Jamalají, Jamalajá

El debate sobre el – mal – Estado de la Nación, en casos de hegemonía, consiste en levantar la alfombra y acomodar el polvo debajo, a gusto, sin prisas, a la vista de todos, “mirad dónde meto la mierda de la que habláis”, ese es el mejor ejercicio de trasparencia que se ofrece, acompañado de la inefable guasa de unas cuantas señorías. Todo parece muy “franco”. Poca seriedad transmite esa secuencia. En esta situación acabo pensando que tan áridos debates describen mejor la Noción del Estado que el Estado de la Nación, y sobre la noción, las estadísticas lo dejan claro. Deberían rematar el monólogo sobre el país con un parte tipo “En el día de hoy, cautivo y desarmado el pueblo indignado, ha alcanzado la tropa gobernante sus últimos objetivos de la polémica. El debate ha terminado” Al día siguiente la aséptica prensa, colaboradora necesaria de estas pantomimas nacionales, pregunta: ¿Quién crees que ha ganado el debate?, en una clara orientación al bipartidismo crónico que tanto le interesa también a ella. ¡Hemos perdido todos, coño!

La presunta oposición, el partido opositor de turno, el suplente a gobernar, se limita a ladear la cabeza mirando a los lados, a levantar asimétricamente las cejas, pestañeando sin cesar, y tejiendo con las manos esos didácticos gestos de preocupación que solo se manifiesta cuando oposita, a blandir la lengua más para ir haciendo callo en nuestra memoria de cara a futuros compromisos electorales que para combatir el impresentable presente del que no quieren ser juez pero sí son parte. Parecen unos malos de chichinabo, retando al gobierno a un inocuo duelo sin pupas, son unos políticos de guardia, puestos ahí para cubrir la alternancia, para taponar a los que valen o quieran hacerlo de otra forma.

Toda esa ilustre patulea cree que lo de la corrupción y demás zarandajas debe despacharse en las peluquerías, las tabernas, las reuniones familiares, el mercado, incluso en el trabajo, y pienso que razón no les falta, que por más empeño que ponga el populacho en usurpar y expoliar como dios manda no está legitimado para hacerlo decentemente, pues carecen del estilo, la categoría y la formación específica necesaria, en definitiva, del pedigrí que el señorío detenta históricamente, amparado en los más antiguos blasones y aristócratas apellidos, para hacerlo “comme il faut”. A ver, si no, cómo unos pobres patanes vamos a arrebatar a su natural poseedor esa capacidad, así, a pelo, sin “estudios” ni amiguitos del alma, sin esas puestas en escena. Nosotros, como mucho, traficamos con la calderilla, no con las influencias, manejamos la jerga del hurtar, el afanar, el mangar; estamos más cerca de la vulgar delincuencia que ellos, que de vulgares no tienen nada. Sin embargo, la corruptela, ahora más que nunca, es un motivo Real de preocupación, y muy aparente, con lo cual esa prerrogativa de realeza inviste a la plebe en todos sus pensamientos, que ahora tiene un real cabreo y una real desconfianza, está hasta el real escroto de la palabra corona y de las miserables prebendas de las que hacen gala muchos de los coronados por el poder.

Si los imputados habitan en los círculos de supremacía hay que tener cuidado, puede parecer que hablas de política en lugar de malhechores, se aconseja el uso y abuso del “presunto”, pero como sean autores de detraer un carro básico en el súper para alimentar de primera necesidad a unos desahuciados seres humanos, son unos populistas, unos demagogos y unos infractores sobre los que cae todo el peso de la ley, que es ahí cuando se ve que la ley pesa lo suyo y, paradójicamente, se muestra tristemente ágil. Claro que en descargo de la ley se pueden argumentar muchas cosas, en descargo de todo el escalafón de sus trabajadores, desde el juez al auxiliar de justicia. Pongamos, por ejemplo, la trama Urdangarín, y su presunta conexión con la Gurtel – qué vértigo –, este muchachote del norte, que accedió a la realeza por pelotas y se aficionó a los pelotazos, que venía de colocarse medallas de oro en un noble deporte y se olvida del esfuerzo y sacrificio que inspira e impone esa actividad, abandona los sanos principios, que es algo muy difícil de abandonar cuando se tienen, y en demostración de ese divorcio utiliza una ONG para niños discapacitados y con cáncer para, supuestamente, evadir 650.000 € de fondos públicos a Belice, aunque todo apunta a que dejó una propinilla del 1% para los fines con que fue creada. A todo el mundo le gusta ganar dinero, pero cuando se convierte en el único fin, en una obsesión, al coste que sea, cuando se te va la olla, se saltan enfermizamente normas que tienen muy difícil justificación y perdón. Y el camuflaje obliga a crear sociedades interpuestas, desarrollar una ingeniería financiera, habitar en paraísos fiscales, etc. Todo el esclarecimiento colapsa un juzgado, sobrepasa los recursos técnicos y humanos de los que dispone y a los que puede recurrir – policía, guardia civil, etc. –, los procesos se vuelven crónicos e ineficientes hasta el hastío, eternos, toneladas de sumario, la ciudadanía pierde la fe y la esperanza, que es justo lo que pretende el aparato político; nuestro hartazgo – y nuestro olvido – es la victoria de su estrategia. Y si la veta delictiva tiene buenos apellidos y muchos amiguetes, que se prepare el juez o la jueza para llevar una existencia difícil, en lo profesional y personal, las presiones, el chantaje y las amenazas son su dieta, empiezan a escarbar en su vida, que es amedrentada mafiosamente. El enemigo pasa a ser el juez, porque no conviene la alarma social. Cualquier profesional de la justicia que pretenda ser legal con los ilegales del aparato fáctico lo tiene más negro que el sobaco de una cucaracha o los huevos de un grillo; el mundo del revés es ahora el mundo del DERECHO, la sinrazón en una cualidad, haz bien pero mira bien a quien. Por eso, el ánimo que le pueda dar el pueblo es poco sustento anímico.

Resulta difícil de entender que en este país se hayan modernizado muchas instituciones – la administración es una de ellas, la agencia tributaria funciona de coña – pero se haya abandonado la justicia, que sigue siendo un atávico departamento, incomunicado, manual, a pedales. Aumentan exponencialmente los chorizos de cuello blanco, los que complican en extremo las cosas, y el colectivo judicial se muestra claramente insuficiente para aplicar los preceptos con rigor, y como soy muy gallego creo que todo este afloramiento de casos Bárcenas salen en el momento adecuado, en el que menos consecuencias pueden tener para los implicados, precisamente por esa atrofia legal, provocada por los expertos juristas de la mafia. El PP y PSOE lo han visto siempre, han tenido años para solucionar ese atraso y no han querido hacerlo, me pregunto por qué, quizás porque ya se intuían esta marea fecal que afecta a tantos ilustres miembros de esos partidos. Y no solamente están lejos de solucionarlo en la forma que nuestra razón dictaría, sino que se dispondrán las cosas de manera que la independencia del Poder Judicial desaparezca definitivamente, jamalají, jamalajá, los conejos del gallardón.

Es así como alimentan la rabia popular, la que acaba en manifestaciones que ellos desean se vuelvan violentas, pasando a definirla terrorismo para estrenar leyes a medida, de nuevo la maquiavélica estrategia. Pero si la violencia la ejerce cualquier estado se llama guerra, que es el vocablo legal para describir lo mismo, volvemos a las cuestiones semánticas.

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4 comentarios en “Jamalají, Jamalajá

  1. Nacho

    ¡ Chapeau Antonio !. Y lo reconfortante que es el ver que hay mucha más gente de la que creemos, que se dio cuenta hace mucho tiempo de todo este “mamoneo” que se montan sus señorías y especialmente de todos aquellos que han empezado a abrir los ojos en los últimos tiempos……..Francamente reconfortante. Ya es importante que al menos seamos conscientes de que nos intentan tratar como a verdaderos idiotas.

    1. Justo, Nacho, lo importante es que no nos engañemos a nosotros mismos, de una puñetera vez, y que dure el cabreo, que nos mantenga en vela hasta que llegue la hora de nuestra sentencia, que del resto no nos podemos fiar.

  2. La noción del estado queda también bajo la alfombra. La idea de una izquierda o una derecha es puro soma: unos y otros están bajo las mismas directrices generales, el envoltorio es lo que despista.

    Cada vez estoy más convencida de que la estrategia buscada es la desesperanza del pueblo. Porque no hay nada que despeje más el camino a los poderosos.

    ¿Sabes lo que me reconcilia con nuestra especie? Que haya ejemplares como estos jueces, abandonados a su suerte por comprometerse demasiado con la justicia. Precisamente.

    La sobrecreación de Adán es de una potencia alegórica ciertamente sixtina.

    1. Veo que la alfombra da mucho juego, vamos a meter debajo también la idea de la izquierda, aunque mucho me temo que esos ejemplares de jueces que mencionas pueden acabar en el mismo lugar. Si despejamos las incógnitas tenemos que encima de la alfombra queda la derecha y la desesperanza.

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