Malditos clientes

Estaba yo muy contento con mi jurasicmóvil y en febrero decidí cambiarlo. El viejo terminal debió pronunciar un conjuro por anticipar su jubilación que surtió el efecto justo para provocarme un cabreo digital que me ha hecho recordar una frase escuchada en varias ocasiones: “te quiero más que a unos zapatos viejos”. Me arrepiento un poco de esa traición, más que nada porque mi edad pone también ante mi vista la frontera jurásica en esta era tan veloz y frenética. Coquetear con un Smartphone me reportaba una sensación de viejo verde, se me antojaba un idilio antinatural, como el de esos deportivos falocráticos conducidos por empresaurios que esnifan sus postreros momentos a borbotones, acompañados de bellas mujeres de piel lisa y contundentes formas. Por eso iba retrasando una decisión inmadura, inconsistente, rebelde.

No soy un nativo digital, sino un espécimen analógico. Las nuevas tecnologías se me resisten. Nacen, se renuevan y mueren sin darme tiempo a acostumbrarme a ellas. Es como ligarse a una mujer fantástica hoy y comprobar mañana que tiene el aspecto de una pensionista, por muy fantástica que siga siendo. Hoy estás deseando hacerle el amor sin tregua y mañana pensando en regalarle un nicho con urgencia. Son un túnel del tiempo que te inyecta en el futuro mientras arrastras el pasado, y eso que nos hemos acostumbrado a habitar en un túnel modelo “sin luz al final”, a pesar de tanta tecnología, paradójicamente, y de tantos gobiernos “iluminados”.

Cuando la ocasión lo permite hago uso del tren o del autobús para desplazarme por cualquier motivo, aprovecho para leer, pensar, escribir. Sin las preocupaciones propias del coche que en ocasiones parece un inhumano dependiente. Y es en esos colectivos medios de transporte donde comencé a sentirme desfasado una vez analizado el comportamiento del resto de los viajeros, mayoritariamente jóvenes, entregados sus dedos a un incesante kasachock sobre una diminuta superficie táctil, haciendo hábiles y rápidos regates a letras e iconos en veinte centímetros cuadrados de espacio. Al tiempo observaba sus rostros, que recogían todo un catálogo de expresiones: risas, sonrisas, júbilo, sorpresa, decepción y hasta alguna húmeda tristeza. La liturgia incluye diferentes sonidos y tonos. Ruidos de diseño compitiendo celosamente por captar la atención del destinatario. Se comunicaban, se informaban o escuchaban música, todo junto o por separado. El Whatsapp o el Line es su cordón umbilical con el mundo, eludiendo el coste de la mensajería “tradicional”.

A mi, la reciente historia del teléfono móvil – si se puede llamar historia a un periodo de 20 o 30 años – me desconcierta. Nokia lanzó en 1984 su Mobira Talkman, un maletófono con varias horas de autonomía que distinguía sobremanera a quien lo llevaba, por incómodo que resultara el pavoneo. Entonces salía el orgullo tecnológico por unas 500.000 pesetas de la época, medio millón, 3.000 euros en lenguaje actualizado. Pocos años más tarde la distinción consistía en que no se viera el móvil, el ejecutivo lo llevaba en el bolsillo destinado a exhibir el elegante pañuelo de pico, marcando distancia con el populacho que utilizaba – quien podía – el zapatófono Motorola. Ahora, de nuevo, no queda otra que mostrarlo, la pantalla crece hasta competir, casi, con el tamaño de las Tablet para dar mayor visibilidad a las estupendas aplicaciones, innumerables y en continua evolución.

Esconderé mi calva tecnológica bajo un Smartphone, pensé. Una vez germinada la inquietud del cambio empiezo el recorrido comparativo acerca del terminal que acabaré eligiendo. Cualquier proceso de compra lo dilato lo suficiente para convertir la búsqueda en un tránsito agradable, apacible, tanto como tener ya lo que se desea. A menudo la felicidad está más en el camino que en el mismo destino. Una vez alcanzado este, el interés mengua. Comparo marcas, características y sistemas operativos sabiendo de antemano que cualquier terminal va a superar con creces mis necesidades. Finalmente me decanto por un Nokia Lumia 900 blanco. Lo compro online en uno de los infinitos portales dedicados a la telefonía y da comienzo un cambio de estatus en mi humor, que emigra a la irritación. Se inicia con la empresa de mensajería. Veo una llamada perdida en mi antiguo móvil y pendiente como estaba de la entrega del nuevo Smartphone sospecho que puede tratarse de este asunto y la devuelvo a los pocos minutos. Nada, sin respuesta. Lo intento un par de horas más tarde con idéntico resultado. Al día siguiente persevero y realizo un par de llamadas distanciadas en el tiempo. Cero. Al otro, ídem. Dos ceros. A la semana de la compra llamo al proveedor y me confirma que el pedido salió al día siguiente de su confirmación, debería estar en manos del mensajero. Me facilita el nombre y llamo a la central en mi zona que me confirma que el reparto corre a cargo de una sucursal de Ferrol, lo intento y… ¡nada! Estaba inflamado cuando suena el móvil y, luchando contra la ira, les digo que a qué esperaban para hacer la entrega, y, con un par, me responde:

  • Es que tenemos una incidencia.
  • ¿Cuál?, pregunto.
  • Le hemos llamado y no respondió.
  • Coño, dije, pues entonces gano 7 – 1 porque ¿cómo le llamo a lo suyo?, puedo enseñarle el registro de llamadas que le he hecho, todas sin respuesta. ¿Es que me castigan por no haber atendido a la primera? ¡Vaya servicio!

 Total, que pretendía yo que me lo entregaran esa misma tarde – de un viernes – dándoles una oportunidad para que se redimieran. Me contesta que hasta el lunes no hacen “mi” ruta, con el mismo par de antes. Tuvimos un buen rifirrafe.

 Mientras no llegaba, tramité el cambio de operador porque vi una tarifa de datos – no tenía ninguna en mi viejo sistema – que me interesaba más. Me pasé al nuevo porque ofrecían una promoción de alta a mitad de precio los seis primeros meses y a partir de ahí a 9 euros mes, con 1 GB para datos y 0.33 € el minuto en voz, dándote el primero gratis. Al segundo mes del alta recibo un mensaje de la operadora: “su recibo tal ha sido devuelto, si no soluciona la incidencia antes de mañana a tal hora suspenderemos el servicio”. Contacto con ellos y me explican lo mismo. Me extrañó mucho, no es nada habitual. Hablo con el banco y me dicen que la operadora envió dos recibos por el mismo importe, me los anotan pero, al reparar en la incidencia, proceden en paralelo a realizarme un abono por la misma cantidad. La operadora, no sé cómo ni por qué, se queda con la copla de la devolución. Me hice con los comprobantes de la secuencia por si tenía que remitírsela y les llamo de nuevo. Les digo que vaya forma de comenzar una relación comercial que da paso a un intercambio de posturas. La operadora, algo molesta – cuando el error era suyo – me suelta: “Don Antonio, ¿es que le preocupan a usted los 7.34 €?” Tócate los nísperos. Salté, “Joder, parece que los más preocupados son ustedes, que están dispuestos a cortarme el servicio por esa misma cantidad”. Más disculpas, que fue un error de facturación, que hablaría con el departamento y bla blá. Continuaré con ellos, hasta el siguiente error. A veces un cambio de operador es peor que una mudanza, en el plano psíquico.

 Al recibir mi maravilloso Nokia Lumia 900 blanco de pantalla táctil Clear Black de cristal 4.3’ ´AMOLED´ entro en trance fetichista, como no podría ser de otra manera. Lo tratas como a un recién nacido. Lo desenvuelves todo con un mimo especial por lo que simboliza, el paso a una nueva era. Gilipollas que es uno. Lo configuras, descargas aplicaciones, instalas redes sociales, buscas los tonos para llamadas, mensajes. Enredas como un bobalicón. Whatsapp y Line, of course, faltaría plus, para no usarlo ya tendrás tiempo. Y lo dejas encima de la mesa, a tu alcance, después de haber pulido con esmero su pantalla táctil de cristal Clear Black de 4,3″ para que permanezca impoluta. Y lo miras cada medio minuto.

  • Firulit, firulit, firulit…
  • ¿Si?
  • Hola, Antonio, soy Marcos, ¿Qué tal?
  • Coño, Marcos, cuanto tiempo. Bueno, yo bien, estrenando Smartphone, ¿y tú?
  • Antonio, no te oigo bien, escucho un sonido raro, como un eco o algo así.
  • Joder, a ver si estás con poca cobertura…
  • Puede ser, estoy en una cafetería, si tal te llamo más tarde

 Más tarde todo seguía igual, por más que nos moviéramos ambos. Mosqueo mosqueo mosqueo. Me relajo porque al día siguiente partía para Valencia a visitar a unos familiares e iba a utilizar una de las aplicaciones de flamante Smartphone, el Nokia Maps, que se cargaba a otro “viejo” navegador comprado en 2006 en La Tienda en Casa, de El Corte Inglés. Un Navman S 50, empeñado en llevarme campo a través o por carreteras secundarias, no había forma de actualizarlo. Anda que no di rodeos. Eso sí, llegar llegaba, después de llevarme por donde le salía del forro y escuchar mi repertorio de improperios. En tres, cientos, metros gire a tomar por culo. La verdad es que, en esto, con el Nokia fue de coña.

 Ya en Valencia llamé a mi amigo Eugenio, que vive allí y habíamos quedado para conocernos personalmente, pues ya lo habíamos hecho virtualmente, a través de una red social, post 55. Los temores se confirman, comunicación deficiente. Dos veces. Cuando él me hablaba se escuchaba a sí mismo, en una especie de reverberación. Otra vez la duda, la liturgia de moverse, pero acabé concluyendo que el problema era de MI Nokia Kaka. Nuevo. Entro en foros y había unos cuantos hablando del problema. Que si conviene bajar una actualización, que si resetear – y perder todos los datos y configuración – que si la repera. No, decido ponerme en contacto con el servicio técnico después de constatar por medio del tiempo y las llamadas emitidas y recibidas que el problema estaba bien definido. Envío un correo y recibo una respuesta: “Gracias por enviarnos su reclamación a Nokia. Su referencia es tal número. Estamos investigando su incidencia para poder resolverla lo antes posible. Para conocer más detalle sobre dicha incidencia podríamos contactar con usted próximamente. Estamos trabajando para encontrar una solución justa y satisfactoria a su incidencia. Recuerde que puede encontrar respuestas a muchas de sus dudas en nuestra página web http://www.nokia.es/soporte”.

 Yo no tenía dudas, así que esperé. Seis días. Les remito de nuevo otro correo y otra respuesta automática con un nuevo número de referencia y el mismo texto. Respondo, entre otras cosas, que como no me den una solución inmediata les informo de que procederé a comentar esta actitud en las redes sociales y en mi blog. Responden a los cinco minutos: “Estimado Sr. Antonio, Acusamos recibo de su reclamación con Nº expediente tal y tal, a la que damos respuesta. Nos ponemos en contacto con usted para comunicarle que para que un terminal Nokia Lumia 900 pueda ser reparado o cambiado, es necesario que éste se encuentre en el Servicio Técnico para que tras una revisión por parte de los técnicos, se dictamine la avería, ya que siempre que un terminal se pueda reparar no se optará por el cambio. Solamente en caso de que no se pueda reparar es cuando se procede a la sustitución del equipo. Así pues, le rogaríamos que remitiera su equipo a un Servicio Técnico a fin de que su problema quede solucionado cuanto antes. Seguido esperar el llamado del Centro Técnico con la respuesta correspondiente. A continuación le facilitamos el enlace con el que podrá acceder a localizar el Punto Nokia más próximo a su domicilio: http://www.nokia.com/es-es/localizador-centros-nokia. Lamentando no poder dar una solución definitiva al problema que nos ha planteado”.

 Por cierto, el enlace no iba, se lo comuniqué y me facilitaron otro. Llevé el terminal a un servicio técnico autorizado, a 15 kilómetros de mi domicilio. No me facilitaron un móvil de sustitución. Esto fue el 30 de mayo de 2013. Hoy, viernes 5 de julio, seis semanas justas después, aun no sé nada. He llamado al ST y, conocedores de mi caso, dicen que han remitido un par de correos y les contestaron que esperaban tenerlo pronto. Cuando llegue será un anciano modelo, superado por varias evoluciones. Nokia es una compañía finlandesa. Finlandia es un país de referencia cuando se habla de progreso social, al que se recurre con frecuencia, últimamente para comparar el sistema de educación. Desconozco si esta compañía trata igual a los clientes del norte europeo que a los del sur, en todo caso, este comportamiento hacia sus clientes me parece penoso, impropio de una marca que pretende competir en un mercado tan agresivo como el de la telefonía. Los japoneses les dan varias vueltas, me he informado.

 Ahora me acuerdo de una maldición que me echó una gitana cuando me negué a que me leyera la palma de la mano: “pleitos tengas y los ganes”. He vuelto a recuperar mi viejo compañero de llamadas, con cariño. Los veteranos siempre están ahí, a pie de cañón, para echarnos una temblorosa pero cálida mano. Dejarlo a un lado me ha conllevado este tributo, pero cuando el nuevo llegue del hospital lo pondré a su lado, que aprenda a ser fiel. Y me compraré una tarjeta prepago y llamaré de vez en cuando, para los secretos importantes, filtrando mi voz entre sus canas, y que se retire cuando de verdad lo desee. Es lo que me ha enseñado esta experiencia.

 Convertido en un gruñón a causa del progreso, inicio mi cruzada empezando por este post y su inmediata difusión en Facebook, Twitter, Google +, LinkedIn y allá donde pueda dejar un lamento digital. Y tal.

Nokia-Lumia-900-10

6 comentarios en “Malditos clientes

  1. Bueno, pues para que te consueles de lo de xomaloga 😉 , el otro día alguien me contaba que dejó el móvil de su padre en una tienda de (no recuerdo la compañía, qué lástima) y cuando fue a preguntar por el aparato, le dijeron que allí no habían dejado ninguno. Como no tenían ningún papel que lo acreditara, por el momento se han quedado sin teléfono. Flipa.

    Muy ingeniosa la comparación del avance tecnológico con la tersura efímera de esas conquistas virtuales.

    :-))

    1. No debería valerme, pero mitiga frente a la apabullante excelencia de servicio iPhone de Xoma, aunque lo siento por el afectado. ¡Qué ruin soy!. De inmediato fui a comprobar “mis papeles”. Los tengo, lo que no tengo aun es el terminal, increible. Gracias por la loa.

  2. Por algo menos complejo envié mi flamante iPhone a APPLE y a los 10 días recibí uno nuevo, sin preguntas. Ah! Y lo recogieron en donde yo les indiqué sin cobrar un céntimo…

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