Doblada

Mucho prometer antes de meter y después de metido nada de lo prometido. Así más o menos reza una conocida frase. Juraría que su connotación se hunde en lo erótico, en lo sexual e incluso en lo pornográfico. Cuantas Lunas no se habrán prometido ante un apretón de la naturaleza, de las llamadas bajas pasiones; mejor no conocer las altas. Nunca supe por qué son bajas si el epicentro se sitúa en la mitad del cuerpo humano. En el centro, que es donde dicen que le gusta vivir a la virtud. Por no decir que es ahí arriba en la sesera donde primero se aloja el deseo de echar un kiki, digo yo, aunque se manifieste en el extrarradio. Será la “sexera”. Ya tiene su mérito mojar el churro bajo tamaña promesa, habida cuenta de que la parte agasajada sabe de sobra que el satélite va a seguir rondando a la tierra cientos o miles de años, que no está para intercambios, ni para tríos ni para ponerle los cuernos al planeta. La necesidad de creer, de desear, supera con creces a la de tener o poseer. La posesión es la muerte del deseo.

Este 2015 se presenta con diarrea electoral, que suele acabar provocando la otra. A mayores han caído las catalanas, del 27 S, de corte plebiscitario, o lo que sea, que ya hace tiempo que estoy tan perdido como Artur Mas y Oriol Junqueras. Municipales, autonómicas, generales e independentistas. Auténticos duelos de “tú más” nos esperan; conviene tener a mano antibióticos para el oído (quizás mejor para el odio). La promesa estrella, de un tiempo a esta parte, es la creación de millones de puestos de trabajo, por muy estrellada que acabe siempre. Al final, la gente reza por no perder el suyo, así lo degraden rebajando el salario y otros derechos laborales, tiene miedo, a pesar de lo que dice el ministro del guindo. El mayor deseo, en este terreno, es el de “virgencita virgencita, que me quede como estoy”. La puja popular para el nuevo mercadillo electoral es la creación de un millón de puestos de trabajo entre 2014 (¿?) y 2015. Un número redondito. Demos por “buena” la cifra 400.000 creados en 2014 (faltan por recuperar aún otros 2,6 millones). Ya sabes, aquí hay gente a la que llamaron 20 veces para hacerle un contrato temporal (ísimo), muchas veces de una hora. O sea, el mismo individuo ha creado 20 puestos. Calidad. Quedan pendientes de colocar 600.000 esclavos. No hay problema, de eso sobra. Mejor esclavo que muerto, ¿no?, ese viene a ser el mantra ultra liberal, de los ultra liberales a los que tanto gusta socializar sus pérdidas.

Este gobierno lo tiene “todo atado y bien atado”. Es de esa escuela. Lo que me gustaría saber, por lo tanto, es en qué sectores o “explotaciones” se va a ocupar esta avalancha. Ellos lo sabrán, sin duda. Podrán decir que los bares estarán bien atendidos y los váteres de los hoteles niquelaos. Calidad. Que se vea en el brillo de un sanitario el reflejo de la marca España, del progreso. No será en el industrial, vade retro. Con que solo obligaran a cumplir las sentencias de la Audiencia Nacional respecto de algunos ERE’s declarados nulos (readmisión y pago de salarios dejados de percibir) ya se estaría creando empleo, se estaría, por lo menos, en el “virgencita virgencita”, con lo que le gusta a esta gente tan noble cofradía. Pero no, empresas como Coca Cola se la fuman, con la aquiescencia del Servicio Público de Empleo e incluso con la inestimable colaboración del Ministerio del Interior, cuya policía “antidisturbios” carga, hiere y detiene a los trabajadores que pretendían evitar el desmantelamiento de la planta, así cumplen una sentencia. Y eso que Rajoy acaba de regresar de Paris, de su Je suis Charlie particular, de su particular unidad frente a la defensa de la libertad de expresión. ¿Qué más promesas necesitamos? Las de relleno, el AVE en Galicia (eterna coña), una carretera por allá y en general todas las que te sumen en un olor a gilipollas por el simple hecho de creerlas. La respuesta de Coca Cola ha sido invadir las cadenas de televisión con sus emotivos anuncios, especialistas en tocar la fibra, en hacernos soñar con las bondades del ser humano, son guays, ¡qué valores tienen y cómo salvan los acuíferos de nuestro país! ¿Qué más nos pueden prometer estos, también? Ah, que te cuenten los ecologistas cositas sobre los acuíferos. Si es que “dime de lo que presumes…”

Este año toca votar. Toca meterla doblada y en sobre, como siempre, no es ninguna novedad, aun sabiendo que suena a vulgar, en su acepción de un acto común y general, vamos, lo que va a hacer todo votante, no queda otra, es obligatorio meterla en el sobre. Lo de doblada es por una cuestión de tamaño. No voy a ser nada original y sin embargo me hace una especial ilusión, fíjate tú. Me quiero sentir más político que nunca, a ellos nos les importa el tamaño de la promesa, no les preocupa lo del sobre y les encanta metérnosla, continuamente. Al final, va a ser pornográfico, el asunto.

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8 comentarios en “Doblada

  1. Pingback: A fuego lento | Ultimate Wanker Press

  2. Yo es que precisamente votaré por las promesas, por las incumplidas, para que no salgan gratis, si los que entren no las cumplen en las siguientes fuera, sin meter a los de antes claro.

    Cuando vean que coño, si no cumples te mandan a mamarla a Ampuero, ya se andarán con ojo, ahora, si votamos con la nariz tapada “porque no ganen los otros” pues mal, se creen con toda la razón del mundo con patente de corso, nos enculan y encima cobrandonos.

  3. ¡Más claro… no es posible!
    Dicen que es muy saludable echar mano de la creatividad y de la “sexera” para intentar hacerlo de otra manera, y que la rutina es mala consejera… ¿Podría ser que de una p… vez aprendiéramos que lo importante no es meterla, única y exclusivamente, por las promesas?

    1. Gracias, grojol. No sé si te acuerdas de aquella pregunta que hacíamos de pequeños cuando nos pedían cualquier cosa (un pedazo del bocadillo en el cole, por ejemplo) ¿y tú que me das? La cosa viene de lejos. Poca gente da nada a cambio de nada, pero hacerlo a cambio de una promesa…siempre incumplida…siempre la misma convierte la necesidad de creer en una obsesión. Buena reflexión la que planteas. La cuestión no es empezar prometiendo, es empezar dando.

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