Vergogna

Ya no nos asusta la tragedia. Ya no nos asustan los muertos, sino las cifras. “Han aparecido 43 cadáveres más”. “Las víctimas del naufragio de Lampedusa podrían superar las 300”. En nuestra retina quedará, si acaso, que este drama supera a tal otro. Por lo menos podríamos mantener las imágenes ahí para contrarrestar el pretendido efecto de las palabras y promesas que nos “regalarán” en la próxima campaña a las europeas, esa en la que elegimos un montón de oídos sordos y corazones inservibles. La alcaldesa de Lampedusa lo sabe bien, que se ha cansado de solicitar ayuda y a cambio recibe silencio.

Las autoridades europeas e italianas están sordas, o no quieren escuchar. Italia ha procesado a pescadores y armadores que han salvado vidas humanas. Por complicidad con la inmigración clandestina. Ahora tienen que elegir entre salvar unas negras vidas anónimas o salvar su barco, sus puestos de trabajo, el sustento familiar. A eso le llaman legislar. ¿Tú qué harías? Soy incapaz de juzgar la conducta de aquellos que, dicen, han denegado el socorro, los quieren hacer responsables. Tiene que ser terrible ver cómo ante tus ojos se hunden otros que te imploran ayuda desesperadamente; las secuelas sicológicas no te las va a reparar ninguna ley. Todo para que las autoridades, auténticos culpables, no sufran la condena social.

Sin embargo, contra el tráfico criminal de seres humanos y la vista gorda practicada por los gobiernos de los países de los que proceden no se hace nada. Obviamente, menos se hace para erradicar o paliar en esos países las condiciones que llevan a sus ciudadanos a morir, si se quedan. A morir, si se van. Si consiguiéramos llorar por esta gente podríamos aprovechar las lágrimas para llorar por nosotros. Porque, como siempre en las tragedias, todos somos culpables de algo. Si tiramos del hilo de cualquiera de estas vidas “hundidas” quizás aparezca al final del ovillo alguno de nuestros actos y no actos – omisiones – y acciones y omisiones de los gobiernos que hemos elegido para solucionar esos desajustes. Decisiones socioeconómicas que generan dramas como estos. Poco a poco los metemos a empujones en su última patera.

Lampedusa avergüenza a  Europa. Y al mundo. Lampedusa y las otras orillas mediterráneas de la muerte y el olvido. Porque Europa viaja en la patera de la indiferencia esquivando los embates de la conciencia. Un día de luto nacional. Arreglado. Los inmigrantes ahogados son como las medusas que invaden nuestras playas año tras año. Pero tememos más a las medusas. Al papa Francisco se le viene a la cabeza la palabra vergüenza. No es mala palabra, Padre. Da igual que los inmigrantes escapen de las garras del hambre o del infierno de la guerra, la tortura o la persecución. En realidad, la patera es otra forma más de morir, en lugar de permanecer inmóvil, solo que los ocupantes no lo saben o no lo quieren saber. Esa ignorancia se llama Esperanza. A menudo, sobrevivir – con suerte – no es más que un macabro pasaje de retorno a la pesadilla de la que pretenden despertar. Porque Italia multará a los sobrevivientes con 5000 € y los repatriará. Para volver a ser carne de las mafias. “Lejos  de la vista, lejos del corazón”, solía decir mi madre. Con eso nos conformamos, con que se hagan invisibles a nuestros ojos para poder preservar nuestra conciencia. Para no gastarla innecesariamente.

Las ONG denuncian que son las políticas europeas migratorias las que acaban forzando a los inmigrantes africanos a caer en manos de las mafias. Hace tiempo que los gobiernos han aprendido – cada vez más – a delegar sus obligaciones sociales en las ONG´s y dedicarse a otros asuntos, les viene estupendo. A cambio deberían prestar oídos. Pero ni eso. Podríamos hablar también de una denegación de auxilio.

La Humanidad ha dejado de serlo, aunque sus individuos se ufanen en socorrer negros hambrientos y sedientos que han conseguido alcanzar alguna orilla. Hemos robado, saqueado y expoliado su continente, sus recursos naturales. Muchos países “civilizados” han crecido con la mano de obra de esclavos arrancados de sus aldeas. Ningún proceso de desarrollo ha tenido en cuenta a África. A cambio les concedemos el título de “ilegales”.

Vergüenza
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8 comentarios en “Vergogna

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  3. Lampedusa es noticia porque de golpe, en un solo naufragio murieron 300 personas, y porque las instituciones nos ofrecen un espectáculo lamentable siempre que tienen oportunidad. ¿Cómo calificar el que mientras Enrico Letta, primer ministro de Italia, anunciara la nacionalidad italiana a todos los muertos, la fiscalía de Sicilia acusara a los rescatados de un delito de inmigración clandestina?
    Vergüenza, rabia, incomprensión…

    1. Pues lo calificaría de cinismo cruel. Cuando las cifras superan la propia tragedia siempre sale algún político con una frase conmovedora y solidaria que hace de transición hasta el olvido de la noticia, atenuando, de este modo, el clamor social. Van 8000 muertos en dos décadas frente a esas costas, pero como son “goteos” no trascienden. Acabarán legislando para que en una patera no puedan montar más de 20, que si se ahogan no es noticia, y si lo es, no tiene la categoría de tragedia que mueve u obliga al político de turno a preparar la oportuna frase.

  4. Nacho

    A veces me dejas “noqueado” con tus artículos. Quizás es porque realmente sentimos también vergüenza – cuando nos lo ponen así, delante de los ojos – de lo poco que hacemos para intentar contribuir (ya no digo remediar) a , al menos, minimizar estas situaciones. Pero es que tampoco sabe uno a veces que más hacer; aunque siempre se puede hacer algo más, es cierto. Tratamos en la medida de lo posible de influir en nuestro entorno poniendo en conocimiento de muchos, evidencias y realidades minoritarias de las que nos enteramos en la Red, de ayudar colaborando con ONG’s, de apoyar situaciones individuales a través de plataformas (Change.org,Avaz, etc); pero parece ser que aunque cada vez somos más, somos muy minoritarios. Estos días estoy viendo de nuevo algunas películas que veía hace 40 años (Z, Estado de sitio, etc), y “se le caen a uno los palos del sombrajo”, al ver que prácticamente nada ha cambiado – durante algún tiempo, sólo las formas, pero ya, últimamente, ni eso – el final de ellas, es casi el principio de lo que volvemos a ver y a vivir de nuevo. Es cierto, que para no caer en el desánimo y seguir haciendo lo poco que hacemos, pensamos en nuestros hijos y nietos, y nos decimos que, al menos, les podamos decir : no pudimos conseguir nada, pero al menos lo intentamos. Es lo único que hace que no se nos caiga la cara de vergüenza delante de ellos. Un abrazo

    1. Si no hace falta que hagamos tantas cosas, eso es justamente lo que pretenden los desgobiernos, tenernos ocupados con asuntos que son de su competencia y que ellos van soltando para que demos salida a nuestra sensibilidad, que la suya está con otros temas. Solo hay que hacer una cosa bien: elegir correctamente a nuestros representantes, construir un nuevo orden mundial en el que no haga falta tanta atomización solidaria, sino un gran frente, el formado por nuestros elegidos para llevar a cabo lo que hacemos y queremos individualmente. Pero esta es una meta de una generación. Al final perseguimos utopías.

  5. Verdad también la tuya. Está claro que si no fueran corruptos no estaríamos hablando de esta tragedia humana. Por eso los inmigrantes tienen un doble castigo: el de los gobiernos de los paises en los que pretender recalar y el de sus propios gobernantes. Otro abrazo.

  6. Verdad es cuanto dices. Más no coviene olvidar que los gobiernos en África también son corruptos, y han contribuido a la desgracia de sus ciudadanos tanto como el primer mundo, me parece. Tal vez la mía es una forma simplista de verlo. Un abrazo.

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