Somos legión

Resulta doloroso acometer un ejercicio de reflexión sobre la ética imperante. En ese rápido repaso que hacemos a diario ya no hay cabida para los detalles, son miles. Es inevitable – y saludable – aligerar el lastre; no es preciso una lista exhaustiva, el simple  “grosso modo” es suficiente para conmocionarnos. Es innecesario el día a día de las fechorías, el más de lo mismo con parecidos o idénticos protagonistas. Un “deja vu” eterno. Efectivamente, a grosso modo se percibe que la mierda rezuma. No hay que esperar a que la letrina esté llena o a que en nuestro pozo negro no quepa un gramo más de materia para llevar a cabo las acciones correctoras pertinentes. Eso no quiere decir que la “peccata minuta” esté libre de sospecha, con toda seguridad en ella reside el germen de una corrupción desmedida e incorregible.

Cuando un sicópata alcanza la categoría de asesino en serie, sobra la recreación en sus nuevas atrocidades para constatar que lo sigue siendo tras cada acto, con tres o cuatro cadáveres hay suficiente, no va generar más rechazo por aumentar su lista de horrores y lo único previsible en él es que siga asesinando. En todo caso crece la alarma o la urgencia por su detención, pero no la repugnancia en sí, esta ha alcanzado su límite. ¿Es que un bárcenas o similar, de los cientos que hay, nos va a parecer mucho más delincuente si le descubren otro par de millones en un nuevo paraíso fiscal? No, lo que llamaría ahora la atención es que se arrepintiera, devolviera la pasta, denunciase a todos los beneficiados por la trama, cumpliera su condena, quizás atenuada por el arrepentimiento y hasta el apoyo popular – del pueblo – por gestos tan infrecuentes como necesarios para la regeneración. Sin embargo, el ser humano es incapaz de vivir sin morbo, hasta en eso nadamos en la opulencia, parece que todos necesitamos una dosis, la prensa lo sabe y así nos alimenta y nos infoxica, con pienso, para nutrir algo que ya no puede crecer más, el odio. Es constatable que cuando los principios han muerto – si es que alguna vez han vivido – es muy difícil que rebroten en el mismo ser que los ha albergado.

Agota no encontrar remedio a la situación, nos consume el comprobar que todas las bazas las tengan siempre los mismos que generan nuestra indignación. La banca – o el poder – siempre gana, es algo que hemos aprendido desde pequeños, en nuestros juegos. Pero si algún brote surge hoy en día por doquier es el de la lucha, en todas sus fórmulas y variantes, una lucha multicéfala, con mil caras, en esa búsqueda está la sociedad, mayoritariamente, y con alguna solución dará, una que no tenga marcha atrás, por eso tarda en encontarla. Ya hemos visto de lo que es capaz nuestro sistema. Y cansa. El cambio pasa por dejar de alimentar el odio para dar de comer a la esperanza. Así que cuantos más frentes se abran, y cuanto más dispersos, mejor, pero todos con un objetivo común. Ellos empiezan a estar noqueados. Las estadísticas comienzan a abandonarlos, esas que deberían bendecir y corroborar su valía no arrojan ni un solo dato positivo, y también hablan de una tendencia irreversible, las mamandurrias se acaban, este bumerang también les viene, ni el propio fiscal general del estado podrá salvarlos, ya da igual las voluntades que tengan compradas y las conspiraciones que tengan en marcha, el modelo está agotado, o se regenera o muere.

Somos mayoría, es en lo único que ganamos, ahora debemos aprender a utilizarla; ellos tienen todo atado y bien atado, el poder político, el financiero, el judicial y el que se preste, que son todos. Si hay algo que les desconcierta es no poder identificar al enemigo, ubicarlo y ponerle cara para convertirlo en la diana de una ira injustificable. Es mucho más deseable tener y visualizar una presa, un colectivo como la Plataforma Anti Desahucios (PAH), por ejemplo, que sí posee una cabeza visible, una sien a la que apuntar. En otro ejemplo, organizaciones como la de Anonymous trasladan al poder la misma impotencia que este traslada a los ciudadanos a través de las suyas, dando lugar a actuaciones tan cómicas como las de “desmantelar la cúpula de Anonymous en España”. El discurso vacuo del aparato incide cansinamente en “la búsqueda de cauces y fórmulas de expresión adecuadas, legítimas y bla bla blá”. Sin embargo, una Iniciativa Legislativa Popular, que cuenta con ¡un millón y medio de votos! ha sido admitida a trámite, porque no hay huevos para no hacerlo, pero, acto seguido, es ignorada por completo. Un insulto y un desprecio inasumible para el ciudadano. Y No estamos hablando de un escrache o una manifestación violenta, nada nada de eso, entonces ¿qué otras fórmulas quedan para canalizar la protesta? Luego está el subterfugio de las formas. En este país anulamos los argumentos verdaderos, la razón, con la excusa de las formas, si la verdad te asiste y estás hasta arriba de exponerla y defenderla sin resultado alguno no se te ocurra dar un puñetazo en la mesa, porque esas no son formas, y como no lo son ¿la verdad desaparece? Un delincuente que sea educado y tenga formas puede llegar más lejos que un diputado que subraya con un puñetazo una verdad, un derecho o una razón desatendida, delicados que somos. ¿Se puede aniquilar a un país si las formas son las adecuadas? Me acuerdo del chiste sobre un hombre que es acusado de derramarle a otro un barril de plomo fundido por la espalda, el juez le pregunta a la víctima, ¿es verdad que cuando este señor derramó el plomo usted se acordó de su familia viva y muerta, de su padre y su madre y demás?, a lo que la víctima responde: en absoluto, lo único que le dije fue, “olle, José,  tío, venga, procura no echarme más plomo fundido en la espalda, que me molesta” No, el hombre se cagó en to y las formas lo perdieron.

En estas elucubraciones llevo tiempo. Casualmente, en mi búsqueda habitual del menú informativo, que procuro hacerlo lo más variado posible, me encuentro con una noticia de fecha 25 del presente mes – revolución de los claveles en Portugal –  en el economista.es “Anonymous hackea la web de 13TV”. La información dice que la web de la cadena 13TV – 51% de la Conferencia Episcopal Española – ha sido manipulada por el colectivo Anonymous para mostrar en su portada imágenes y un vídeo de contenido crítico u ofensivo contra distintos miembros del gobierno.

¿Eres pro sistema? Pero… ¿Pro este sistema, el nuestro? ¿No?

Entonces eres un anti sistema, un violento y radical sujeto. Prepárate.

4 comentarios en “Somos legión

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