Los Reyes Magos existen

Durante años me cagué en todo el árbol genealógico del primer cabrito – ahora ya será un viejo cabrón – que me dijo que los reyes magos eran los papás de cada cual. Hasta la copa de ese árbol subí para culminar mis propósitos. No creo haber recibido una coz mayor en mi vida. Qué ciclo tan perverso e inevitable. Un mocoso es informado de que los Reyes Magos no existen y lo primero que hace, una vez recompuesto, es poner en práctica su venganza, colocarla delante de un ventilador, una de las venganzas más perfectas de todas las que puedan quedarle por delante.

Lo imagino salir corriendo a repartir tan triste primicia. Borra su imagen de bendito ignorante y emerge la del repelente sabiondo. En segundos. Arde en deseos de clavarle un puñal a la ilusión de los rezagados de la verdad, de la realidad. La de los Reyes Magos es una de esas verdades que se hacen mayores de edad nada mas nacer. Irrefutables de cuajo. El primer axioma de la vida. La lógica que da un golpe de estado a la inocencia. Así es el puñetero aprendizaje. “La letra con sangre entra”.

Al recién llegado a tan dura realidad le quedan un par de alternativas: contarle a mamá o a papá – que son sus dioses a esa edad – lo que han descubierto, con la esperanza de que cualquiera de ellos le digan lo que quiere oir, que eso son tonterías y que los RRMM existen y vienen de Oriente y algún pequeño derroche más de imaginación paterna para restaurar la desconchada FE de la criatura. La otra opción, más acorde con la España pícara, es hacerse el pardillo un par de añitos, engañarse a uno mismo, aunque ya no será igual que antes, cuando se le permitía a la imaginación hacer viajes sin retorno. Es el limbo de la ilusión, antes de que esta se vaya al cielo. Forever.

Mi padre fue representante toda su vida. Un Agente Comercial. En la España de los sesenta del pasado siglo era uno de los mejores trabajos para los que tenían labia, que se decía. O no tenían más opciones. La frase “esto se vende como churros” obraba milagros en la voluntad del cliente, he sido testigo de eso cuando, en mis vacaciones escolares, me llevaba con él en algún viaje. Apoyándose en la frase, siempre le metía al cliente más de lo que había pedido porque, le explicaba, no concebía que no lo fuese a vender. Una de las representaciones que tuvo mi progenitor fue, precisamente, de juguetería. De esa maravillosa juguetería española de Levante, de Ibi.

El almacén de juguetes, el “stock”, se ubicaba en una de las habitaciones de mi casa. Las habitaciones contiguas estaban habitadas por seis o siete criaturas, la mayoría de ellas aun creían en los RRMM. Aquello era insufrible, toda la variedad de juguetes que uno podía desear, incluso los que habían quedado fuera de la imaginación – la mía era extensa – se encontraban allí, apilados en sus preciosas cajas, hasta el techo. Era El Corte Inglés de los juguetes, a mis años. Triciclos, el camión dirigido de Geyper, el tiburón Citröen de Payá, eran mis favoritos. La verdad es que no me puedo quejar, esos tres regalos, por ejemplo, los tuve. El camión no llevaba pilas. Tenía un rabo rígido y flexible que permitía empujarlo, y al final del apéndice un pulsador que accionaba las ruedas en la dirección deseada. No tenía marcha atrás, tirabas de él hasta el punto desde donde quisieras comenzar el trayecto, y tan feliz. El tiburón ya era otra cosa, amigos y amigas ¡tenía una caja con pilas! y un volante que accionaba las ruedas, y palanca de marcha atrás. Incluso podías, mediante un cinturón, ajustarlo a la cintura y tener las manos libres para manipular el volante y la palanca. También había muñecas, pero no reparaba en ellas.

A los siete años, la magia había desaparecido. Imagino que ahora se es más precoz en tan traumático despertar, la chiquillada es mucho más resabiada, con tanta tecnología, mucha de ella manejada ya desde los tres años gracias a las tabletas y smartphones. Dejas de creer en los RRMM desde los mismísimos pañales.

Qué curioso, cuando descubrí que dios no existía ni me inmuté, con todo lo que era dios y con todo lo que sigue siendo para los que creen en él. Porque si hubiese existido, si fuera más asequible – que ya parece un Rajoy cualquiera – le hubiese montado un pollo por el destierro de los Reyes Magos, a ver por qué cojones permite, con todo su poder, que a los niños inocentes les arrebaten sus fantasías. Es posible que fuera un asunto de celos divinos, de ahí que luego nos machacaran con el soniquete “dejad que los niños se acerquen a mi”. En mis épocas se podía decapitar al instante a tus reyes magos, sin consecuencias, pero como a alguien se le ocurriera decir que dios no existía lo llevaba crudo.

Y ahora ya veis, esos representantes de algo que no existe, ya vistan sotanas o corbatas, están abortando la verdadera vida, que es el progreso, el desarrollo, conduciéndonos a la frontera de la Inquisición con sus oscuros Juegos de Tronos. Porque el progreso y el bienestar tampoco existen ya, fue brevemente paladeado, como otra fantasía infantil. O que unos reyes de carne y hueso pero con piel de Dios se empeñen en ser magos de verdad, haciendo desaparecer las verdades y las pruebas que demuestran que son tan miserables como el más miserable de los mortales, gracias a la varita mágica de los fiscales generales, que son los nuevos Reyes Magos de los reyes sin magia, de los reyes increíbles.

Nosotros ya no escribimos cartas a Oriente, simplemente soñamos con trabajo, paz y libertad: idealismos, cursiladas. En poco tiempo estaremos soñando con la dignidad. Mientras, quienes nos gobiernan, pueden forjar sus sueños a costa de destruir los nuestros. Nuestra pasividad es su magia.

reyes-magos

Anuncios

7 comentarios en “Los Reyes Magos existen

  1. Me transportaste a otra época con esta entrada. ¡Qué maravilla creer en los Reyes Magos! Qué pena que ya los niños no tengan esa ilusión. Yo me alegro de haber creído en ellos aunque fuera por unos años. Y me di gusto de ver a mis hijos recoger la yerbita y ponerla en una cajita debajo del árbol de Navidad. No importa el tiempo que dure, es bonita la tradición.

  2. Ya sabía yo adonde ibas a parar… je je. Debía ser un poco torturante tener una habitación llena de juguetes cerrados y no poderlos abrir. Aunque alguno caería. Yo era muy ingenua y me enteré muy tarde. O como dices, no me quise enterar antes. Cuando a mi hija se lo chivaron en el colegio, monté un teatrillo de guiñol con verduras para que la verdad fuera menos directa, pero ni por esas. Tenías que ver las caritas que iba poniendo, y eso que le di a la cosa un final feliz. Tipo: la verdad es mejor todavía… etc.

    1. Mientras acababa el post pensé: Majelola ya sabe por donde van los tiros, algo que me entristeció algo por lo previsible que me muestra. Voy a tener que dar un golpe de estado a la imaginación, pero la bilis me puede.
      Si, en aquella habitación volábamos. A mi madre le daba mucha pena ver nuestras caritas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s