Se vende submarino marca España

En España hemos conseguido hacer un submarino con celulitis, presupuestado en 2.135 millones de euros. Al Isaac Peral (S-81), el primer submarino de la nueva serie S-80 encargada por la Armada española, le sobran entre 75 y 100 toneladas. Una vez sumergido nadie garantiza que pueda volver a la superficie. Este “sobrepeso” puede hacer peligrar la reserva de flotabilidad, la que permite a un submarino sumergirse, emerger y navegar. Un problemón. No hay culpables, yo no descartaría que se cargaran a los becarios, más arriba parece difícil llegar, lo tengo claro. Si no solucionamos el asunto podríamos tener un auténtico submarino para chapotear en la orilla de la playa, lo que supondría una atracción turística altamente novedosa. O lo podrían aprovechar para convertirlo en un parque temático de errores, “sacándolos a flote”. O una guardería que haga las delicias de los niños mientras los padres se dan unos chapuzones,  tranquilamente. No todo está perdido, la imagen de la guerra cambiaría mucho.

Navantia, el astillero encargado de su construcción, ha reconocido la existencia de “desviaciones relacionadas con el balance de pesos” y ha estimado que supondrán un retraso de entre 12 y 24 meses en la fecha de entrega del buque, prevista inicialmente para de 2015. Alega también que son problemas propios de cualquier prototipo. Le resta importancia, pues se trata de “un submarino de la siguiente generación, que enfrenta soluciones tecnológicas inéditas, por lo que no se pueden descartar problemas técnicos”. Así que lo van a mantener en el vientre del astillero un par de años. Hay que alargar el casco, prolongar sus 71 metros de eslora, no se trata de adelgazar el submarino, sino de crecer para reequilibrar el peso. El programa S-80 cuenta con un presupuesto de 2.200 millones de euros para cuatro sumergibles, el más importante de los encargados a la industria nacional. La primera criatura estaba ya al 70% de su formación, la segunda casi a la mitad. Eso si, el equipo médico informa que los cuidados tendrán un sobrecoste de unos 800 millones de euros.

Esto afecta al Tramontana (S-74), botado en 1984, que estaba a punto de jubilarse. Tiene que retrasar la edad de jubilación unos cinco años. Aquí hay patodos y patadas, quien le iba a decir a la Armada que el tema de la jubilación alcanzaría a los mismísimos submarinos. La verdad es que se la tenía ganada, el pobre. El 13 de diciembre 2008 este veterano sufrió un grave accidente que olió a tragedia. Una vía de agua en la cámara central cuando navegaba a 300 metros de profundidad. La suerte y la pericia de los 60 tripulantes salvó sus vidas tras una dramática salida a superficie. El accidente del Tramontana se produjo cuando realizaba una prueba de inmersión a máxima profundidad, tras haber pasado una revisión. Según relataron los propios tripulantes, la entrada de agua helada y a fuerte presión produjo una densa neblina en el interior del submarino y provocó que empezaran a fallar los instrumentos eléctricos. El comandante, que había ordenado zafarrancho de combate momentos antes del siniestro, mandó emerger a toda velocidad, pero el submarino no logró los 25 grados de inclinación que requería la maniobra, sino que sólo alcanzó un máximo de 10, que en algún momento incluso llegó a perder. Fueron cuatro minutos dramáticos en los que se rozó la mayor catástrofe en un submarino español desde hace más de 60 años, cuando el C4 se hundió con 44 tripulantes. El Tramontana se había sometido en 2007 a una gran carena – reparación en el casco – que costó 28 millones de euros. Durante la reparación, el submarino se soltó del muelle de Navantia en Cartagena y fue a parar al Club de Regatas local, aunque en apariencia no sufrió ningún daño que pudiera explicar lo sucedido aquel 13 de diciembre.

Ahora, para alargar su vida, hay que hacerle un lifting que implica desmontar el submarino y renovarlo por completo, al tiempo que se buscan entre 30 y 35 millones de euros, por falta de fondos. España solo tendrá dos submarinos a partir de 2016 – lo que supone uno disponible en el mejor de los casos –  frente a los cuatro con los que contaba hasta hace dos años. Pero más importante que perder los submarinos es mantener sus dotaciones. Formarlas cuesta muchos años y dinero.

El sobrepeso no es el primer escollo con que tropieza el S-80. El problema más complejo tecnológicamente está en su sistema de propulsión, característica más novedosa. Irá equipado con un sistema de propulsión independiente del aire (AIP). Eso supone que en vez de tener que emerger cada pocas horas, como los sumergibles convencionales, le bastará con hacerlo cada 15 o 20 días, casi como un nuclear. Se optó por una solución española – los fabrica Suecia o Alemania – y se contrató con una filial de Abengoa, que diseñó un procesador a gran escala, pero el prototipo se quemó. Como no hay mal que por bien no venga, el retraso provocado por el exceso de peso dará más tiempo para resolver el problema del AIP. A ver si aprovechamos para sacudirnos el gafe. Mientras tanto se ha contratado a una empresa estadounidense para que nos diga cómo arreglar el marrón. Solo por decirlo cobran 14 millones, que a estos no les va el rollo de “hablar por hablar”. Pagará la Armada, parece ser que por razones de urgencia el estudio se financiará con créditos oficiales de EE UU y que, por esto, el cliente tenía que ser la Armada, lo que no implica que al final le pase giro al astillero.

La decisión de construir un submarino de diseño español ha representado muchos de los quebraderos de cabeza. Navantia se lanzó a la aventura de construir, por primera vez en su historia, un submarino completo. Una temeridad para muchos, pero otros pensaban que si el reto tenía éxito permitiría a España competir en el floreciente mercado mundial de submarinos. Particularmente, como han fraguado mi desconfianza, opino que si hubiese ocurrido lo último privatizarían el astillero y andando. Amiguitos del alma sobran.

La obesidad del S-80 trajo cola en el Congreso. El diputado de Izquierda Unida Gaspar Llamazares ha tramitado un escrito al Gobierno que se iniciaba con una cita del célebre monólogo de Gila: “De color bien, pero no flota”. Planteaba varias cuestiones al Gobierno, algunas abiertamente burlonas: “Si el submarino S-80 está bien de color pero no flota ¿Acabará en el fondo del mar, matarile, rile, rile?” o “¿Podría el Gobierno regalárselo al enemigo, para que así podamos ganarle la próxima guerra?” Llamazares proponía esperar a 2019, para hacer coincidir la botadura del submarino con el centenario del nacimiento del célebre humorista. El escrito fue devuelto al diputado para que lo redactase de nuevo al considerar la Mesa del congreso que una iniciativa parlamentaria no es lugar para chistes. Tal vez no, digo, ciertamente parece poco serio, pero llevamos mucho tiempo llorando por asuntos penosos. El Montoro, sin embargo, muestra una sonrisa ruin cada vez que nos mete una estocada.

Otras preguntas eran más serias e irónicas: “¿cuánto ha costado hasta ahora su fabricación?”, “¿cuánto costará su cura de adelgazamiento?” – algo que el Ministerio de Defensa asegura ignorar – o si “ya se ha condecorado al ingeniero-jefe que lo ha diseñado”.  Lo que de verdad no hace ninguna gracia es el futuro de los astilleros públicos Navantia – de los que dependen miles de empleos –, parece ya hundido y sin posibilidades de reflote. Esa novedosa arma submarina de la Armada ha resultado ser una arma cainita que le puede hacer mucha pupa a la tan traída “Marca España”, flaquísimo favor. Cientos de millones de euros están en el alero por un error de cálculo del que NADIE ha dado todavía ninguna explicación. Y como Navantia es una empresa pública todos tendremos que pagar esa fecundación in vitro. Como no podría ser de otra manera. Felipe González dijo en su día, cuando negoció con los Europillos la reconversión del sector naval, estratégico para Galicia, que los gallegos estamos acostumbrados a emigrar.

Menos mal que Alemania hace aviones (drones, no tripulados) que no pueden volar. Más que volar es que no obtuvieron la licencia de vuelo en su propio país para producirlos en serie. Me alegra que estos seres de luz también metan la gamba. A ver si tenemos suerte y dan con los ingenieros del S-80 para llevárselos para allí, sería una contratación estratégica para reparar nuestra dignidad. Llevaban invertidos 540 millones de euros, aunque la oposición habla de más de 1000. Que se vengan a España, a la Oficina Nacional de Chanchullos – preguntar en cualquier ministerio – y le falsificamos una licencia en un periquete, otra cosa es que vuele. La diferencia entre España y Alemania – aparte de otras muchas – es que aquí no se ha anunciado ninguna auditoría o investigación, el Parlamento no ha exigido explicaciones – están en asuntos más serios, vigilándose el ombligo – y nadie ha sido destituido ni ha presentado la dimisión. El secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, en su comparecencia ante el Congreso, el 23 de mayo, resumió mucho la explicación, para no aburrir a sus señorías. Dijo que se habían producido “una serie de problemas técnicos”. Listo. Venga, la nómina. Y un sobre.

Fuentes:

http://politica.elpais.com/politica/2013/06/15/actualidad/1371323200_944201.html

http://politica.elpais.com/politica/2013/05/08/actualidad/1368033966_797022.html

http://politica.elpais.com/politica/2013/05/08/actualidad/1368033752_962362.html

http://politica.elpais.com/politica/2013/05/15/actualidad/1368638659_349116.html

http://elpais.com/diario/2009/03/09/espana/1236553215_850215.html

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8 comentarios en “Se vende submarino marca España

      1. Hay una disertación del monje Malaquías, si no recuerdo mal, sobre el tema de la risa y la santidad, y acerca de si Cristo rió alguna vez o no, que resume la opinión al menos en la concepción religiosa medieval. En “En el Nombre de la Rosa”.

  1. La culpa es de los Beatles, que les da por mezclar el yellow submarine con el Lucy in the Sky with Diamonds por aquello de las iniciales que tanto habrían favorecido el viaje…

    1. Mezcla explosiva, ciertamente. Vete tu a saber si no se liaron con eso y les salió un submarino “alucinante”. La verdad es que pertenecer a la Armada en estas condiciones en una aventura de riesgo extremo. Podrían aprovechar los efectos de la sustancia para diseñar tambien una faja reflotadora, que ingenio nos sobra.

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