Monólogo breve de una fabada

Hace un par de meses me hice una inmensa fabada. Puse las habas a remojo, las cocí al día siguiente. Fui cauto con el chorizo y la morcilla. La asedié durante tres días, no permití “bandera blanca”, acabé con ella sin piedad. La victoria pasó factura. Comenzaron mis males, una presión interior, no de conciencia, sino de gas, que no quería abandonar la casa. No sabía si meterme un chute de Aero Red o llamar a Repsol para firmar un acuerdo de explotación que me alejara de la penuria y devolviera la tranquilidad a Canarias. Comencé a vislumbrar el asunto del fracking.

Antes de eso me acerqué al médico, tenía fiebre, y pinchazos (del cuello para abajo). Llegué al centro de salud, temeroso, no ya de parecer un terrorista suicida por las muecas de mi cara y más de cumplir una absurda misión, no programada, llevarme por delante el local, sin colaboración de gobierno alguno pero cómplice de sus programas, sintiéndolo por la gente mayor allí congregada, por las médicas, tan atentas, y el solícito recepcionista. La doctora me auscultó, le hablé de la fabada, “light” – la llamé – y ella respondió que ninguna fabada llevaba tal apellido. Sospechó de apendicitis. Tras apretar el abdomen varias veces con dos dedos y soltarlos bruscamente, me entraron ganas de detonar, como venganza, ¡qué dolor! Hasta me pidió orina para su análisis y me habló de prepararme para acudir a urgencias si tras dos días de observación no desactivaba la bomba y la fiebre no marchaba. Todo quedó en nada, en nada más que todo mi respeto por la fabada, la próxima vez prestaré más atención a los símbolos internacionales.

El “desarme” se produjo en casa, en un sencillo y emotivo acto que me llevó a recordar, y casi comprender, esas teorías sobre el Big Bang o el encontronazo de galaxias con todo su barullo. Desde luego, siendo positivo, lo que puede enseñar un plato tradicional gestionado por la gula; entender el Cosmos y sus misterios o ponerse en la piel de un “yihadista”, eso si, mi consuelo en este caso sería diferente, tras un “atentado” así, ya cumplido el objetivo y causado el daño, no quiero que me esperen cien huríes en el paraíso, no estoy en edad de desflorar vírgenes a destajo, más me complacería un contrato temporal para un batallón de limpieza, al que pido perdón por adelantado. Solidaridad póstuma. Ahora que lo pienso, cómo son estas cegueras terroristas, unos matan a la gente por la FE, por sus creencias, otros lo hacen por el puñetero dinero, ante el altar de la Bolsa. La solución siempre es matar, sale gratis. Y lo peor es que unos se creen más guapos que otros.

Total, pasada la alarma me entró la risa, asimismo acudió rauda la pena al comprobar cómo el contrato gasístico tomó la ruta de “caño abajo”, mucho antes de ser firmado. Mi sueño, nunca mejor dicho, era una mierda.

21 comentarios en “Monólogo breve de una fabada

  1. Pingback: Fragmentos del alma, la Madrugada, Xibalbá, Viernes de Poesía … (Son mis blogs seguidos) | Esas pequeñas cosas

  2. etarrago

    Vaya,, es genial, amigo, ¿Cómo pude perderme yo este apasionante relato amoroso gasístico y fecundo?
    Bromas aparte, es cierto lo de la doctora, (en lo del “lay”), y también es cierto que este es un artículo para enmarcar y a ello me pongo. Busco un marco, ya.
    Un abrazo

  3. Bueno, estas musas recalentadas me han matado de risa. No por tu sufrimiento, sino porque es una advertencia de lo que no debo atracarme cuando visite tu querida patria. Oh, Dios!!! No sabes cuánto he soñado con la bendita fabada, pero conociendo a mi traicionero intestino prefiero no correr riesgos. Mejor me traigo la receta y me la preparo aquí donde hay un retrete conocido. Jajajaja. Bueno, mi querido gallego, espero que no hayas tenido otro de esos dolores después de ese. Besos y abrazos porto-gallegos.

    1. Para fabada como dios manda, en la tierra de Anita (Asturias). Haces bien en llevarte la receta porque por las fechas de tu visita aun andamos con los calores, eso espero. Ya tuve un par de achuchones más después de aquel, es que la comida me mata (nunca mejor dicho) Bicos, preciosa.

  4. Reblogueó esto en Icásticoy comentado:

    Las Musas no aparecen, será cosa del frío. Me veo obligado a recurrir a un viejo post. Como tiene muchas calorías es posible que me lo agradezcan haciendo acto de presencia (si no son rencorosas).

    1. Gracias Mariaje, mejor habría celebrado yo la misma cuita escrita por el Maestro Quevedo, la risa hubiera compensado cualquier mal, incluso el de atreverme a contar el mío.

  5. Nota: Donde dice “alubión” le faltan las comillas y entiéndase como un juego de palabras, que luego le tachan a uno de cateto ignorante (que lo seguramente lo soy) o lo que es peor, de individuo…

  6. Es lo que tiene la alubia, que tras el alubión te queda un alivio bárbaro…
    Además es una paradoja de la marca España, pues todo lo bueno del país acaba convertido en una mierda. La diferencia es que no alivia.

    1. Qué buena reflexión y conclusión Xosé!. La marca España debe ser vista fuera como una especie de ciclogénesis de la mierda. Habrá que llenar las urnas de papel higiénico.

      1. Álex

        Pues menos mal que te la comiste tú, Antonio, porque si se la hubiera comido Logan seguro que estarían los informativos de todo el país con conexiones en directo desde el hospital donde está ingresado y custodiado por los CFSE, entrevistando a familiares de las víctimas, familiares de familiares de las víctimas, médicos y enfermeras. Por supuesto, persiguiendo a los familiares y conocidos de Logan, que se moverían a ese ritmo semi atlético de los que no quieren hacer declaraciones. En definitiva, hubo mucha suerte, Antonio, mucha…

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