Las faldas de la prima de Riesgo

Una vieja amiga, cuando observaba que la pandilla de amistades, que de vez en cuando nos reuníamos para tapear, se segregaba por sexos, se acercaba al grupo masculino y decía: “qué, ¿ya estáis hablando de lo único?” Lo único, como ya habrás imaginado, era el sexo. Alguna vez acertaba. Con el tiempo – y con la edad – lo único ha pasado a ser la economía, o,  concretando, la crisis, “yo aún diría más”, la prima de riesgo. Qué forma de simplificar la vida, qué ceniza monotonía.

Por unos u otros motivos, relacionados entre si con dolorosas consecuencias, todo gira en torno a ese tema. El comportamiento de la Bolsa o de los mercados de valores no es predecible al 100%., lo mismo que el del gobierno, perdón, el de este sí resulta predecible y previsible en lo injustificable. Una ristra de teorías, reglas, fórmulas, consejos que pretenden despejar nuestro olfato financiero, surgen por doquier. Para evaluar la crisis existen índices de lo más descabellados – casi todos yanquis – que sociólogos y expertos se han tomado la molestia de corroborar y  explicar, en algunos casos. Indicadores, entre otros muchos, como el aumento de taxistas cultos y educados, cupones descuento restaurantes, demanda de créditos blandos, el cambio de pañales, el del albañil, fontanero o electricista que ahora te atiende en 24 horas – señal inequívoca de que ya no quedan burbujas por estallar –  el largo del pelo, el Hot Waitress Index (índice de camareras calientes), ingresos en el ejército o la policía, la cifra de muertos en bicicleta, rapidez en la oferta de descuentos por la compra de coches, venta de nichos y tumbas… todos ellos, interpretados “comme il faut”, aportan interesantes datos que no son objeto de este post. Habiendo tantas alternativas nos han machacado con la prima de riesgo o el diferencial como si se tratara de la habitual información del tiempo, hasta conectaban con la Bolsa en directo en los peores momentos, conectar en los mejores es un rollo, muy aburrido, podría generar optimismo.

De cosecha propia yo incluiría otros que quizás ya existan, aunque no de forma muy oficial, por ejemplo: número de bares y tascas que abren y cierran al instante, locales vacíos en plena milla de oro, pastillas anti-desquiciantes por ciudadano y año, número de veces que te cagas en alguien del gobierno, pedigüeños por metro cuadrado, suicidios por desahucios, billetes de quinientos blanqueados con permiso de Montoro, aumento de comparecencias detrás de una tele de plasma, mentiras por programa electoral, incremento de desimputaciones reales, número de mafiosos que acceden a la categoría VIP, sobres recibidos sin vergüenza por sinvergüenzas, cantidad de inútiles por parlamento, aumento de los casos de amnesia tipo “había nieve”, toneladas de delitos prescritos, número de capotes que la virgen del rocío le echa a los desempleados, coches que aparecen en el garage de tu casa sin que te enteres. Muchos de estos transmiten la imagen de que la cosa va de puta madre, para unos cuantos. Este es un indicador de moda perenne, cuanto mejor le vaya a unos pocos, peor la irá a miles de millones

El Índice de la barra de labios (índice ‘lipstick) señala la proximidad de una crisis económica. Está comprobado que antes y durante una crisis económica la gente deja de comprar artículos de lujo para sustituirlos por otros más baratos. Grandes marcas de cosméticos, como Elena Rubinstein, se consolidaron a partir de las guerras mundiales. Este índice también tiene en cuenta el color de los pintalabios para remarcar la profundidad de la crisis. Fue Leonard Lauder, presidente de la marca de cosméticos Estée Lauder, quien formuló la teoría hace años, según la cual, cuando se disparan las ventas de pintalabios de color rojo, se aproxima una crisis económica. En EEUU se observó que tras los atentados terroristas del 11-S las ventas de barras de labios carmesí se duplicaron. Las consumidoras combaten así el “mal rollo”. A medida que aumenta la incertidumbre de la gente, se sustituyen los artículos más caros por productos más baratos y sencillos.

labios

En tiempos de crisis los ciudadanos no están dispuestos a gastar mucho dinero en vestidos o trajes elegantes, pero, a cambio, no renuncian a buscar una alternativa que les ayude a estar guapas y guapos. En los malos momentos crece la necesidad de “gustarse a uno mismo”. Si hay que gastarse veinte o treinta eurillos en un colorete, pues se gastan; levantar el ánimo y generar optimismo, tunear el careto… no tiene precio. Se puede asumir el coste de una barra de labios, y existe una amplia oferta de marcas, asequibles, como Essence o más caras como Guerlain o Chanel. Las grandes superficies no dejan de aumentar sus espacios para estos productos y, a pesar de estos tiempos chungos, las ventas de cosméticos suben y algunos son difíciles de encontrar. En las recesiones de 1980, 1990 y 2000, el sector europeo de productos personales superó a la Bolsa casi en un 100%.

El largo de la falda o Indice Hemline es otro curioso indicador. El economista George Taylor fue el primero en relacionar su largura con la situación económica y  los mercados bursátiles, con la creencia de que la Bolsa es alcista cuando la falda está por encima de las rodillas y al revés; cuanto más cortas mejor irá la economía, como en los 20. Perfeccionada más tarde por Smith Barney en la “teoría de la bastilla”. Taylor reparó en que muchas mujeres levantaron la falda para mostrar sus medias de seda en tiempos de bonanza económica, faldas que bajaban para ocultar que no llevaban ninguna cuando venían mal dadas. Vamos, que en períodos de prosperidad se mostraba más el zanco y mejor acabado. La minifaldas y los colores vivos están asociados con la esperanza de vida y la confianza en el futuro, correspondiente a periodos de despegue económico y de gran prosperidad. Sin optimismo, las ganas de vivir y de exponerse disminuyen, se impone la discreción como actitud dominante en las etapas de recesión. No apetece la exhibición. El economista y escritor Burton Malkiel en “Un paseo aleatorio por Wall Street”, libro de referencia sobre el parqué, recoge el mercado alcista de los años 20 y la moda de las minifaldas, seguido por la de las faldas largas y la recesión económica de los años 30.

indice hemline

Con el crack del 29 aparecieron las faldas largas hasta los talones, y oscuras, o sea, el recato. No había motivos para la exaltación del muslamen que tanto se prodigó en los locos años 20. Lo mismo ocurrió tras la II Guerra Mundial una vez superado el temor. En los alegres 60, la minifalda, creada por Mary Quant, era el último alarido en medio planeta, llegando a alcanzar unos ¡35 cm! Su invención permitió a las mujeres lucir por primera vez parte de sus muslos. Con la crisis de los 70 volvió a crecer la tela, los trajes largos y las discretas faldas redujeron la estética hippy, apareciendo los pantalones de campana y las camisas de solapón, horteras a rabiar. Durante la crisis Asiática (hundimiento de las Bolsas de New York y Tokio en 1989) aparecieron las faldas tipo “jean” hasta el tobillo y fueron “enterradas” las minifaldas. Otras coyunturas en las que se apreció esta relación fueron la crisis del petróleo en 1973-1975 y depresión económica posterior a la Guerra del Golfo. En los años 80 y 90 asistimos al resurgir de las prendas cortas, con una variedad de estilos que ha permanecido hasta la actualidad.

En cuanto a al hombre, podríamos hablar del índice de los calzoncillos o gayumbos, basado en el razonamiento de que los hombres ven la ropa interior como un artículo de necesidad, por lo que las ventas deberían de ser constantes salvo en caso de una severa recesión económica. Tan severa que te puede dejar en pelotas. Respecto a las corbatas, su venta suele dispararse en época de crisis porque el hombre la necesita para aparentar que no le falta trabajo… y para buscar empleo. El color de esta “app” se relaciona con el estado anímico, empleándose colores más brillantes en épocas de subidas y más tenues en las bajadas.

Una vez visto lo anterior informo de que en 2013 poca pierna se va a exhibir porque las maxi faldas van a causar “furor mortis”, en todos sus looks, acabados, colores, texturas, variadas, en definitiva: floreadas, negras, combinadas con un top liso o con un blazer para mayor formalidad. Parece ser que el color block seguirá dando que hablar, así que decantarse por el rosa o fucsia puede ser una buena alternativa. Pero “lo que más”, como diría mi amigo Eulogio, de Cáceres, va a ser la maxi falda plisada.

Por muy bien que le siente esta moda a la mayoría de las mujeres a mí me mata, porque, según lo visto, no es que vayamos a tocar fondo, es que, aprovechando, lo vamos a barrer. La buena noticia es que lo que nos espera es remangar la tela. Vamos, llevándolo a la pitanza, que es lo mío, a los que les guste el marisco se tendrá que conformar con los palitos de cangrejo, y olvidarse de trapos una temporada, salvo que vengan de Bangladesh, China o países del hambre, del desprecio o de la tolerancia cero a los derechos humanos, que es de esta forma como se combaten las crisis. Se pueden comprar cientos de vidas por el salario de un entrante, que hablar de comida es un lujo. Bien a gusto cambiaba los palitos ¡y hasta el marisco! si viera a mis ministras con coloridas minifaldas y luciendo espléndidos collares, no desesperemos, son muy capaces de hacerlo solo para hacernos creer que España va bien. Pero acepto.

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9 comentarios en “Las faldas de la prima de Riesgo

  1. Valgan como muestras sendos arranques de una letrilla atribuida a Góngora y de una «Sátira» anónima:

    Todo el mundo está trocado,
    sólo reina el recibir,
    ya nos venden el vivir
    y vivimos de prestado;
    el que tuviere un ducado
    se verá grande en un día;
    la balança más vacía
    subirá más fácilmente;
    todo será diferente
    y si algo desto no fuere
    será lo que Dios quisiere.
    Todo el mundo irá al revés,
    el bazar será subir,
    valdrá barato el mentir,
    reinará el interés.

    Saludos amigo.

  2. Isa

    ¡Qué bueno, Tucho! Te superas post a post. Con esto de los índices has estado magnífico jajaja. Y el vídeo con el paso a paso… ¡Muy bueno! Cariños

  3. Mariaje, gracias. Como le decía a José Ramón, lo que hago es dar un poco de personalidad a las dispersa información que sobre estos asuntos existe, muy repetida y trillada, pretendo extaer una conclusión. El rojo seguro que te queda de coña, con o sin crisis 😉

  4. Samoset

    Que grande eres. . ¿cómo has sabido todo esto? Dios mío cuanta cultura y que sencillez de explicación para entender en que momento económico estamos. Eres de los míos jajaj. Menos datos, menos prima de riesgo, y más observar. Si de verdad quieres saber en que momento de la crisis estamos, te diré que estamos igual que en el año 77. La moda es el mejor predictor económico, porque debe anticipar que se va vender la siguiente temporada, y los modistos suelen tener una gran intuición. Y esto es lo que ocurría en el año 77:
    http://www.enfemenino.com/moda/album886796/-arriba-las-tachuelas-vuelve-la-moda-punk-p1.html

    1. Gracias a tí, JR, todo está en la red, yo le doy mi forma, la oportunidad es lo único que pongo, aunque nunca sé cuando es su turno. No sabes la “alegría” que me das con lo del 77. Cierto, vuelve la moda punk, teníamos que haber hecho el post a medias, pero no creo que le afecte a la falda. Si regresa la falda punk será en formato largo, mucho cuero, mucha pasta.

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