La bolsa y la vida

En mi “about” digo que cuento vivencias propias y prestadas – y lo que surja – así que voy a ponerme la piel de un amigo que amablemente me la ha dejado y en muy buenas condiciones. Mi amigo el economista. Lo conocí hace unos meses, impartiendo un curso de prevención de riesgos laborales, y al final resultó ser tan aplicado que me previno de la banca estupendamente. Al rematar mis sesiones pasaba yo, encantado, a ser su alumno, y mi curiosidad era paciente y sabiamente saciada, en las dosis que él mismo recetaba una vez conocedor de mi cojera en asuntos financieros. Y en unos días me entraron unas ganas horrorosas de montar una SICAV. No en vano estaba en manos de un ex bróker.

Todo lo que a continuación sigue es fruto de su legado. Intentaré ser lo más ligero posible y tan básico resulta parte de lo que expongo que temo el cabreo de algún lector por verse tratado tan simplemente, como diría Forges “finanzas para un tonto”, pero mi experiencia particular dice que partiendo de ese estado es cuando más he disfrutado de algo que desconocía pero me interesaba, en todo caso lo aplico a mi mismo y me queda esto como una chuleta.

Los bancos son entidades de crédito y deuda, es decir, su negocio es vender el dinero que otros le han prestado, vender deudas, cobrando una comisión a sus clientes por un préstamo o una hipoteca – el famoso interés –. De eso viven, y no de guardar tus cuartos, actualizar libretas o los veinte euros anuales de mantenimiento de cuenta. Crean dinero ficticio, o toman el que vas a ganar en el futuro y te lo dan ahora cobrándote un interés. Por ejemplo, si pides una hipoteca por 100.00 €, a 30 años y al 4% de interés acabas pagando 71,869.51 euros más de intereses, o sea un 71% del importe inicial solicitado. Puedes verlo con este simulador.

Tienen prohibido negociar activos, propiedades como terrenos, pisos y acciones, por lo que deben crear su propia Agencia de Valores o subcontratar una que lo haga por ellos. Por tanto, es posible comprar acciones en un banco a través de la agencia que ellos “controlan”. Esto tiene dos consecuencias directas para los clientes: doble comisión – banco y agencia – y NO independencia, importante; al estar sujeto a la agencia de valores, constituida por el banco, difícilmente asesorarán de forma imparcial y honesta. Su cliente es el banco, no tú, y te recomendarán siempre aquellas acciones y productos que le conviene al banco que tú compres, no las que convengan a ti para ganar dinero. Siendo mal pensado – que equivale a pensar bien – lógico, a la vez que perverso, al banco no le interesa que tengas propiedades, que compres acciones con tu dinero o que lo retires de la cuenta para adquirir una finca ya que cuantas más inversiones hagas menos disponible le queda para prestar. El objetivo del banco es opuesto al tuyo, conseguir que tengas el dinero disponible en la cuenta corriente o en un depósito a plazo fijo para tomarlo y prestarlo a otro cliente, ganando su interés.  Así que si “juegas” en la Bolsa y pierdes es posible que escarmientes y no repitas la osadía, atrincherándote de nuevo en el plazo fijo – para alegría y recochineo del banco – de dónde nunca debió haber salido la guita en busca de insensatas aventuras. Concluyendo: el recomendación que te pueda dar un banco será mala o nula para tí, y no le interesa formar a gente que te ayude a ganar dinero en otras cosas, primero porque ese no es su negocio, y segundo porque si aprendes el banco perdería un cliente.

Mi amigo comenzó a trabajar en sociedad de valores que, creía, garantizaba su independencia a la hora de dar consejos como auténtico profesional del ahorro y la inversión. Pero murió de éxito. Pasados tres años se aburría de estar haciendo siempre lo mismo. El trabajo se volvió rutinario, administrativo. Su función era la de abrir cuentas a los nuevos clientes, informarles sobre el funcionamiento de la entidad, hacer transferencias, llevar cierta contabilidad de la oficina y de las operaciones que se hacían, introducir las órdenes de compra-venta que los clientes le ordenaban bien a través del teléfono o en persona, al “cómprame 300 acciones de telefónica” introducía la orden en “el mercado” y las ponía en la cuenta de su representado. En persona le pedían asesoramiento, si debía comprar tales acciones o no, le hacía un estudio de la compañía en cuestión y si todo estaba al gusto le firmaba una “boleta” – orden de compra – y la introducía en “el mercado”,  la Bolsa. También analizaba los famosos “Charts”, las gráficas de bolsa, pedía consejo a los analistas en Madrid, que le documentaban sobre la evolución de tal o cual empresa, de las economías, de la prima de riesgo. Escribía diariamente un artículo de prensa en la sección Bolsa para un par de conocidos periódicos e incluso impartía cursillos de formación sobre inversiones, tanto en la oficina como en alguna Universidad. Pero, resumiendo, su misión principal era comprar y vender en el “parqué” las acciones que los clientes le pedían.

Descubrió que la inversión era insana, viciosa, lo que no fuese rentable nunca tendría posibilidades de existir, y la sociedad de “sus valores éticos y morales” se resintió. Pasaba los días encerrado en una oficina, dedicado a mediar el dinero de los clientes en un gran casino mundial. ¿Cuánto puedo ganar?, era la pregunta, o su variante “y si lo dejo aquí un año, ¿Cuánto me dais?, en el mejor de los casos. Él lo acabó viendo como el negocio de la avaricia, del egoísmo. Nadie le preguntaba si su dinero iría a financiar armas o escuelas, eso daba igual, y al final acabó por convertirse en su pequeña tortura de la gota, que, terca y constante, terminó horadando su cerebro, acechando sus principios. Cuando ya no pudo más salió de allí, a pesar de su empleo fijo, del buen trato recibido en la empresa, por más que ese había sido el sueño de su vida y había estudiado para hacerlo realidad. El trabajo le gustaba, pero necesitaba añadirle nuevos componentes. En su nuevo proyecto – formativo – habla de rentabilidad social, de ética, de sostenibilidad, de propia responsabilidad personal a la hora de ahorrar y en qué invertir.

Comienza a investigar el mundo de la banca ética como alternativa a la banca tradicional, que aunque adolece de seguir siendo banca, es decir, deuda, presta tu dinero a empresas que lo necesitan y que tienen una finalidad que cumple, por decirlo de alguna manera, ciertos requisitos éticos. Pero lo que todavía no existe es “el ahorro ético”, es decir, que cada uno de nosotros afronte la responsabilidad personal de auto gestionar los propios ahorros y hacer inversiones de forma decente, buscando una rentabilidad, sí, pero un beneficio no sólo personal, sino social, derivado del uso responsable y sostenible de su dinero. Menos egoísmo, menos avaricia, menos yo y más compromiso social con el ahorro que generamos, dejado en las manos de los bancos que hacen y deshacen a su gusto. Cooperativas de crédito, fondos de inversión o acciones de bolsa en empresas con alta responsabilidad ética y social.

Aunque no es religioso, se sonreía pensando en algunas frases de Jesús de Nazaret o de la Biblia, más o menos:

  • Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
  • Nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él.
  • Los que quieren acumular riquezas caen en la tentación de una multitud de codicias insensatas y funestas que sumergen a los hombres en la ruina y la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero.
  • Si no habéis sido de fiar con el dinero injusto, ¿quién os va a confiar lo que vale de veras? (la que más le gusta)

Vamos, como dice mi suegra, justamente esos que son de misa diaria.

Los paralelismos entre la bolsa y la vida existen, y son constantes, eternos y cíclicos, porque el comportamiento en bolsa de las personas cuando compra o vende unas acciones es un fiel reflejo de los mismos miedos, fobias, pánicos, euforias, depresiones, entusiasmos, que pueden manifestarse en cualquier otro ámbito de su vida, como por ejemplo el amor.

Nos regala los secretos de la Bolsa:

Comprueba qué piensa y siente la persona en cada momento del ciclo económico. Comprueba en qué tipo de empresas y sectores tienes que invertir en cada momento en función de los sentimientos que padece “la masa”, “el populacho”, para sacarles las perras, no es infalible, y es aquí donde juega la experiencia de cada uno, de lo contrario sería muy fácil.

Bueno, y algunos conceptos clave, clásicos de la bolsa, en google salen muchas referencias:

  • La tendencia es tu amiga.
  • La primera pérdida siempre es la más pequeña.
  • En bolsa, 2 + 2 = 5 – 1, se refiere a que la bolsa no te lo pone sencillo, para llegar a lo sencillo, a lo que sabías que era lo más probable que iba a ocurrir y que finalmente ocurre, primero te hace ver que no es así, te cansa, te retiras, y al final ocurre exactamente el resultado esperado, da cuatro igual, pero le da más vueltas.

Algunas frases o reflexiones suyas:

  • La confianza se tarda mucho en ganar, pero un instante en perder, bruscamente (otro paralelismo con la vida real)
  • Cuando algo sube de precio, sube mucho, y todo el mundo cree que va a seguir subiendo indefinidamente. Es hora de abandonar ese tipo de inversión, véase precio de los pisos en su momento, o ahora el precio del Oro.
  • Si vamos a invertir en bolsa lo mejor será hacerlo al final del cuarto menguante, y si vamos a vender nuestras acciones el mejor momento será al final del cuarto creciente. La probabilidad de que la bolsa suba en luna nueva es cinco veces mayor de que lo haga en luna llena.
  • Los ciclos en bolsa se basan en múltiplos de 14, incluso los ciclos lunares se incluyen, y son de 28 días, al igual que la regla en las mujeres. Si la luna es capaz de mover los océanos del mundo ¿no va a afectar al comportamiento de unos seres humanos que son 70% agua?
  • Comprar en octubre y vender en mayo, sobre todo si la tendencia principal de la bolsa es bajista. Es decir, “comprar en la vuelta al cole y vender a final de curso”. Si lo llevamos a vacaciones de periodos cortos, a días, puentes, pues, por ejemplo, vender un par de días antes de que empiece la semana santa, y comprar de nuevo cuando todo el mundo esté de vacaciones.

Su aventura actual es más bien interior, de libertad, pero desde lo profundo, desde dentro hacia afuera, no al revés. Para ser libre no hace falta nada, solo deshacerse de las cargas mentales que te oprimen. Si estás “contaminado” solo compartirás negatividad, odio, rabia; primero debes conocerte a ti mismo. Cuando te encuentras bien sientes la necesidad de compartir.

Mucha gente, por más años que viva, nunca se atreverá a realizar sus sueños. Lo importante es estar vivo el tiempo que vives.

Dicen que Vang Gogh vivió amargado por su soledad, lo mantuvo un hermano menor, ya que sólo consiguió vender una obra en vida, por 400 francos. Antes de suicidarse le escribió una carta: “me voy, porque ya he conseguido pintar el cuadro que quería, era lo que he venido a hacer aquí, y ya lo he hecho”

La sociedad, dice, programa a las personas para que no sean quienes quieren ser, que no cumplan sus sueños, las condena a la infelicidad eterna. No vivirán lo que son, sino lo que han creado otros en ellos. ¿Qué harías de tu vida si el dinero no importara?

La muerte es lo más normal y democrático que existe, le toca a todo el mundo y por igual, comenta, pero pienso que tal como está el asunto, hasta la muerte deja de ser democrática. Si tienes pasta para que te alivien el dolor bien, pero si eres un sin papeles toca morir sufriendo. Si hay algo más importante que la vida, son los papeles.

6 comentarios en “La bolsa y la vida

  1. Nacho

    La lección de tu amigo es algo que hemos ido aprendiendo a base de malas experiencias (engaños de los bancos, empresas, etc), lo único que si sería interesante – y cuesta entender – es eso de la “banca ética”….., no se…. son como términos contradictorios. La banca lleva en su esencia la falta de ética, de modo que…… estaría bien que “un arrepentido” que conoce bien el sistema desde dentro, nos pudiera mostrar y ayudar a entender ese concepto ¡ Banca Ética !; “ahí es na” . Aunque me temo que con los que hemos superado los umbrales del escepticismo, lo tendría difícil, …..pero quién sabe; por intentarlo……..

    1. Hola, Nacho
      Supongo que nos podemos referir a “finanzas éticas”, o la banca popular, o social, creo que el debate del nombre es más irrelevante que el de los nuevos hábitos.
      Lo peor siempre queda para los verdaderamente honestos, que deberán hacer un enorme esfuerzo para convencer a los escépticos crónicos de sus buenas intenciones, es lo malo de estas situaciones, que exigimos mucho más a medida que sufrimos abusos y castigos.
      Un perro maltratado es incapaz de distinguir tus intenciones cuando levantas la mano, no sabe si se le vas a infligir un nuevo daño o una caricia, por si acaso mete el rabo entre las piernas y huye. Y nosotros somos los perros de la banca.
      Procuraré hablar con el “arrepentido”, aprovecharé que, considero, me queda un capítulo más sobre el asunto, aunque os voy a dar un descanso 😉

    1. Ya me lo temía, a ver si voy a espantar a la “clientela”. A mi me costó pillarlo, estos asuntos, o te mofas directamente de ellos o resultan densos, pero como era una experiencia que me gustó, la recogí. No te agobies, porfa. Buen finde.

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