Prohibido ser pobre

Nos empeñamos – o “nos” empeñan – en asociar la pobreza a la ausencia total de recursos económicos cuando la auténtica pobreza es la insolidaridad, la insensibilidad, la pérdida de valores, la ceguera institucional. El culto al becerro de oro. “Era tan pobre que no tenía más que dinero”, dice Joaquín Sabina de Cristina Onassis, en su tema “Pobre Cristina”.

Allá por la década cincuenta del pasado siglo, una campaña ideada por el régimen franquista tenía como lema “siente un pobre a su mesa”, con la que se pretendía promover, “en fechas tan señaladas como las navideñas”, un sentimiento de caridad cristiana hacia los más necesitados. Mi padre, por los sesenta, la ponía en práctica, no sé si era una inercia de la campaña original o un rasgo de su ADN. Tenía sus variantes, no lo hacía en navidad, sino en cualquier época del año. Nosotros – ya éramos una pequeña legión de criaturas – teníamos “nuestro pobre”. En mi retina infantil quedó como un hombre mayor, calvo, algo obeso, desharrapado, con una pierna de madera – Guerra Civil – y muy bueno, tierno. “Cualquier época del año” era cuando aparecía este hombre. Portaba una lata desvaída, con sus bordes ya romos, incapaces de producir cortes. Era su “vajilla”. Llamaba al timbre, saludaba con educación una vez abierta la puerta y extendía el cuenco. Normalmente, la gente, los vecinos, lo llenaban con comida que en esos momentos estuviera cocinando, le entregaban el “puchero” y en la escalera saciaba su apetito. Mi padre lo mandaba entrar, que se lavara las manos y lo sentaba a la mesa, con todos. En esas ocasiones él hablaba con nosotros, y le tomé cariño. De los recuerdos que me quedan, este es uno de los que más valor tienen.

Era una España convaleciente, pero en plena recuperación, ilusionada, había trabajo para todos, muchísimos de ellos sin estudios. Hoy hay tres millones de personas en España que “viven” con menos de 307 € al mes, y dos de cada cinco españoles serán pobres en 2025 si no se frenan los recortes, ¡20 millones de pobres! Entre ellos ya no habrá analfabetos, sino muchos científicos, arquitectos, ingenieros, y un sinfín de profesionales cualificados. Ya no hace falta que sentemos un pobre a la mesa, con mucha probabilidad ya tenemos alguno, o varios, en la nuestra, en la de algún familiar, amigo o conocido. La pobreza está institucionalizada. Y el camino hacia la delincuencia pasa muchas veces por el hambre, la elección no parece dudosa.

Ya empiezan a ser muchas las localidades que se amparan en un bando municipal para hacer desaparecer a los pedigüeños. Sus regentes sí que son unos “perroflautas” que hacen una macabra prestidigitación sin detentar más título que el de miserable. La localidad de Benidorm, por ejemplo, ha aprobado una ordenanza que permitirá multar – con hasta 750 € – a los sin techo que pidan dinero en la calle. Como en Hungría. El concejal de Seguridad, José Marcet, del PSOE, se atraganta con sus contradicciones, él, que implanta la norma. Aplica el principio “lejos de la vista, lejos del corazón”. Si, quita a los pobres de la vista, facilitándoles un billete de tren o autobús para que puedan desplazarse al albergue de Alicante o a la localidad en la que esté “empadronado” el pobre. Dice que es para combatir a las mafias de los pobres. Coño, que las identifique y las encarcele. Dice hablar por boca de los ciudadanos, para encubrir sus propios pensamientos. Es un presunto cobarde que no dice la verdad, y no es otra que le molesta que en su ciudad haya pobres “a la vista” que desluzcan su gestión y ofrezcan una mala imagen, la que nos corresponde. Presunto cobarde por no acometer las medidas que en otras poblaciones se acometen. Es un insolidario porque traslada el problema, cambia el escenario, lo que a él no le gusta se lo envía a otro. Un mal colega. “No es lo mismo El PSOE que el PP”, dice Rubalcaba, y a la menor oportunidad surge algo que lo desacredita. Para mi, “lo mismo y parecido” son primos hermanos.

Hace unos días leí en un foro la declaración de una persona a la que multaron por “realizar espectáculo de malabarismos sin autorización”, no tenía amplificadores, no hacía ruido. Este hombre escribió en un foro para dar las gracias a todas las personas que se acercaron a expresarle su solidaridad; a la anciana que le abrazó y al hombre que, presenciado el show, se allegó cuando la policía escribía la multa, “diciendo bien alto y en muy buen castellano”, que era Suizo, y que en Suiza había una democracia, que en una democracia jamás se imaginaría a la policía haciendo algo así. “Nosotros os pagamos”, exclamó varias veces ante la policía, “la cultura deben protegerla, no sancionarla”. Luego, delante de ellos, le dio 100 euros y le dijo: “ven a Suiza, allí lo que haces será muy bien venido”. Se lo está pensando (que es lo que quieren, precisamente, los autores de los bandos municipales)

“No necesitamos un plan contra la pobreza, sino un plan contra los ricos”

2 comentarios en “Prohibido ser pobre

  1. Exageraaá, más tengo yo, sospecho, pero siempre he sido muy espartano, muy “sostenible” con lo mío y lo ajeno, así que espero no sufrir ningún trauma si me alcanza. La economía ha pasado a ser la ciencia que gestiona la escasez.

  2. Recuerdo que un hombre como ese que dices se pasaba por el bar de mis tíos. Yo era pequeña… y como mis tíos tenían la casa contigua al bar, yo andaba a menudo por allí, jugando con mi prima. Preguntaba que si podían darle algo de comer. Mi tía le ponía un plato de sopa caliente y un trozo de pan. No sé si algo de vino. Es una de las imágenen que sobreviven de mi infancia. Me voy a hartar de verlas, si es que no las protagonizo, porque tengo muchas papeletas.

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