La verdad, ni está, ni se le espera

Hoy me siento un poco ladrón. He tomado prestada la letra de una canción de Joan Manuel Serrat, compuesta en 1983, hace ahora 30 años, y que lleva por título “Algo personal”. Forma parte del álbum “Cada loco con su tema”. La interpretó en 2008 en una gira denominada “Dos pájaros de un tiro”, el otro pájaro era Joaquín Sabina. Pido perdón y como compensación retomaré a continuación mi camino, si consigo salir del fango emocional que letras así me producen, quizás porque más que una letra me empeño en ver una oscura foto, o un siniestro documental. La veo de rabiosa actualidad, rabiosa de la rabia que se pretende colocar a 300 metros. Y actual, porque la actualidad, hoy, es volver al pasado.

 “Probablemente en su pueblo se les recordará como a cachorros de buenas personas, que hurtaban flores para regalar a su mamá y daban de comer a las palomas. Probablemente que todo eso debe ser verdad, aunque es más turbio cómo y de qué manera llegaron esos individuos a ser lo que son ni a quién sirven cuando alzan las banderas. Hombres de paja que usan la colonia y el honor para ocultar oscuras intenciones, tienen doble vida, son sicarios del mal, entre esos tipos y yo hay algo personal.

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan de incógnito en autos blindados, a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas su retrato. Se gastan más de lo que tienen en coleccionar espías, listas negras y arsenales, resulta bochornoso verles fanfarronear a ver quién es el que la tiene más grande. Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz, juegan con cosas que no tienen repuesto. La culpa es del otro si algo les sale mal. Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder. Pulsan la alarma y rompen las promesas y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer nos ponen la pistola en la cabeza. Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar van a cagar a casa de otra gente y experimentan nuevos métodos de masacrar, sofisticados y a la vez convincentes. No conocen ni a su padre cuando pierden el control, ni recuerdan que en el mundo hay niños. Nos niegan a todos el pan y la sal. Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión de declarar públicamente su empeño en propiciar un diálogo de franca distensión que les permita hallar un marco previo que garantice las premisas mínimas que contribuyan a crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz de este a oeste y de sur a norte, donde establecer las bases de un tratado de amistad que contribuya a poner los cimientos de una plataforma donde edificar un hermoso futuro de amor y paz”.

 Este último es el “párrafo detergente” con el que limpian tales tipos sus acciones, el de la redención. Ese es el truco, las frases huecas, en ellas meten todas las demás, las que los definen, las que hablan de sus verdaderas intenciones, aquellas que nosotros no “vemos”. Alguna vez el azar – o la conspiración – se asocia con un micrófono inoportuno – para mi muy oportuno – permitiéndonos apreciar la verdadera catadura – cara dura – de estos elementos y descubrir lo que realmente piensan, y da igual, seguimos erre que erre alimentando las urnas de su esperanza, que no la nuestra. Mientras, ellos, ERE que ERE, me refiero al ere a la ilusión, a la confianza. Sin decir nada – nada más que mentiras – nos lo creemos todo. Sí, merecemos un castigo, y lo sufrimos permanentemente. No sé si es el síndrome de Estocolmo, o el de “estoeselcolmo”. Hemos confundido el creer con la necesidad de creer. No te creo, pero necesito creerte, o mi vida será complicada. Tras cada triunfo electoralista escuchamos el clásico “hemos entendido el mensaje que nos envía el pueblo”, pero a los pocos días somos nosotros los que sentimos en la propia piel el que nos envían ellos, pero ahí seguimos, engañando a nuestra fe, que para eso está a nuestro servicio. En el fondo nosotros y ellos somos bastante parecidos, no quiero decir iguales, pero hay una diferencia importante. Ellos no se engañan, nosotros sí. Y si somos capaces de engañarnos a nosotros mismos ¿por qué, entonces, nos molesta tanto que nos engañen los demás? La única burbuja que nunca estallará es la de la mentira, porque necesitamos seguir disimulando mientras no llega la verdad. Pero, de momento, ni está, ni se le espera.

5 comentarios en “La verdad, ni está, ni se le espera

    1. Si, el mundo es enano, y con las redes sociales, más. Efectivamente, he vivido en la calle canceleiro, pero ahora resido en Pontedeume, desde hace doce años. Juegas con ventaja, tienes que disculpar pero no te ubico bien, jugarretas de la edad, aunque tras ver tu foto va tomando consistencia el recuerdo. No obstante, ¡encantado de tener una seguidora nueva!, espero retenerte por mucho tiempo. Bicos.

      1. Tu vivías en el 7º creo recordar, tu casa estaba llena de literas, me gustaba vuestro desorden, os envidiaba. Yo vivía en el 3º, compartiendo cama y habitación con tía o abuela, era mucho más triste. Hemos tomado algún vino juntos más tarde…pero aún así hace bastante más de 20 años…quiero recordar y tengo lagunas (¿será el amigo alemán que me ronda?) pero igual era con una pandilla del colegio Alba….Tengo 4 hermanos, más “pequeños” que yo si cabe. En la foto el grande es mi hijo Antón y el pequeño el penúltimo de mis sobrinillos (¡jaja! casi soy tía abuela).
        Bueno, ahora soy pediatra, pero no me volví nada seria (creo).
        ¿te refresca la memoria?
        Besos.

  1. Además de elegir las palabras con maestría, sabes elegir las canciones. Esta es impresionante. Desgraciadamente, no pierde vigencia. Si exprimo tu comentario me sale este zumo: “Ellos no se engañan, nosotros sí”. Lo contrario sería la pica esquiva de Flandes. ¿Intentaremos la hazaña? No lo sé. Me confieso cobarde. Sólo puedo asumir el compromiso conmigo misma, de momento.

    1. Qué bien exprimes, ya pareces del otro bando 😉
      Yo tambien me confieso cobarde, pero ya entré en una edad que me permite llamarle prudencia a la cobardía, no creo que a esta le importe, porque son casi de la misma familia.

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