Alemania exporta jubilados

Los alemanes están empezando a invadir Polonia, de nuevo, solo que en esta ocasión el “ejército” alemán está compuesto por personas de la tercera edad, ancianos, muchos de ellos enfermos, pero que, forzosa y anímicamente, van en son de paz, aunque muchos lo hagan de mala leche. Más concretamente en busca del “descanse en paz” que la mayoría de los mortales se merece.

Los asilos en Alemania están prohibitivos, unos 3400 € al mes. En Polonia por 1200 arreglan y tienen incluso mejores servicios y mejor trato que en el país que los vio nacer, crecer, trabajar y envejecer. Llegado este último estadio, no los quiere ver morir. Y Polonia – invadida por Hitler en 1939 – ya no entiende de absurdos rencores, solo de negocios, que es de lo único que hay que entender hoy en día si se quiere ser una sociedad respetada. Negocios de cualquier cosa, pero negocios. Ahora, en un plato de la balanza se coloca al ser humano y en el otro money money. Como el primero tenga la desgracia de pesar más lo tiene crudo. De momento hay que acomodarse a esta realidad, es difícil luchar contra ella mientras no cambie el paradigma.

Cada vez son más los enfermos y jubilados alemanes que buscan, o le buscan sus familiares, el destino polaco y otros más lejanos para obtener cuidados a largo plazo en centros “ad hoc”. Porque en su Alemania natal resulta un lujo que no pueden afrontar. La falta de personal, y en consecuencia el deterioro de la atención, los ha llevado a un punto crítico. Cada paciente recibe sólo 53 minutos de atención diaria, incluyendo la alimentación. A menudo hay entre 40 y 60 residentes atendidos por un solo cuidador. “Había una mujer a la que apenas le habían dado de comer ni de beber, y en Eslovaquia tuvieron que enseñarle a tragar otra vez”, dijo un localizador de residencias para alemanes en ese país. Dejan sus confortables hogares, a su familia, para convertirse en los nuevos deportados, esta vez ellos, de forma poco humana, hacia países del este europeo. Las críticas de las organizaciones sociales no han valido de nada. Esto no ha hecho más que empezar, los entendidos ya hablan de una “bomba de tiempo”.

La población alemana experimenta un rápido envejecimiento, está en el grupo de cabeza planetario en esta categoría. Este “éxodo” es visto con preocupación por otros países occidentales, como Gran Bretaña, que teme que las medidas de austeridad y el aumento de los costos de atención puedan destruir los estándares de atención residencial. Un miembro de la Deutschland Sozialverband (SoVD) – Asociación Social de Alemania, un grupo de presión socio-política, que aboga por la mejora de los derechos sociales – dice que un número creciente de alemanes son incapaces de pagar una residencia en su propio país, lo que constituye una “señal de alarma” que debe hacer intervenir a los políticos. “No podemos permitir que esas personas que construyeron Alemania hasta ser lo que es, sean deportadas”, dice el presidente de esa sociedad. Pero los políticos alemanes rehúyen tratar el tema por temor al votante, que ve cómo las aseguradoras pueden acabar por llevarse el negocio al extranjero en detrimento de la industria del cuidado residencial interno.

Se estima que en 2011 había 7.146 alemanes jubilados en residencias de mayores en Hungría. Que más de 3.000 personas habían sido enviadas a alojamientos similares u hogares en la República Checa. Más de 600 en Eslovaquia. También hay un número desconocido en España, Grecia y Ucrania. Tailandia y Filipinas están, asimismo, atrayendo a un número cada vez mayor. Muchos dicen que están en esos destinos por propia voluntad, porque los costes son más bajos – entre un tercio y dos tercios del precio en Alemania – y por lo que ellos perciben como mejores niveles de atención. Pero otros se destierran de muy mala gana.

Una gran variedad de profesionales de la salud están en proceso de abrir casas en el extranjero dedicadas al cuidado de ancianos alemanes, en lo que apunta a convertirse en un mercado creciente, altamente rentable. Según la Oficina Federal Alemana de Estadísticas, actualmente más de 400.000 mayores no pueden permitirse una residencia en su país, cifra que está creciendo en torno al 5% anual. El coste de atención domiciliaria – entre 2.900 y 3.400 € mes – y el estancamiento de las pensiones son dos poderosas razones. Y aquí entran en acción esas aseguradoras del sistema estatal alemán, que ya hablan abiertamente de cómo hacer que la atención residencial en el extranjero resulte un modelo financiero viable. De momento, la legislación de la UE les impide que puedan firmar contratos directamente con residencias en el extranjero, legislación que probablemente cambiará ante la necesidad de encontrar fórmulas que respondan al envejecimiento de la población europea. Pero esta limitación no ha impedido que los jubilados o sus familias opten por casas extranjeras si sus pensiones pueden cubrir los costes. Sin embargo existe preocupación sobre el colectivo con demencia, ante el temor de que estén siendo enviados al extranjero haciéndoles creer que no notarán la diferencia, y el entorno y el lenguaje son de suma importancia para las personas con esa enfermedad, en busca de aferrarse a su identidad, según Sabine Jansen, director de la Sociedad de Alzheimer Alemania. De aquí a 2050, uno de cada 15 alemanes – alrededor de 4,7 millones – se espera que estén en esta coyuntura. Un diputado conservador alemán, especialista en la materia, comenta que será necesario tener cada vez más en cuenta la atención en el extranjero.

Jubilados alemanes

(Jubilados alemanes en Berlín. Fotografía: Sean Gallup / Getty Images)

En España, el panorama residencial privado es grave. Reducciones de plantilla, impagos a los trabajadores, bajas de usuarios. Asfixia financiera. Una espiral preocupante para la vulnerable vejez. Muchos centros de mayores, privados, empiezan a echar la cancela acosados por las deudas, poniendo en peligro la mismísima viabilidad a largo plazo del modelo asistencial y servicios especializados. En 2011, la tarifa media se situó en 1.724 euros al mes, casi un 3% menos que el año anterior, bajando por primera vez, cuando, según los expertos, deberían estar subiendo, lo que refleja que la crisis también les alcanza de lleno. La bajada de precios no detiene, por ahora, esta tendencia. El paro, la caída del poder adquisitivo y la pertinaz insolvencia de las familias están vaciando las residencias de ancianos. Los ingresos de las residencias caen y sus gastos no hacen más que subir. “En los últimos 20 años se ha doblado el ratio de personal por paciente. Hoy la media es de un profesional cada dos usuarios; enfermeras, trabajadores sociales, fisioterapeutas…”. Impresionante, si lo comparamos con los datos anteriormente facilitados de atención al residente alemán.

Un 98,4% de los centros españoles disponen de plazas libres. En 2009 esta cifra era de un 76%. “Para alcanzar el equilibrio en su cuenta de resultados, las residencias deben tener cubiertas el 90% de sus plazas. Hoy la ocupación de muchas no sobrepasa el 70%”, dice Josep de Martí, director de inforesidencias.com. Las familias esperan cada vez más para internar a sus abuelos, hasta que el deterioro cognitivo es evidente y requieren una mayor atención y especialización, lo que se traduce en una menor estancia en la residencia. “Una media de dos años”, precisa Josep, cuando “Hace tiempo era de hasta cuatro años”. Más preocupante que las bajas voluntarias es que “las plazas que se quedan vacías no se ocupan”. España cuenta con 1.456 centros públicos y casi 4.000 privados. De las 344.300 plazas residenciales que hay en España, más del 70% lo son en centros privados, porcentaje que en algunos casos –Barcelona, Málaga o Cantabria– supera el 80%.

Olvidémonos de olimpiadas de chichinabo y de casinos mafiosos con logística de putiferio. Si el argumento oficial para estas obsesiones de algunos políticos locales es la creación de puestos de trabajo, aquí tenemos una oportunidad real, única y con proyección nacional, redistributiva, no solamente para una comunidad concreta. Fomentemos esta industria que generará, además, otros muchos puestos coyunturales. La clase médica, enfermera y cuidadora no tendrá que emigrar. Nuestras residencias recuperarán la demanda, que les está cayendo en picado porque la gente retira a los mayores de esos centros para poder vivir varios miembros de la familia con la pensión del abuelo. Empresarios de la restauración y el cátering podrían tener una oportunidad. Peluqueras y profesionales de la imagen corporal. Agencias de viajes con servicios añadidos de excursiones locales, por ejemplo. Lo que se les ocurra. Y, por supuesto, buscar hogares y centros para cuidar a los desamparados teutones, como ya hemos visto que hacen en otros países.

Nosotros podemos hacerlo muy bien, competir en condiciones con la oferta foránea, por nuestro clima, nuestra gastronomía y por la preparación de trabajadores auxiliares; se han impartido innumerables cursos ocupacionales de atención domiciliaria a mayores y dependientes que no se pueden tirar por la borda, para algo nos tienen que valer. Hasta se me pasa por la cabeza pillarme un par de viejetes salaos y hacerles su final agradable, a cambio de una cómoda cuota, no les iba a faltar de nada, aquí hay miles de “freelances” deseando hacer rehabilitaciones, masajes, entretenimiento y lo que se tercie. Ya me encargaría yo de crearme una red de servicios profesionales locales para activar la microeconomía. Pero supongo que habría que estar atentos a los requisitos y recomendaciones de las aseguradoras alemanas, aunque imagino que muchos jubilados alemanes irían por libre para escoger lo que les resultase más interesante. Ahora que la ley de dependencia ha quedado sin presupuesto y ya no subvenciona el cuidado del anciano en casa por un familiar, de forma no profesional, una alternativa para paliar esta situación es recurrir a un par de ancianos alemanes, que permita financiar el cuidado de nuestro “propio” anciano. Así que a hacerse una paginita web, moverla, posicionarla en el mercado alemán y suerte.

Qué chocante resulta este “lifting generacional”, España exporta jóvenes mega preparados a Alemania para hacer de chapistas de su economía y, por el contrario, los germanos se desprenden insensiblemente de sus mayores, esos a los que le han exigido tanto esfuerzo y sacrificio para reconstruir el país. Parece como si quisieran tersarle la piel al país para ofrecer una imagen más acorde con los cánones actuales. Si eso hacen con los sus viejos paisanos no quiero ni imaginar lo que nos espera a nosotros, a los países del sur, no querrán que nuestros ancianos vivan mejor que los suyos. Con el sucedáneo de pensión que nos va a quedar ya me veo “exportándome” a Bostwana, o a cualquier país de esa África hambrienta, a compartir “chozas residenciales” a cambio de mi exigua retribución. Con un poco de suerte podría acabar en Marruecos, que me pilla al lado, como quien dice, eso sería un lujo.

Los viejos ya no se llevan, no valen ni para decorar esas obras con “voyeurs” de la tercera edad que otrora generaban tanto magnetismo y entretenimiento, imagen típica hispánica. Es que no hay ni una obra decente, solo parches de alquitrán, o quizás algún primo lejano del absurdo Plan E de Zapatero. Y la vista tampoco les alcanza para descubrir un brote verde. Pero este “bienvenido, señor o señora alemana” exigirá aprender cuatro cositas en su idioma si queremos destacarnos de la competencia, presumiblemente feroz cuando entendamos el negocio. Hasta para andar por casa vamos a tener que chapurrear lo imprescindible de deutsch, pa preguntar si prefieren unos callos o un cocidito light, o un chupito para los valientes y aventureros, a modo, hay que cuidar la inversión. Si están para debates trascendentales se puede profundizar, ya con su ayuda, en el conocimiento de la lengua. Nada de política hasta que no tengamos pistas ideológicas, si no queremos espantarlos. Y mucho humor, que esta gente tan seria tiene que ir pal otro barrio con una sonrisa en el rostro. Mejor publicidad, imposible.

Referencias:

http://www.theguardian.com/world/2012/dec/26/german-elderly-foreign-care-homes

http://www.elconfidencial.com/sociedad/2012/05/27/la-asfixia-financiera-de-las-residencias-de-ancianos-98242

3 comentarios en “Alemania exporta jubilados

  1. Está claro que hay que vivir el presente, con el corazón caliente, porque vivir el futuro con una mente fría puede ser una pesadilla. Ya hace tiempo que podemos decir que cualquier tiempo pasado (reciente) ha sido mejor, y posiblemente nosotros ya no conoceremos un futuro que lo supere. Cuando nos quitemos la manta del engaño sistemático al que estamos siendo sometidos será demasiado tarde para reaccionar pacíficamente. Pero mientras la gente se mate por el futbol y los chismorreos estaremos siguiendo el guión establecido por las élites financieras. La prueba de que todo es una pantomima es la elección de Rato como asesor por parte del Santander, tiene los contactos que interesa, de la gente que es como ellos. Solo nos vamos a tener los unos a los otros. Gracias, Mariaje.

    1. Si… lo de Rato me dejó patidifusa. No me lo esperaba, la verdad. Creo que el Santander perderá unos cuántos clientes por esto, aunque no creo que les importe mucho, porque serán de los pequeños ahorradores. Aunque a costa de los pequeños ahorradores se enriquecen, por otra parte. Y ya hemos visto de qué maneras hace un Rato.

  2. Ideas no te faltan. La verdad es que se me ponen los pelos de punta. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Siempre nos quedará África? Es tan injusto todo esto. Y esa frialdad de los próceres alemanes que se propaga… brrrr. Voy por el abrigo, que viene mucho, mucho frío. Espero conservar el corazón caliente. O a lo peor es mejor que se me congele antes. No sé.
    Me ha gustado tu artículo, estupenda reflexión.

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