda como un miserable, cuando son ellos los que ostentan sobradamente esta condición, y así estos desalmados se reparten hasta las limosnas. Tu tiempo no vale nada, el de ellos es de oro. Si queremos acalorarnos del todo pensemos en las cada vez más usureras comisiones que te cobran por absolutamente todo, cuando a cambio dan un servicio más mierda día a día. Es que para eso estamos, para limpiarles la mierda y taparles el “bujero”, y tanto empeño nos obligan a poner en la tarea, que dejamos el nuestro al descubierto, y ese lo tapan a carajo sacao. No podemos evitar el masoquismo que conlleva utilizar un banco, la alternativa es encontrar uno cuyo látigo que no deje marcas.

Bueno, inspiro y expiro que ahora más de lo mismo. Mi cajero es uno de esos travestis que empezaron siendo una caja de ahorros y después de la cirugía se vieron sus partes  comprobando que eran, por fin, un feliz banco. En la crisis de identidad tuvieron tres nombres diferentes, finalmente novagaliciabanco, que ya no es nova, ni galicia, y ha pasado por otra “intervención”; se gastaron tanta pasta en nada que ahora es de los españoles todo, del estado. Los de las Preferentes. En esa fase de crisálida, manipulaba yo sus dos cajeros, que eran como uno, porque se turnaban a ignorarte. “Cajero no disponible”, “Fuera de servicio” y cuando estaba operativo no dispensaba comprobante, o mantenías una lucha titánica con las teclas para que reconocieran tus voluntades, se desconectaba y debías comenzar de nuevo. La verdad es que era unos aparatos rancios, no me extraña que pasaran de dar la boleta, cuando lo hacían parecía un parto y soltaba con barullo un pergamino que aparentaba un bando, de aquellos que decían “se hace saaaber, que el saldo de don Antonio Guillán, a fecha de tal, es de taaantos o menos taaantos euros”. Entiendo su eco solución, pero que te digan “es que se nos va un pastón en papelería, y reponerla tiene su coña”, y listo.

Personalmente protesté en una ocasión al personal del mostrador, otra fue una atenta reclamación al Servicio de Atención al cliente. No menos atenta fue su pulcra respuesta, un folio de prosa diciendo que no son ajenos a la importancia que tienen mis comentarios, agradeciéndome que le manifestase mis opiniones y el tiempo dedicado, buenas palabras, casi me enamoro de ellos. Poco después los dos cajeros, interiores, fueron renovados y colocados en el exterior, en la calle, y yo, que soy un gallego de pro, pensé, claro, se han quitado de en medio las cacas, los pises, los vómitos y menesteres de otra índole con que los pasaos de rosca o los resentidos recalcitrantes obsequiaban a la entidad. Hacen bien, los del banco, digo.

4 comentarios en “Cajas y cajos

    1. Ani! ¿Ya se fue tu niña postiza? ¿El trabajo bien? ¿El amor en su sitio? No sé qué le pasa a mi wordpress, cada equis tiempo se desconfigura y manda a spam gente querida de toda la vida.
      Gracias por echarme de menos, sentimiento compartido. Si, mis entradas iniciales son “más yo”, me definen mejor. Luego me he vuelto errático, una constante en mi vida, y he cambiado de estilo pasando a la rabieta política y como veía que tenía tirón seguí por ahí. Me ha pasado con otros estilos y al final ya no sé para quien escribir. De hecho he pensado en abrir otro blog anónimo e ir dejando este poco a poco para asuntos puntuales o que merezcan la pena. Estoy bajo ultimamente, desencantado con todo, nada me apetece, ni andar por la blogosfera. También coincide que ando a otras cosas. Aprovecho para enviarte un besazo, que siempre me sienta bien.

  1. Casi caigo en la aberración de celebrar estas cuitas, si una consecuencia es la de poder leer este artículo. Pero la prudencia me llama a no sumar gestiones a tu lista. Así que me conduelo. Es más, aporto mi experiencia en el tema y suscribo lo dicho. Con rebote y todo.

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