Marchando una de votos

Los que seamos menos ricos, o pobres directamente, tenemos que ir ahorrando para “comprar” votos. Es que he leído un artículo por ahí que, a mi entender, apuntalaría una tesis sobre nuestra proyección nacional en el disparate, convirtiéndonos en una potencia en ese producto, pero a pesar de tener unos directores comerciales de órdago, conocedores como nadie de su calidad, somos incapaces de abrir mercados para colocar los excedentes, viéndonos obligados a su consumo interno hasta el mismísimo empacho.

El término sufragio viene del latino suffragium, que significa voto. Fundamentalmente puede ser de dos tipos:

Sufragio Restringido, es decir, limitado a un sector de la población que cumpla unos determinados requisitos, quedando el resto excluido, por ejemplo: edad, estado civil, sexo, raza, religión, riqueza, principalmente. Si nos referimos concretamente a la riqueza estaríamos hablando de un sufragio censitario. En este, el ejercicio del voto quedaría reservado para aquellas personas cuyas rentas superaran una cuantía determinada. Durante parte del siglo XVIII y buena parte del XIX sólo los más ricos – llámese burguesía – tuvieron ventajas políticas en el seno de un sistema capitalista de clases. Otro ejemplo de restricción al voto era la condición de mujer, el movimiento sufragista luchó amargamente por abolir esa limitación, consiguiéndolo en 1920 en el Reino y en 1931 en España, hitos ambos muy conocidos.

Sufragio Universal: Todo integrante de la sociedad, con independencia de sexo, color, instrucción, riqueza, religión, etc., tiene derecho a elegir sus representantes y, a su vez, a ser elegido como tal, la única limitación para ejercer el derecho a voto viene constituida por la edad mínima requerida. Así es el sufragio en nuestro país, aunque sea de Perogrullo decirlo.

sufragio

Un tal Pablo Carabias, afirma que “hay una restricción, una restricción basada en la riqueza de las personas, el voto ponderado basado en la aportación económica de cada uno al erario común, que me parece absolutamente clave para un ejercicio sano de la democracia”, que “quien más aporte debería tener más que decir sobre el destino que se da al fondo común, de forma proporcional a lo aportado”. En su opinión, el derecho a voto, libre y voluntario, debería tener un precio. Según él, el voto censitario, característico en muchas sociedades de finales del Dieciocho y que se mantuvo en diferentes variantes hasta bien entrado el Siglo Veinte, está absolutamente desprestigiado. Así, plantear hoy en día el concepto de voto censitario es una forma segura de ser tildado de cualquier cosa acabada en “ista”: fascista, racista, machista…, incluso capitalista.

Y pone un ejemplo. Cada papeleta de voto, 100 €, 200 €. Cada persona decidiría cuántos derechos a votos quiere y/o puede comprar y, de esta forma, con el dinero que cada persona, de forma voluntaria, aporte, se financiaría el Estado, pues este dinero, estas digamos “participaciones” serían el único y exclusivo capital estatal con el que se financiaría… y, por supuesto, nada de impuesto adicionales.

En definitiva, basa la participación en la aportación económica de cada uno al erario común. Dicho de otra forma, que el voto de los ricos valga más que el de los pobres. Además de todo este disparate, el origen de la riqueza tampoco se cuestiona, seas o no blanqueador de dinero, un bárcenas de la vida, un gurtelero, un atrapa sobres, un negrero, un narcotraficante, un político sin escrúpulos, un especulador, un asesino a sueldo, un mafioso, un proxeneta, un terrorista, etc., etc. En cualquiera de estos elementos podría descansar el gobierno de una nación. Y de repente caí de la burra, me dije: “coño, ¿pero no es esto lo que ya está ocurriendo en muchos países?”

Este hombre quería ser Félix Rodríguez de la Fuente de pequeño y por eso se matriculó en Biológicas en la UAM. También pretendía emular a Bjorn Borg pero le flojeaba el revés y acabó siendo entrenador nacional de tenis, desconozco las promesas que ha convertido en campeones. Se dedica a organizar eventos deportivos, de tenis, claro, así como de fútbol americano y baloncesto colegial, sus otras dos pasiones deportivas. Le gusta la historia, la paleontología, la libertad y la segunda enmienda.

En mis reflexiones decía, “no quiero pensar en lo que Botín podría hacer en este país – a mayores de lo que ya hace – si comprara cuarto o mitad de papeletas, convirtiéndose en uno de los putos amos, porque, ¿cuántos personajes públicos de diferentes poderes no están ya en su nómina, cuántos favores tiene comprados?, y más ejemplos que podríamos encontrar, como las donaciones de miles de euros de las constructoras al partido popular a cambio de obras en diferentes autonomías. Por otro lado, la gente con menos renta no ascendería en la escala social por muy buenas que fueran sus ideas, su capacidad de gestión, y demostrada honradez, o sea, lo que ya pasa ahora. Con un sistema así el que más aportara ganaría las elecciones y mucho más, el poder ejecutivo y legislativo a su medida, justo lo que está pasando. Un Amancio Ortega nos haría un traje a todos, nos pondría de uniforme.

Los resultados de nuestro sufragio universal parecen, en la práctica,  los correspondientes a uno censitario. Tengo claro que la igualdad de los seres humanos ya ha sido socavada y en esa tarea siguen los gobernantes; más que una democracia parece esto una plutocracia con un disfraz prestado. En cualquier caso, no sabría qué palabra ponerle, pero seguro que termina en “ista”.

4 comentarios en “Marchando una de votos

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