Memorias de África

 Hoy en día cualquier cosa nos rebasa. Nunca sacaremos todas las prestaciones del vehículo que hemos comprado – sólo los jugadores del Real Madrid  – y no digamos ya de los dispositivos tecnológicos a nuestro alcance y su parafernalia. Tampoco aprovechamos al máximo la descarga informativa que recibimos, quizás porque nos aturde, estamos infoxicados. Alguien dirá que es muy útil, que con el exceso de “malas nuevas” la gente se suicida, o decide asesinar urgentemente a los protagonistas de su ansiedad; a mí, sin ir más lejos, me entran unas ganas horribles todos los días, pero cuento hasta cien mil y se me pasa. Santo remedio. Los más aventajados preñan una maleta de billetes y da a luz una preciosa cuenta en un acogedor banco Suizo. Juro, por el nuevo papa, que cuando he conseguido mantenerme alejado del barullo mediático he sentido una paz y un bienestar al que ya no estoy acostumbrado, pero como no puedo imponer esa dieta a quienes me rodean acabo conectando indirecta e involuntariamente, recibiendo una dosis diaria elevada de imbecilidad política desinformativa, que me revoluciona las gónadas. Es instantáneo, como el café soluble, un minuto de declaraciones y siento un golpe de estado en el bajo vientre y su área de influencia.

 De lo que está sacando buen provecho el gobierno es de la crisis, de los recortes: ya se muere la gente en las urgencias y en las diligencias sanitarias, y acabará muriendo del menú – menu da mierda – que la privada, de escrúpulos, reparte a los enfermos para que ese empresario pueda comer marisco todos los días. Es que no hay manera de que aprendan a ganar dinero con humana decencia, parecen conceptos incompatibles. Así que, entre esos decesos y “españoles en el mundo” nos vamos a ventilar la crisis en un santiamén, dejando todas las culpas y responsabilidades por los muertos para el funcionario de turno, médico, enfermera o lo que sea, que ya sabemos desde hace tiempo que son los causantes de todos los males nacionales, de la quiebra del país y, lo que es peor, de los dolores de cabeza que aquejan a los mercados y a todos los que tienen encefalograma bursátil. Esperemos que algún día asistamos al nacimiento de la nueva privada, la privada de maldad y de mangantes, no es mucho pedir.

 Hace unos veinte años, allá por 1993, creo recordar, emitían en TVE1 un programa que se llamaba objetivo indiscreto, o cámara indiscreta, que, mediante la puesta en escena de situaciones provocadoras, se recreaba, con humor, en las reacciones que la gente – “víctima” de la broma – mostraba. Uno de ellos consistía en un local comercial en obras o reformas, que presentaba los cristales totalmente cegados con cal o algo similar con objeto de ocultar el interior a la sana curiosidad. En uno de esos cristales, el que daba a la transitada acera, había una diminuta superficie circular sin cegar, sin la cal, adrede, a la altura de los ojos, con un letrero externo al lado que indicaba: “se prohíbe mirar por este agujero”. Como todo el mundo puede imaginar, no hubo alma que se resistiera a incumplir, la cola que se formaba se iba fumando, por riguroso orden, la absurda recomendación.  A mí me sucede algo muy parecido con los asuntos políticos de escabrosa actualidad, que no paran de crecer, envueltos en un halo de sospecha que pronto adquiere una dimensión preocupantemente veraz, comenzando entonces el dancing de desmentidos – que consiste en mentidos – y el fuego cruzado buscando víctimas por doquier, cerrando filas, que no es otra cosa que repetir como papagayos las increíbles consignas impuestas desde arriba para evitar que la caguen a discreción, en un intento de enterrar al despiste los muertos que a cada cual le van cayendo a granel, sufriéndolo el ciudadano día tras día en los telediarios de la comida y de la cena, como postre. En todas las cadenas, en los realitys, en los programas de humor, en los de pena. Horrible.

 Mi morbo, de una temporada para acá, es la corona, lo confieso, me he tomado la libertad de refugiarme en ella con el fin oxigenarme un poco de la asfixia producida por la pareja popular de moda – Bárcenas Cospe – y la manifiesta cobardía de Rajoy, que dispara en todas las direcciones, a los molinos de viento, como el Quijote, cuando el enemigo lo tiene en casa, con incontinencia, cagándole algo cada cinco minutos, en las narices, pobre chaval. Ahora le sale con una denuncia por maltrato laboral, es de traca valenciana. El Bárcenas empieza a ser mi ídolo, un chulapón como mandan los cánones, cojones, a ver cuándo invitas a unas copas, Luiggi, lo digo en serio, aunque me pongan a parir por frecuentar malas compañías, pero es que la de tus ex jefes tampoco resulta reconfortante en exceso.

 Los avatares reales me entretienen bastante y no me crispan tanto como los parlamentarios, porque se trata de gente presuntamente inofensiva, que a lo sumo gasta dinero público, como todo cristo, y va a las olimpiadas y tal, a animar a nuestros deportistas. Me intrigan sanamente sus movidas de última hora. Además no nos machacan con elecciones a rey cada dos por tres, está ahí hace una pila de años y listo. En alza se encuentra el debate sobre la abdicación pero, técnicamente, Juanca está abdicado de facto, pasa su tiempo en los talleres de chapa y pintura por las natas que él solito se gestiona en la nieve, o contra una puerta de cristal o en Africa cuando madruga para cepillarse un elefante que no se balanceará jamás sobre la tela de una ará ñaá, si es que, tacita a tacita, va a acabar con el viejo cuento infantil. Se nos va cayendo por ahí, a la mínima, suerte ha tenido de que no hayan abdicado los piños en la arista de un escalón. O averías mecánicas, de los amortiguadores o los discos de la columna, que es la última. La verdad es que la imagen no es la más idónea, pero esta coyuntura la aprovechan de perlas el príncipe y la Leti para hacer prácticas y colocarse la etiqueta de guays, en unos momentos tan delicados. Y la audiencia televisiva embelesada con las visitas post operatorias y los sucesivos partes informales que nos pasan a pie de calle los médicos o los visitantes que salen de cumplir el trámite: “ya se levantó y comió”, “está de muy buen humor”. Me lo imagino, por lo tanto, haciendo pis y caca con normalidad, como un súbdito cualquiera, que estos temas dan mucha guerra si no se está a punto, es un buen indicador.

 Vivía tan tranquilo, relativamente, y en un plis plás se complica la Corona con la Corinna, que viene siendo una princesa adosada, pero tan bien adosada que conservó el título tras su segundo matrimonio. Mujer de muy buen ver, y rubia, lo que le complica el asunto, según ella. Esta original pareja da muestras de una sorprendente ubicuidad, lo mismo están en los países árabes para interceder por unos trenes que tiren del carro español, a cuerpo de rey, nunca mejor dicho, que en Botswana, de aventura, o en asuntos de estado clasificados, como ella misma reconoce en una rajada al Hola, faltaría plus, y en el diario el Mundo casca que “El trabajo que he realizado para el Gobierno español, cuando se me ha pedido, ha sido siempre delicado, confidencial. Son asuntos clasificados, situaciones puntuales que yo he ayudado a solucionar por el bien del país”. Lo que más me preocupa es que resulta ser una especie de consultora estratégica, y tan buena parece en esos menesteres que disponía de residencia a todo trapo en el perímetro real, ahí por el Pardo. Con el pastón que te sopla un mal consultor, si es bueno ni te cuento, la Cori tiene que dar unos consejos del copón, tenía chófer, piscina y otras bagatelas con cargo al erario público, que es inagotable, sólo se agota cuando lo necesita el público de verdad. En fin, un escándalo, coño. Resumiendo, en la Zarzuela están creciendo los enanos a toda leche, lo mismo montan un equipo de baloncesto…a quien se le diga. Total, con este panorama, Mariano y Alfredo – Pat Garrett y Billy the Kid – unen su pistolas, excepcionalmente – como lo hicieron también para torpedear la dación en pago en su día – para defender, en esta ocasión, los blasones nacionales, la percepción de la figura de nuestro rey, evitando filtraciones y dimes y diretes, leyendo la cartilla a la prensa y otras bravuconadas disuasorias hasta que se aclare el horizonte, en el que se divisa una inquietante nube cargada de morbo, sexo, dinero e intriga. No va a haber paraguas que lo aguante.

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2 comentarios en “Memorias de África

  1. Magistral.

    Esto de Suiza… ¿Por qué nadie en Europa o toda ella junta saca los colores sistemáticamente a esta nación? Muy guay ella, con una renta per cápita de acojone, claro, bien solventada a costa de ser la cueva de Alí Babá de los mayores ladrones de sus vecinos. Carroñeros es lo que son.

    Un equipo de baloncesto, ja ja, con los enanos ja ja ja, me hago fan. Palabrita de la niña Jesús. Eres descomunal.

    1. Gracias, fan incondicional, ¡qué lujo!
      Es difícil sacar los colores a quienes verdaderamente gobiernan, la banca, y aunque fuera posible, se reirían.
      Yo pretendía escapar de este tipo de post, no lo consigo, me incendian el ánimo sin descanso, me voy a pasar a los cuentos, que de esta gente se pueden extraer unos cuantos. Cuantos cuento?

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