Fin de la puta cita

Dice mi madre cuando reflexiona sobre su edad: “Hijo, estoy en la edad de la conserva”. Argumenta que cada vez que la menciona, normalmente a petición de alguna curiosa y vieja conocida de la parroquia, escucha siempre la misma coletilla, ¡Mujer, qué bien te conservas!

Rajoy es un político en escabeche. Ese escabeche de lo previsible que mantiene inalterable a quien se sumerge en él, de conocer de antemano siempre lo que va a decir. Uno ya sabe a qué sabe el Rajoy en conserva, esa especie de anguila de los océanos políticos. Se sabe lo que va a decir, con ligeras variantes adaptadas al caso concreto que le (pre)ocupe. Y cuando uno maneja siempre el mismo discurso es muy difícil que se equivoque respecto a lo que había previsto, otra cosa es que no convenza a nadie – no es su propósito – excepto a los de su partido, que es, realmente, el fin último de sus trascendentes puestas en escena. Es abrumadoramente previsible, repite como el ajo o el pepino. Lo demás – ciudadanos, prensa nacional e internacional – se la refanfinfla.

Durante su intervención en el debate sobre el caso Bárcenas – el pasado 1 de agosto – el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, citó en varias ocasiones frases textuales de Alfredo Pérez Rubalcaba, su opositor más previsible. Las remataba incluyendo cuatro palabras entre paréntesis que, se supone, constituían un punto final a cada una (Fin de la cita) para diferenciarlas de otras muchas, posiblemente encadenadas, y que tenía previsto mencionar en el transcurso del debate para apabullar a la oposición. Mi teoría al respecto es que se equivocó en la primera cita al incluir en ella “fin de la cita”. Al darse cuenta del ridículo, y de que es un tonto en conserva, decidió incluir en todas las demás el mismo final, como si se tratase de una ocurrencia suya ingeniosa destinada a reforzar el contenido y el significado de cada una de las expropiadas frases que leía. Digo, porque no me imagino grado de subnormalidad tal como para no caer en la cuenta de que “fin de la cita” es una baliza lingüística que obliga a detener un convoy de palabras, perdón por el símil ferroviario. Independientemente de que le haya colado o no, en las redes y en los medios se desató el cachondeo, “como no podría ser de otra manera”, fin de la cita.

La cuestión es que el “fin de la cita” ha acaparado tal proyección que ha conseguido enmascarar las ocultaciones y las mentiras sobre el verdadero motivo de su comparecencia, su relación con Bárcenas a través de mensajes de apoyo una vez que ya sabía lo de las cuentas de aquel en Suiza. No sé si es una estrategia diseñada por el PP – aunque me parece demasiado inteligente – o un error aprovechado por el taimado de Rajoy, el caso es que se va de vacaciones parlamentarias sin haber esclarecido nada y dejándonos a todos entretenidos con el fin de la puta cita. Veamos, ¿cuántos de los actores que han forzado a Mariano a comparecer por el caso Bárcenas – por mucho que el presidente diga que lo hace de forma voluntaria – creía que iba a reconocer la verdad y consecuentemente a dimitir, o a adelantar las elecciones? Nadie. Todo este empeño vale, como mucho, para dejarlo, cada vez más, en una evidencia incómoda. Lo suficiente como para que no se plantee una reelección o como para dinamitar los apoyos internos que tenga y se desate en toda regla la guerra interna que vive el PP con sus dos bandos claramente diferenciados y antagónicos.

A ver, imaginemos que Rajoy ya sabe que su final político está cantado y es irreversible. Muerto políticamente. Le dan a elegir entre dos escenarios: reconocer su implicación en el caso Bárcenas y defenestrarse directamente, con todo lo que conlleva para su imagen y su persona – prestigio no la ha tenido nunca – o sucumbir a las presiones internas para que abandone su idea de continuar como líder del PP en los próximos comicios. Yo lo tengo claro, lo segundo, él queda como un fin de ciclo que se sacrifica y da paso a la savia nueva. Le buscan un asiento aquí o en Bruselas, al margen de los beneficios que le depare la “puerta giratoria”, y a vivir, que son muchos días.

Por lo tanto su último discurso es coherente – previsible – con las alternativas que tiene, amparado por la mayoría absoluta. No seamos hipócritas, cualquiera en su lugar no reconocería lo que a él se le pide que reconozca, porque lo enterrarían en el cementerio del olvido. Así que, asépticamente, prepara su discurso con antelación, al margen de cualquier futura interpelación, ignorándola de antemano, y sin tomar nota de las alusiones  en vivo. Para qué. Luego llega el turno de preguntas y no responde a ninguna porque ya traía las suyas preparadas, salvo que la hubiera previsto, que no es tan difícil de imaginar. Si da la casualidad que alguna coincide con las que había anticipado, estupendo. Si no, viento. El resumen del debate, que algún iluso esperaba que fuese esclarecedor, es: “Me equivoqué al mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no la merecía”. Claro que eso le ha pasado a él y al PP, por acción o por omisión, con cuatro ex tesoreros. ¡Treinta años equivocándose al mantener la confianza en alguien que, ahora sabemos, no lo merecía! Demasiados años amparando a delincuentes. Para mantener el tipo en estas plazas sobra la honradez, no hace falta inteligencia, solo una buena dosis de ruindad y una fosa séptica a la que vayan a parar los escrúpulos indigestos.

¡Ah, el pueblo; bromea cuando se muere de hambre y canta cuando le machacan! (fin de la cita)

3 comentarios en “Fin de la puta cita

  1. Exageráa, una gran pérdida no es. Estoy inmerso en otros ocios y la familia política está por aquí. Le añades un poco de indolencia (espero que temporal) y listo. Pero ya que te pones así, y por ser vos quien sois, la madrina, prometo hacer alguna incursión, aunque este mes lo tengo más complicado. Otro abrazo.

    1. Bueno, he de avisarte que ahora que han remodelado la página, tienen un problema con los comentarios, que unas veces puedes dejarlos y otros no, que no encuentran a qué se debe, y que frustra bastante. A ver si mientras te aligeras dan con ello.
      Disfruta de esos ocios y parentazgos, que si lo merecen, todo es poco.

  2. Pues sabes una cosa? No lo había visto, pero después del vídeo, estoy convencida de que la remarcación era consciente y buscada. Como una coletilla enfática. Esto me parece claro, y veo que se ha vuelto contra él, a quien por cierto no parecen muchos treinta años para conocer a sus adláteres.

    Un abrazo enorme, Tucho. Por cierto, he notado que ya no publicas en el lugar de nuestro venturoso encuentro. Una gran pérdida para el sitio.

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