Margallo y cierra España

Parece claro que la historia de los peñones – o peñazos – la tenemos que aprender a base de conflictos diplomáticos oportunistas. No hay generación que se haya librado de Gibraltar por esta vía. El resumen es siempre el mismo: el peñón pertenece a Reino Unido, lección que tenemos suficientemente asumida. Para nosotros quedan, los que estén sobrados de fervor, las estériles pataletas patrias, alimento de un odio inútil, si es que alguno resulta útil. Gibraltar no deja de ser una inagotable bolsa de tinta de calamar que se dosifica cuando conviene cegarnos la visión de otras pútridas causas nacionales. Casualmente esto suele ocurrir con gobiernos del PP.

La hemeroteca nos pone, en los últimos quince años, ante episodios más graves que los 70 bloques de hormigón, y que no han tenido reacciones tan drásticas como las del ministro Margallo ahora, de repente. En agosto de 2012, la incursión de patrulleras de la policía gibraltareña para impedir la pesca de barcos españoles se cerró con una mera nota verbal del ministro de Exteriores, que se quejó formalmente a Londres por la ruptura del acuerdo alcanzado con la flota gaditana para faenar en las aguas que rodean el Peñón y que España reconoce como propias, aunque en el Tratado de Utrecht no se hable ni de aguas ni de “aires”, que hace 300 años no se hilaba tan fino. A pesar de “la decepción” y el “malestar” del Gobierno español, el Ministerio de Exteriores precisó que seguiría “alentando la cooperación y el entendimiento” entre pescadores y autoridades gibraltareñas. En mayo de 2012, de nuevo el conflicto pesquero y el anuncio de la visita del príncipe Eduardo, hijo menor de la reina Isabel II, provocan otro conflicto monárquico. Entonces se cancela el viaje de la reina Sofía a Londres para asistir a los actos de celebración de los 60 años de Isabel II en el trono de Inglaterra, porque el Gobierno “no lo consideraba oportuno”. El mismo ministro felicitaba la “extraordinaria sensibilidad” de la Casa Real “para con todo problema que afecte a la nación española”. Listo.

Pero el incidente que provocó la más dura reacción social contra Gibraltar fue la llegada, el 12 de mayo de 2000, del submarino nuclear Tireless para la reparación de su reactor atómico en el puerto de esa colonia británica. Durante el año que permaneció atracado se sucedieron las manifestaciones como la que reunió a cerca de 60.000 personas en Algeciras. Entonces el presidente del Gobierno era José María Aznar, y su ministro de exteriores, Josep Piqué, justificó la presencia del submarino: “no había alternativa”. Aznar, en rueda de prensa con su homólogo británico, se permitió gastar bromas a pesar de la nula información sobre el peligro que representaba la nave para la zona. Mirando a Tony Blair, Aznar aseguró: “Ya te dije que tocaba inmersión”.

Y resulta que, gracias al mismo Gibraltar, descubrimos que al PP le preocupa, precisamente, el Medio Ambiente, ¡manda huevos! Se cargan la Ley de Costas y la política energética va contra natura. En un país como el nuestro, una potencia en energías renovables – sol, viento, mar – se abandonan estas y se destruyen decenas de miles de empleo y de inversiones en fotovoltaicas. Sensibilidad no sobra. Claro que toda esta tropa está convenientemente amamantada por las ubres de las eléctricas, eso está incluido en el pasaporte político. Enganchados a la corriente, como los chabolistas y los pobres, pero legal y “elegantemente”. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, y sus 13 consejeros, muchos de ellos ex-políticos, por auto asignarse un sueldo 30 veces mayor que sus homólogos en Japón y 5 veces más alto que en Alemania. O el propio Cañete, sin ir más lejos, es accionista de una petrolera, siendo, a la vez, ministro de medio ambiente.

La isla de Perejil es un islote deshabitado situado en el estrecho de Gibraltar, a 200 metros de la costa continental de África y a 8 km al noroeste de Ceuta. Puede dar cobijo a pequeñas embarcaciones y ha sido utilizado por pescadores que buscaban protección ante el mal tiempo y por piratas y contrabandistas que se resguardaban de las iras de los habitantes cercanos. Su superficie es de 0,15 km2, cuenta con una cueva de suficiente tamaño para albergar en su interior a unas 200 personas y dos caletas: Caleta de Rey y Caleta de la Reina, todo está previsto.

En 2002, el rey de Marruecos, Mohamed VI, que llevaba tres años en el poder, era blanco de las críticas sobre su escasa implicación en la política nacional. Se decía que retrasó su incorporación a las tareas de gobierno para continuar esquiando en los Alpes. Para acallar el malestar recurrió a las viejas reivindicaciones nacionalistas que todos los estados suelen tener con sus países vecinos y que tan rentables políticamente resultan. Así que si Ceuta y Melilla por aquí, que si cancelación de acuerdos pesqueros por allá, le llevan a exteriorizar el malestar ocupando el pedrusco en cuestión. Nueve días de julio duró la historia, del 11 al 20 de ese año. Allí se fue una dotación de la Marina Real de Marruecos, once gendarmes con un suboficial al mando que argumentaron una operación antidroga para llevar a cabo la ocupación, eso sí, “aprovecharon” para clavar dos banderas de Marruecos. Inmediatamente llega la Guardia Civil en una zodiac y son recibidos con un “marchaos de aquí, esto no es tierra española” y unos AK-47, que ayudaban a enfatizar el mensaje. Los agentes españoles solo llevaban pistolas reglamentarias, por lo que optan por una provisional y prudente retirada.

Se inicia la escalada verbal. España protesta y la UE presiona a Marruecos contundentemente para que “retire inmediatamente sus tropas”, esos doce hombres. La OTAN califica la ocupación de “gesto inamistoso”. Marruecos sustituye a los ocupantes iniciales por un destacamento de Infantería de Marina. El ministro Federico Trillo, en rueda de prensa, cuenta que puesto al día Aznar en un Consejo de Ministros, éste salió al balcón para reflexionar y cuando vuelve a entrar dice: “Ya no se puede hacer nada más. Que Dios les ayude, que tengan mucha suerte y que vuelvan con el triunfo”. Nada más son cazas F-18 y Mirage F-1 para controlar el cielo de Perejil, armados con misiles aire-aire. Helicópteros del escuadrón 803 con ametralladoras para cubrir la Operación. Más helicópteros Cougar que salen de Alicante con miembros del Equipo 31 del Grupo de Operaciones Especiales, GOE. Buques de asalto y fragatas de la Armada dando cobertura y protección. Altavoces con mensajes en árabe y en francés para comerle la moral a los infantes de la marina marroquí. Suma y sigue de otras unidades logísticas y de Control de Apoyos de Fuego. La marimorena.

El día 17, a las 06:17, cuando el mando español consideraba que los centinelas estarían dormidos o cansados de hacer guardia, desembarcan “nuestros” hombres; saltan a tierra desde las aeronaves, encañonan al primer grupo de infantes marroquíes y los reducen sin encontrar resistencia. Un viento de costado de 37 nudos zarandea uno de los helicópteros y un aspa choca contra el suelo aunque se evita el desastre gracias a la pericia del piloto, que logra enderezar el aparato. No obstante el fuerte viento desequilibra a uno de los asaltantes, que se golpea la rodilla al saltar, aunque seguirá avanti, siendo, a la postre, el único herido en esta contienda. A las 6:20 los comandos ponen pie en el islote. En menos de un cuarto de hora la posición está tomada, consolidada y los marroquíes desarmados. A la mañana siguiente llegan nuevos helicópteros, uno de ellos con una bandera española. Un soldado sube a la parte más alta de la isla y la clava en tierra, escena que fue captada desde Marruecos por un paciente fotógrafo británico que llevaba varios días esperando, con su equipo de teleobjetivos. Los soldados marroquíes son llevados a Ceuta y entregados a la Guardia Civil, que siguió las órdenes de tratarlos como inmigrantes ilegales. Los miembros del GOE son relevados por soldados de la Legión Española, que levantan un puesto de telecomunicaciones con piedras del propio islote, que también cumple la misión de impedir nuevos desembarcos. El ministro Trillo explicó toda la operación recurriendo a su prosa: «al alba y con fuerte viento de levante»…

Unos días después, se firma un acuerdo entre España y Marruecos, por el que se decide volver al statu quo anterior. Las tropas españolas abandonan el islote, que queda deshabitado como siempre estuvo. De valor militar cero y económico nulo, es más barato que el salario mensual que cobra el piloto del helicóptero más cutre. Pero entramos al trapo de la provocación, con la sangre batiendo nuestras sienes y con toneladas de honor rancio deseando abrirse paso entre las rocas con abnegado coraje.

perejil

Si para algo nos valió Perejil fue como test sobre el peso de nuestra España en el contexto internacional: EEUU prefirió mantenerse al margen – aunque le dio un toque a Mojamé y éste retiró sus dos banderas –, Francia volvió a ponerse del lado de Marruecos y el resto de la Unión Europea dudó en un primer momento, hasta que la entonces presidencia danesa se alineó enérgicamente con la postura española. En general, falta de apoyos internacionales, especialmente de los principales socios de la OTAN. A partir de ahí, con esta intensa experiencia, España decidió armarse hasta los dientes, construyendo incluso el buque más grande que ha tenido nunca la Armada Española, el bautizado como Juan Carlos I, construido en IZAR – la Navantia de hoy, huérfana de pedidos y de apoyos –, destinado al transporte de tropas.

Si le hubiesen dejado esta “guerra” a Gila habríamos ganado todos.

Referencias: ZoomNews/Actualidad/España

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4 comentarios en “Margallo y cierra España

  1. Bienvenido al plató… parecía que me faltaba algo… je je.
    Si, más Gila y menos políticos sin vergüenza es la utopía.
    Decía un amigo hoy de lo de las olimpiadas que habría que llamarlo Juegos Oníricos… pues eso. Oníricos sueños de utopía, por el momento.

    1. A ver que tal el regreso, que ando cojo de ánimos y asqueado de lo de siempre, de nuestros olímpicos políticos que arrasan con el medallero en la modalidad “Fanfarroning”. Mi próximo post va sobre el inglés de Botella y el chasco olímpico, precisamente.

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