La manada. Final

Sara se detuvo. Posó los ojos inmóviles en el suelo, sumergidos en lágrimas. Freire se acercó de inmediato y le dijo que harían un descanso al tiempo que le frotaba los brazos paternalmente. Le preguntó si quería tomar algo. Ante su silencio optó por traer un zumo de frutas de la máquina de vending –no había mucha variedad. Se lo puso en la mano, ya abierto. Sara comenzó a beber. Al rato continuó…

—Grité como una histérica. Empecé a girar sobre mi misma. No sabía qué hacer. De pronto vi un par de móviles sobre la mesa, al lado de unos vasos. Uno era de mi madre, lo reconocí por la funda. Cogí los dos y salí corriendo. Dani me esperaba en el coche. Le pedí que saliera a toda hostia. Por el camino le conté. ¡Tenemos que llamar a la policía! –chilló asustado. Le dije que no, que necesitaba tiempo para asimilar aquello pero prometí que lo haría. Durante varias horas examiné los whatsapps cruzados entre mi madre y otros, así como el de esos otros entre ellos. Lo que descubrí me paralizó. Un grupo llamado “chocholoco” se rotaba a mi madre. Lo formaban cuatro tipos. Uno participaba solo de vez en cuando añadiendo un emoji y un comentario guarro. Estaban bien coordinados. Sabían cómo entrarle para rendirla. Perfeccionaban la técnica con cada “traspaso”. Conocían su clave sentimental. Su password emocional. Le hacían creer que era un flechazo sin cura, definitivo. Se contaban con todo detalle cómo les había ido con el putón de Bárbara, con la guarra viciosa come pollas, en esa línea. Me estremecí al saber que anulaban su voluntad con burundanga. Mi sudor frío se congeló al descubrir que habían preparado una orgía para mi. “Ya es hora de reventarle el coño a esa putita que va de estrecha” –decía el mensaje que desencadenó la acción. En el frigorífico había habitualmente un bote de Sunny que yo trasegaba a diario. Solo tuvieron que esperar. Cuando hizo efecto llamaron al resto para que acudieran. Mi madre, infeliz, solo sabía de uno. El de turno. De golpe comprendí un montón de cosas que en su día eran inexplicables. Las molestias y dolores que tuve en vientre y ano, un flujo asqueroso y maloliente que no sabía de dónde procedía. Supe por los mensajes que ella amenazó a su compañero con denunciarlo a la policía si me volvía a tocar un pelo –la relación ya estaba agonizando. La manada decidió escarmentarla. Imagino que no contaban con aquel final. No quiero pensar la cantidad de veces que montaron la misma juerga. Con una o con otra. O con las dos a la vez.

Sara hizo otra parada. Escuchó un “hijosdeputa” cargado de odio salido de la boca del comisario. Este la abrazó y se le humedecieron los ojos. Freire prometió que esos bastardos lo iban a pagar caro en cuanto diera con ellos, ¡a tomar por culo la jodida placa!

—Sin perder un minuto –continuó con su relato Sara, busqué “burundanga” en google. Por medio de contactos de Dani me hice con un frasco. Le dije que me lo había pedido una conocida, no es un delito, –añadí para tranquilizarlo. Hablé con unas pilinguis muy cachondas que conocí un Día del Orgullo Gay y con las que sintonicé desde el principio. Les conté con detalle mi calvario y mi plan. Se prestaron al juego. Les hablé del bar en el que se citaba el grupo casi todos los días. Se las ingeniaron para liarlos. Con sus buenas artes invitaron a chocholoco a un botellón que supuestamente se iba a celebrar en la casa abandonada de una parcela cercana –ofreciéndoles mas detalles. Se presentaron puntualmente. Brindaron con cubata de litrona servido por Dunia en vasos de plástico mientras Jamila y Roxana bailaban sensualmente e informaban, falsamente, de que un grupo de veinte se acoplaría enseguida para animar el sarao. Fue lo último que recordó la manada. Ellas se retiraron dejándome el terreno libre. Esos hijos de perra se desnudaron, muy obedientes, y se pusieron de rodillas, a cuatro patas. Como les ordené. Por el culo les metí una porra que tenía en casa para autodefensa. La empujé con fuerza, y con rabia. Corté sus pollas con mi navaja y se las hice tragar, ayudada del mismo garrote. No recuerdo si cada una se comió la suya. ¡Qué, pollaslocas!, ¿lo estáis pasando bien?, gritaba mientras lo hacía, frenética, poseida. Los muy bastardos murieron desangrados como cerdos en el matadero. No sabía cuál de los tres era el padre de la criatura que llevo dentro. No podía permitirme el lujo de errar, comisario. Aquí tiene los móviles. Los mios ya los conoce –remató con un juego de palabras que buscaba complicidad.


Este relato es mi respuesta a una actividad de flemingLAB, taller literario. El tema: la novela negra, el relato de un crimen. Me he inspirado en las fechorías de unos cazadores sexuales españoles bautizados por la prensa como la manada. No me va el ojo por ojo, pero un final similar al descrito no me hubiese sorprendido. La justicia poética necesita referentes.

Capítulo 1 pinchando aquí

Capítulo 2 pinchnado aquí

Anuncios

20 comentarios en “La manada. Final

  1. Es un ejercicio y conozco las reglas de Jre. Pero la verdad que te quedó para pelos. OMG!!! Siempre la imágen mental de cómo dejaron a la madre, se me quedó más grabada que cuando la niña cortó las joyitas de los violadores, pero pienso que te quedó negro, negro, bien negro. Me gustó mucho el final inesperado, pensé que el policía iba a hacerlo. Magnífico!

    1. Jajaja, si, las reglas. Reconozco que va todo muy apretado pero me ha valido como ensayo para otra extensión más detallada y elaborada. Quizás debería haber dejado a la policía a las puertas del asesino y que resolviera pero como soy un poco justiciero me di el gusto yo 🙂 Gracias por tu apoyo, importante. Un abrazo

  2. Pingback: La manada (2/3) – Icástico

  3. Antonio

    Querido Antonio, genial.
    Ojalá la recíproca de Pamplona tuviera la oportunidad de ejercer el “ojo por ojo”. Esta sociedad hipócrita que nos ha tocado sufrir le pedirá que confiese sus pecados y tenga resignación. Manda carallo. Incluso alguna juez de turno le indicaría que debería haber cerrado las piernas con más firmeza.
    Me niego a tengamos que mantener como reyes en prisión a semejantes alimañas.
    Estaba convencido de que Freire sería el que se saltaría las normas, pero tu “solución” me parece mucho más justa, aunque morirse sin ser consciente del como y el por que le quita crueldad totalmente justificable.
    Apertas Republicanas.

    1. De turno y sin turno, hay mucho juez y jueza por ahí que aun no encontró la balanza de la justicia, o la compraron en los chinos. Me parece que vas a ser más retorcido que yo “morirse sin ser consciente del como y el por qué le quita crueldad totalmente justificable”
      Apertas Republicanas

  4. Puta máquina…jajaja….Perdona pero es eso, me pareció muy seguido y muy rápido el cómo ejecuta su venganza. Compinchar a las pilinguis cachondas y organizarlo todo puede llevar sus días, aunque es verdad que puede ser casi inmediato, de imposible no tiene nada. Quizá sí, una semana para Sara hubiera redondeado el asunto y después cantar frente a Freire. Muy bestia el relato y no me imaginaba una complicación de la trama de esa envergadura, realmente te salió de novela negra.

    1. Coño, estaba en el spam, no entiendo nada, le tuve que dar a aprobar, será que a wp no le gusta que me cuestiones, jajaja. A ver, es rápido, está claro, pero Dani es un friki con contactos, la droga la tienes en 24 horas y en paralelo puedes preparar la quedada mortal aunque está claro que se mata mejo con tranquilidad, no hay por qué estresarse. Gracias, me ayudas a mejorar, la próxima vez que urda una trama compleja te tendré en cuenta (creo que ya te lo había dicho)

      1. Ya pasa a veces esto del spam, aunque volví hacia atrás e hice un copia-pega del comentario. No me tengas tan en cuenta, hombre, en el fondo la cuestión se reduce a cúantas horas pasan hasta que Freire y compañía logran localizar a la chica -se presenta ella en comisaría, creo-. Y ahora no recuerdo ese punto. No cuestionaré más, porque das hasta un poquito de miedo, jajaja…

        1. Freire no consigue localizar a la chica, es ella la que se presenta voluntariamente y confiesa (la pena puede ser ridícula para esta menor y supongo que cuenta a mayores con la complicidad social por lo sufrido a manos de esa panda). Tu cuestiona lo que quieras (acabo de anular el billete que saqué para ir a tu encuentro 🙂 )

  5. Buahhh…Felicidades por el relato, eso antes que nada. Espeluznante, muy salvaje. Verdaderamente, como animales, o peor, pensándolo bien los animales no actúan en base a esos móviles. Confieso que me ha costado atar cabos. Primera vez que oigo la palabra burundanga, en serio. Acabo de buscarlo, el mote para la escopolamina. Sumisión química, amnesia, etc, etc. Claro, es que en base a la 2ª parte y hasta mediados de esta 3ª me ha dado la impresión que a Sara ni la tocaban, sólo la acosaban. Al leer “no quiero imaginarme la de veces…” ya ha habido algo que ha empezado a no cuadrarme. No acabo de pillar los tempos, me refiero a que encuentra a su madre muerta, se hace con los móviles, lo descubre todo y perpetra su venganza, pero ya lo confiesa todo frente al comisario. ¿No es muy seguido, todo? O algo se me escapa al respecto. Volveré a leerlo más tarde. Excelente y negro, muy negro, como el cielo que se despliega ante mí…

    1. Eres una (puta) máquina. Sabía que ibas a dar con los tiempos. Se arregla añadiendo una semana más a la historia, ralentizar la investigación para que Sara pueda organizar mejor. Pero ten en cuenta que en la misma noche del asesinato descubre todo y maquina rápido un plan. Este relato podría tener varias páginas pero la actividad pedía sobre 2000 palabras, yo me fui a 2500, casi. Gracias, crack, me alegro de que te haya gustado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s