Amor novicio

Cada vez que me cruzaba con ella se ponía firme la cebolleta. Se rebelaba. Ojalá todos los alzamientos fueran como el que experimentaba mi mosquetón al verla. Parecía un poni en celo. No podía evitarlo. Ríos de sangre desembocaban en mi miembro dejando seco y tembloroso el resto del cuerpo. Atacado de excitación, rehén de una dictadura fálica. Un reptil impetuoso se abría paso en mi bragueta – era la sensación – desprendiendo un calor placentero que alcanzaba la cara interna del muslo derecho. Empujaba, arremetía. En su rápido desarrollo embestía bordes, botones y costuras buscando una salida, mientras palpitaba sin control. Resultaba molesto. De inmediato buscaba yo con disimulo el modo de llevar la mano a ese volcán y acomodarla; ponerla vertical, centrada, asomando su calva por la cintura del pantalón y cubierta con la holgada camiseta. Quedaba como un mástil. De no hacerlo así parecería un patético exhibicionista. Esa breve operación me procuraba un gusto considerable, notaba cómo se llenaba mi mano con su grosor, su vida. Percibía una gota espesa en la boquilla de la tronera de mi sexo, preludio de otras mil. Una reacción normal: conocía a la destinataria del ansiado cañonazo.

Todo comenzó un año atrás. El gusto por la dulcería me llevó a un convento cercano. Había oído hablar de la repostería religiosa o monástica elaborada en tales lugares. Acabó por parecerme divina: pestiños, mazapanes, tortas de aceite, piñonadas, amarguillos, roscos de vino, delicias de frutas, trufas, roscones de huevo, bocaditos de nata, tejas, pastas con frutos secos o yemas. Entré en el místico despacho. Era lo peor. Soy alérgico a esa mezcla de piedra vieja, cristos crucificados, oscuridad y olor a frío atávico, húmedo, un tanto siniestro, de mazmorra, donde se rebela la piel al visualizarlo. Le sienta mal a mi alma. Me concentré en el surtido, que puso en jaque a mis sentidos. Estaba absorto y no reparé en la hermana, monja o novicia que se personó para atenderme. En la dependienta, vamos. No me entero de rangos o jerarquías de arcaicas instituciones como esta, u otras que defienden la bandera hasta la última gota de sangre, “si fuera menester”.

El mejor dulce resultó ser ella. De los otros me olvidé al instante. Tenía una voz pequeña, tímida, pero sensual. A cambio, unos ojos grandes color miel, curiosamente. Pestañas largas. Cejas pobladas pero bien delimitadas. Un considerable parecido con Scarlett Johansson. Del pelo ni rastro, lo ocultaba el hábito. La prenda no podía disimular por contra unos pechos sugerentes. Rondaría los 20 años, quizás alguno más. A punto estuve de renegar de mi ateísmo.

_Qué desea el caballero?

_Pues, francamente, estoy algo confuso – era ella ahora el motivo de mi turbación – si me puede orientar se lo agradezco.

_Poco puedo ayudarle, me temo, todo lo elaboran mis hermanas con cariño y buenos ingredientes. Está muy bueno, a juzgar por las alabanzas de los clientes. Los pestiños es lo que más se despacha, si le sirve de guía.

_Me tendrá que servir, hermana, por ahí empezaré. Deme un estuche.

_Aquí tiene, son 9 euros. Espero que le gusten y vuelva usted a por otra especialidad.

_Seguro que volveré, hermana, soy muy goloso.

Aquel “vuelva” me sonó como una declaración de amor. Por mi no había de quedar. Se repitieron, en efecto, las visitas y con ellas surgía una progresiva confianza. Clara, así se llamaba, entró en la orden por una crisis de múltiples ingredientes. Pretendía resolver sus dudas en aquel retiro. De los sucesivos encuentros deduje que las respuestas que buscaba no llegaban. Comencé a acecharla con cautela. Así entramos en un juego de veladas insinuaciones. En él hallamos otra utilidad a la monacal repostería y aquel duelo me calentaba el cuerpo. Me lanzaba y le decía que tras verla me apetecía comerle un rosco o dejar que un par de sus trufas se derritiesen en mi boca. Respondía Clara aconsejándome probar un amarguillo o llevarme unas tejas, con intención de refrenar mis instintos. Otras veces, si me notaba cortado, me excitaba diciendo que le apetecía mucho un bocadito de nata o que de buena gana se metería dos yemas, envolviéndome con una mirada densa, a juego con su apetencia. Me ponía a cien. Me desconcertaba, pero disfrutábamos con humor.

En la última visita me pidió que le proporcionara un móvil. Quería restablecer contacto con algún familiar, comentó. No hurgué en mi curiosidad, me interesaba que se abriera al mundo de nuevo, por esa brecha podría colarme yo, pensaba, e instalarme en su vida. Sin dudar, le regalé uno que acababa de jubilar, a pesar de su “juventud”. Nuevo. ¡Qué infanticidas tecnológicos somos los techies o los geeks! Le puse una tarjeta prepago y me comprometí a mantenerle el saldo. Se lo entregué al siguiente encuentro y me pidió el número del mio por si tenía dudas acerca de su funcionamiento o quería hacerme alguna consulta.

Esa misma noche, mientras pensaba en Clara – su otra clausura era en mi cabeza – recibí un whatsapp suyo. Adjuntaba un vídeo que se acababa de hacer y desconectó. Incrédulo asistí a un viaje por su territorio corporal. De curva en curva fui a parar a cada una de las trufas rosadas que tantas veces metí en mi boca, con los ojos cerrados para disfrutarlas mejor. Llegué a dos medialunas que tenía por nalgas. Llegué al cráter que escondía su vulva, entreabierta con ayuda de sus dedos. De ahí partía un hilo de flujo. Se me figuró reguero de lava quemando mi vientre. Estallé sin pretender evitarlo. Parte de mi erupción se deslizaba lentamente pene abajo como lágrimas de cera ardiente llorando su consumido cuerpo, invadiendo el puño que la apretaba.

Felizmente colgó los hábitos. Y me tiene a mi colgado. Aún conserva su móvil. Me cita en lugares insospechados. “Ya sabes cual es el premio”, “Hoy tengo un dulce especial”. De esta forma rematan sus mensajes. Nadie en el pueblo sabe lo nuestro, de momento. Fingimos no conocernos cuando nos cruzamos, a propósito, para ir calentando la cita. Son las reglas del juego.


(Esta ha sido mi interpretación de la Actividad 7 sobre escritura erótica, correspondiente al taller literario FlemingLAB en el que estoy inscrito. Gracias, Juan Re Crivello) Fotografía: Pixabay.com

71 comentarios en “Amor novicio

  1. Me ha encantado el relato, la media sonrisa en mis labios y el calorcito que me ha dejado son buena prueba de ello. Tan natural y excitante, me han dado ganas de tomar algo dulce…

  2. Pero bueno, Antonio, me ausento un rato como quien dice y al volver me encuentro con esta maravilla! Me has dejado con ganas de más, para cuando el siguiente capítulo de “Amor novicio”?

  3. Hacía días que no aterrizaba por aquí, te hacía perdido en esa novela negra en construcción. De hecho veo 2 entradas solamente desde la última que leí. Pues magnífico el relato, me ha encantado y desde luego que sabes evocar ese deseo irrefrenable y la turbación irracional que puede provocarte alguien. Vaya con la novicia, la monja Scarlett Johansson…Una fantasía hecha realidad, el sueño erótico de muchos. Sin duda coincido en lo que apuntan muchos comentarios: El morbo, la atracción por lo prohibido, acentuado todo ello por mezclarse con la religión y alguien que por lo menos intentó refugiarse tras los hábitos. SI es que hay mujeres que no nacieron para ser monjas, siento decirlo (ni hombres para sacerdote). Recuerdo que vi una foto, de una película, obvio, de Sofia Loren vestida de monja…Que no, que no, supongo que ya me entiendes. Has creado la imagen de Clara en mi mente, en la de muchos de nosotros, supongo, y la has hecho absolutamente deseable, irresistible. Eso es grande. Y bendito sea el pecado.

    1. Jajaja, la novela negra es la vida, el día a día, que se ha complicado un poco, para bien. Muchas gracias por los favorables comentarios y tu análisis tan certero, as usual. El profe puso esta práctica y como soy un alumno aplicado me entregué con pasión, aunque no es mi género, no me encuentro cómodo. Tengo un familiar que fue monja y cuando salió recupero al 100% el tiempo perdido, como “mi” Scarlett novicia. El pecado es delicioso, por eso es pecado, que le pregunten a los ricos cuantos santos hay en su congregación 🙂 Un saludo afectuoso.

  4. Mariano

    Este texto echa raíces en lo atractivo de lo prohibido. Y eso vale en tantos géneros de la vida, no solo el erótico. Imagínate que baste decirle a alguien “no traspases esa puerta”, “no toques eso” para que estén tentados a lo contrario.
    ¿Sería nuestra sociedad la que hoy es si la iglesia y la moral no hubieran puesto tanto hincapié en lo prohibido? A veces temo pensar que si la líbido de media civilización depende de eso no termine pasando que luego que pase la novedad, se nos venga una sociedad de castos voluntarios ¿será eso una suerte de apocalipsis?
    Me quedé pensando en la monja Scarlett Johansson, madonna santa! (risas)

  5. ¡Muy bueno Antonio!
    Leyéndolo he recuperado la viveza de la primera juventud (estoy en la segunda). Esto de mezclar lo sagrado y lo profano es acicate y estímulo que gustaba mucho a Buñuel, y me ha traído a la memoria una fantasía que compartíamos una antigua novia y yo, y es que cada vez que visitábamos los recovecos de una zona visitable, aunque oscura, de los dominicos de Salamanca, nos fijábamos en una mesa de madera maciza, enorme, y sobre todo “sólida”, muy de sacristía antigua, que nos sugería oportunidades pecaminosas. No llegamos a ejercer por cierto pudor, pero sobre todo, sobre todo, por no ser excomulgados.

    1. Gracias, Lorenzo. No sabes cómo me alegró saber que soy una especie de viagra de la nostalgia. Qué pena que aquella mesa no haya contribuido a poder amasar un deseo tan decente 🙂 Supongo que lo de la excomunión te la trae ahora al pairo (lo digo por si aparece otro escenario semejante y la compañía se presta) Un abrazo

  6. etarrago

    Me has puesto la piel como las aves, amigo … eres un gran relatador, ya sabes que ese género me encanta.

    Sentir que te gusta leer es posible cuando alguien como tú escribe, querido amigo.

    1. Luisa, un placer sorprenderte, ojalá esta capacidad me durara toda la vida y no me faltasen recursos para conseguirlo. De fantasías también se vive; yo, por ejemplo, a veces creo que es posible que algún día arrase la izquierda (malos momentos para esta en particular) En cuanto a la nota que me has puesto, gracias mil.

      1. Estoy segura de que tienes esa capacidad, vamos, segurisima.
        Sobre la izquierda, sin palabras, nunca imaginé una catástrofe de tal tamaño.
        Ilusa yo que me parecía que lo de Italia aquí no se podría dar. Si, muy Ilusa.

    1. Pues no sabía yo que este curso estaba trascendiendo allende los mares incluso, y que daba que hablar. A mi también me sonroja el género y me costó arrancarme en esta práctica que tocaba (Eros) Otro enorme abrazo para ti, Awilda.

    1. Lo que da de sí que mi padre me llamase “Antoñita la fantástica” cuando era pequeño; imaginación no me faltaba. Me costó abordar esta práctica en el taller de escritura, no es un tema en el que me sienta a gusto pero si hay que ir…Además, el profe manda. Eros, pues Eros, Diaĺogos, pues diálogos, Aventura, pues eso, a obedecer lo mejor posible. Gracias, María.

  7. Antonio

    Hola Antonio, escribo mientras recupero el aliento.Bestial!!
    Compruebo que en apariciones espaciadas tu intelecto torna a sus orígenes animales (impulsos primarios degenerados que decía el Padre Brandariz – Jesuita de postín) con una fuerza y una pasión que abruman.
    Quería leer, seguir leyendo y volver atrás a un tiempo, porque no quería perder ni un instante en medio del todo, del antes, ahora y después. Genial.
    ¿Y esto en periodo electoral? Como te han “colocado” los políticos chaval, te han encendido. Se lo voy a enviar a NOpresidente y a los “miembros” de su NOgobierno, que después de leer podrían jodernos mejor.
    Me ha traído el recuerdo de una película de finales de los setenta que proyectaron en la sala de Santiago, creo recordar “Salón teatro”, donde ponían cine de “Arte y ensayo”. Se titulaba “memoria de una monja”. Ni te cuento como cayó en medio de estudiantes hormonados bajo grandes dosis de bromuro del Colegio Mayor. Una desfeita!!!
    Apertas Republicanas.

    1. Bueno, esto ya lo tenía escrito hace diez días, antes de la depre ante y post electoral. A mi es que las “monjas sin hacer”, tiernas, me ponen (eróticamente hablando), esa lucha con la duda que uno ayuda a resolver. Además, quitarle una adepta a dios me pone el doble, jajaja.
      Si se lo vas a enviar al NO presidente creo que tenemos que cambiar el “genero” de la novicia 🙂
      Apertas Republicanas

    1. Los del pueblo son muy listos, igual ya lo saben todos, jajaja. Están disfrutando de la victoria electoral y no se enteran, alguno incluso habrá ido de putas, cualquier pretexto les vale para sacar su instinto, hasta Marianico o Albertico.

  8. Nacho

    El ambiente erotico-conventual me recordó los escritos al uso de Lope de Vega y Quevedo; pero el relato erotico-festivo y quasi porno, es más explícito y excitante, je, je. Chico, después de esto dan ganas de dedicarse a visitar cenobios!!!!.

    1. El Marqués de Sade o su espíritu puede estar tranquilo, si acaso de reirá de un pobre principiante, aunque merecer una sonrisa suya es suficientemente inquietante, pero muchas gracias, Jose. Un abrazo, poeta de guerrilla.

      1. Otro abrazo, Antonio… Ah, que dice el Marqués que también te envía uno, que arriba ese ánimo en Galicia, que no pasó nada que cura no tenga. (Al menos, vuestro presi saldrá guapo en la tercera temporada de Narcos 😉 )

        1. Jajaja, si, creo que fuiste tú quien colgo una foto en fb en la que salían dos enormes carteles en vallas publiciarias, en uno la imagen de Feijóo en campaña y en el pegado la promoción de la película (o serie) Narcos, genial. Me quedo con tu abrazo.

  9. Antonio, este relato es el erótico del curso? Madre mía!!! Estos días he pasado con la cara caliente de tanto ardor literarias. Debo confesarte que este está brutal y sobretodo tiene su mezcla de humor y picardía deliciosa. Me encantó, gallego..Genial!!!!

    1. Si, es el del curso, ya se lo había enviado el día 15 pero a Juan se le despistó corregirlo y luego quedó en stand by para publicar. Me está costando porque últimamente no dispongo de mucho tiempo por causas diversas, una de ellas laboral (me salió un trabajo de seis meses para impartir un curso y estoy con la preparación) Gracias, Melba
      (pero ¿qué haces a pie a estas horas? 🙂 )

      1. Ah, que bien que estés dando clases. Tienes mucho que enseñar, amigo. Me alegro muchísimo por ti. Por eso andas perdido. Muy buen relato, se me pusieron los cachetes calientes. Y anoche, estaba desveladísima. Besos, gallego querido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s