Recetas 004: Merluza de San Juan

(juan re crivello cierra el restaurante que abrió para cuatro recetas y me manda al paro tras publicar esta, yo le llamo precariedad y lo demás son sus cuentos, tiene caprichos así, y como va sobrado… Le gusta la playa, la siesta y ser camarero de rubalcaba, mala combinación para un chef, ya le notaba un punto raro. Ha sido un placer tenerles a la mesa y espero que disfruten de la carta, ahí les queda)


En unas horas sería noche de San Juan, preludio del día más largo (del año). Se agradece la longitud en festivas coyunturas. Me esperaba playa, hogueras, ritos de purificación:

  • Echar las pesadillas al fuego, antes de regresar a soñar. No hay mejor “punto limpio” para un mal sueño. Que se retuerzan como retorcieron mi mente. Que crepiten. Alguna tiene nombre propio.

  • Saltar las llamas. Nueve veces. Pedir deseos. No me importaría quemarme los genes bajeros en el intento, suelo incumplir la carga máxima autorizada de deseos.

  • Arrojar a la lumbre objetos de malos recuerdos, incluida lista de miedos y de personas a desterrar de mi lado. A veces ambas cosas van de la mano.

  • Finalmente entraría de espaldas al mar, desnudo, mirando la luna para que la buena suerte se cebara conmigo. No descartaba que mi estado etílico para entonces impidiera localizar el mar, la luna e incluso saber por donde caía la espalda, para esto había plan B: bañarme en el rocío de la noche. Quedaría protegido durante todo un año. A mal dadas me rendiría en la arena teniendo la fortuna garantizada, igualmente. Guay.

Todo en aras a casar el mundo del más allá con el de más acá, espantar los malos espíritus y poner en fuga brujas y meigas, habitantes de la Galicia Mágica. En casa tenía preparada agua de San Juan, hecha con flores recogidas la noche anterior, para rematar la “limpieza”.

Lo primero era comer, y beber. Sardinas a la brasa, ¡faltaría más! “Por San Xoán, a sardiña molla o pan”, está en su punto, moja el pan de millo – maíz – con la grasa que le arranca la brasa. Bocata di cardinale. Salí de casa temprano aprovechando una soltería coyuntural breve que, casualmente, expiraba con esa noche. “Buey suelto bien se lame”, rumié. Cayeron un par de birras en el primer bar que se me echó encima, que fue justo el primero. Al salir de allí, el aire me trajo una cata, un aroma que portaba almas embalsamadas de sardinas bien asadas. Apetito voraz me desató. Parecía un conjuro. Fui de aquí para allá como un poseso, siguiendo el rastro etéreo, penetrante ahora y débil al alejarme, sin querer, del altar del sacrificio. ¡Ajá!, lo pillé. Un letrero “con la consumición, una sardina de balde” (gratis) disipó mis dudas. Fueron dos y saladas. A beber toca, en otro local.

Al doblar una esquina me encontré con Juancho. Imposible esquivarlo. Mal rollo decirle adiós, tiene a todo el pueblo, sin tener a nadie. Vive solo y venía del brazo de su inseparable soledad, compañera eterna que nunca lo abandonó. Desahuciado por un vademécum de enfermedades, la vida le va regalando minutos de la basura, convertidos en delicatessen por quienes quieren vivir, así sea sufriendo. Sufrir es estar vivo, y “vivía”, para extrañeza de sus médicos. Conozco sus discursos y él mis respuestas; todas desembocan en la calle resignación. Le presto las orejas. Asiento cada minuto cuando veo mover sus labios.

Paramos en un barucho – divorciado de la limpieza – a tomar lo que tuvieran. Él, todo “sin” o cero-cero (alcohol, grasa, sal), yo todo “con”, 100 por 100. En la parte trasera, salida a un callejón, habían dispuesto una parrilla y pronto empezarían con las brasas, nos informaron. Me tranquilizó, en cierto modo. Comíamos, bebíamos, asentíamos y así sucesivamente. Varias veces le incrusté “Juancho, te recuerdo que me esperan en la playa” (aunque fuera cenado), pero él no tenía ni prisas ni presas (al alcance). Ni ganas de hogueras. Hizo que me “cayeran” unos chupitos. Por una brecha abierta en mi firme voluntad entró, a su vez, una vía de queimada (ritual incluido) difícil de taponar. No sé qué más contarles…

Señor, despierte. Un batallón de limpieza peinaba la playa asistido por un ruidoso ejército de máquinas. Señor, tiene que irse, estamos trabajando, ¿se encuentra bien? Miré el reloj, las ocho de la mañana. El sol había desterrado a la luna, apenas un pedazo se divisaba tras una nube. Me levanté con la sensación de poseer varias cabezas, todas sin cerebro, bultos. A los deseos se les apagó el fuego. Las pesadillas acabaron indultadas. Los fantasmas sueltos y los miedos al acecho. Me encomendé al rocío, ya les contaré.


Merluza a la gallega

Ingredientes: Merluza, patatas, guisantes, aceite de oliva, pimentón dulce, sal, ajos.

Poner a cocer en agua las patatas con los guisantes y la merluza al final (10 minutos). Retirar del fuego cuando esté listo y escurrir.

En una sartén se fríen en abundante aceite de oliva los ajos bien picados. Cuando estén dorados (no quemados) retirar del fuego, dejar enfriar un poco y añadir el pimentón dulce (importante que no se queme). Revolver bien y vaciar todo en la tartera de la merluza y las patatas. Poner a fuego lento cinco minutos para que coja consistencia.

Tener reservada un poco de agua de la cocción por si nos quedamos cortos.

41 comentarios en “Recetas 004: Merluza de San Juan

  1. Vaya buena pinta que tienen las dos merluzas, jaja !! Una para comer un día (la de la foto) y otra para disfrutarla una noche, aunque mejor cambiar a Juancho por alguien más proactivo, que se dice ahora. Ya puedes traerte esa receta irlandesa, que seguro que triunfa.

  2. Me encanta la receta… Hasta me ha dado hambre y son solo las 9:15 AM en este lado del océano. Las Noches de San Juan son así de terribles, la gente hace cosas sin sentido. Una amiga mía se casó una de esas noches y todavía se arrepiente… Jajaja.. Escuché un cuento de uno que tenía tan mala suerte, que cuando fue a tirarse para atrás para tenerla mejor, le dio con la cabeza a otro y le partió los dientes. Tuvo que pagar todo el tratamiento dental que le costó un rollo. Así es que ha sido mejor que no te tiraras al mar. NO fuera a ser desastroso. Un beso, gallego.

    1. A ver, yo hago las cosas con sentido…hasta que lo pierdo 🙂 Y menos casarme en San Juan ni darme cabezazos contra la gente, además, esto es verdad solo en parte, está inspirado en hechos reales pero ficcionado. La receta está deliciosa y es muy sencilla, me gusta casar ambas cosas. Un beso, puertorriqueña

        1. Es que entonces voy a tener que escribir relatos que hablen bien de mi, porque ir dando tumbos por ahí queda fatal, y si escribo todo lo que se me pasa por la cabeza me encarcelan, o pierdo fans. La belleza está en que lo creáis, es un piropo. Lo de Juancho es real, pero con otro nombre (vivo en un pueblo pequeño)

          1. Vivir es pueblos pequeños es toda una historia. Se sabe todo lo que pasa. Por un tiempo viví en uno y es bueno pero también horrible. Cuando vas por la calle, todo el mundo te saluda. Y también te miran raro, como si supieran algo de ti. Jajaja

  3. Antonio

    Querido Antonio,
    magnífico relatorio de una “breve” escapada por San Juan.
    Yo, como tu, también acostumbro, últimamente, a “maridar” ciertas materias primas con buenos vinos y otros brebajes. Suelo cocinar carnes con cerveza y pescados con buenos blancos. Pero lo hago en la cazuela, es decir, en la cocina. No sobre la marcha y directamente al bandullo.
    Así amaneciste en la arena, que tampoco es mal sitio, salvo por el daño que suele hacer la humedad en los huesos de los mortales, todavía vivos.
    Cuantas veces amanecimos en las playas del Morrazo cuando eramos de dieciocho primaveras, disfrutando con el despertar de los primeros rayos del sol de la mañana. !Que tiempos y que amaneceres!
    Aquí también te esperamos, no en la playa, ni en la noche de San Juan, pero me temo que con el rédito que te ofrecen tus vivencias por esos lares tardarás en dejarte ver por el sur gobernado por el ínclito Abel, lejano pariente de Caín, según dicen.
    Gracias por regalarnos relato y receta. Estupendo menú para comenzar esta mañana de sábado que finalizará con una cena de amigos que pretender reflexionar sobre el colesterol (y los intereses de los laboratorios para vendernos compuestos para combatirlos) y el resultado de las elecciones del pasado domingo. No me aventuro a presumir como acabará todo, pero si la manduca es buena, la conversación también lo será, aunque las conclusiones demuestren que en la noche de San Juan no ardieron los malos espíritus, presagios y otros “duendes” maléficos con nombres y apellidos terrenales.
    Apertas Republicanas.

    1. Casi prefiero acabar con una merluza en la arena (aunque es ficción, lo otro no) que afrontar una noche post electoral como la tuya, necesito descanso, es muy duro saber que quienes se están quedando sin hucha de pensiones voten a los que la vacían, no puedo, no puedo. Algún día caeré por ahí, tranquilo, por el vino no me preocupo, sé que siempre tienes reserva de reservas 😉 Feliz noche.
      Apertas Republicanas

  4. Que tu amigo te llevo al huerto deja entrever que eres buen amigo y peor bebedor, y tú merluza estará mejor que alguna de las sardinas que ya no recuerdas, te comiste la noche de autos
    Un beso

    1. Margui, no lo tengo tan claro eso de ser buen amigo, en otras ocasiones he conseguido esquivarlo. A veces el va en coche, me detecta, para a mi altura y dice “ahora aparco”, no tengo los recursos que tenéis vosotras para atajar o despejar estas situaciones, no me interpretes mal, lo he comprobado y lo envidio. Ya fui peor bebedor, lo bueno es que me dan “pacíficas”. Espero que me queden unos cuantos sanjuanes. Otro beso.

      1. Estos amigos que nos restan tanta energía, son para tomarlos despacito, no te sientas mal, y en la capacidad de esquivar, creo que hay que nacer mujer para llevarlo impreso, pero un acompáñame a un entierro o algo así ….
        Un beso

  5. Pingback: Recetas 004: Merluza de San Juan – Barcelona / j re crivello

  6. Alguna precision, coincidencias de las meigas, desde pequeño en mi familia me llaman Juancho. Y veo que salir sin rumbo causa finales desconocidos, como dice la Asociación de consumidores salir siempre con una lista, o como la fernández sentarse en un restaurante bien modosito.
    La merluza de tu receta tendré que insistir ante la cocinera oficial de mi casa para probarla, pues soy experto en robar recetas de agendas antiguas pero cocinar un desastre. Regresaremos en septiembre con otras 4 recetas -para empezar el curso-. j re (jcho)

    1. Juancho es inventado pero el personaje existe (debo estar sugestionado por mi profe). He practicado mucho las salidas sin rumbo, es lo bueno (y lo malo) de vivir en un pueblo, te encuentras con amigos (también con gente que no deseas encontrar) y los planes fluyen sobre la marcha. Salgo con la lista a la compra y procuro ir comido o bien desayunado si no sucumbo ante todo.
      La merluza está exquisita (en Portugal no decir esto, es un vocablo que define a personas muy repelentes, mejor “espectacular”), toros de tres centímetros grosos, aunque mi debilidad es el cogote, que pilla cocochas, las alas de la ventresca y tiene una gelatina con sustancia.
      Buene, en septiembre igual meto una receta irlandesa, voy a pasar unos días en Dublín con my daughter & husband, en agosto. Saludos, Juancho

  7. Eso te pasa por beber más de la cuenta
    Yo como buena clienta
    Me espero en la mesa
    Despuès de la cena
    Y entre postre y café
    Quiero ver como te entregas
    Desnudo y sin pudor
    Al agua purificante
    Sin ropa y con ganas de juerga.

    1. Estimada clienta, gracias por su vista al restaurante ocasional. Siento comunicarle que su última voluntad, quiero decir la expresada al final, no podrá ser satisfecha hasta el próximo año, si no tropiezo con Juancho. Un placer

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