Las personas pepino

El pepino tiene un sabor cucurbitáceo a melón verde. A mi siempre me ha repetido. En mi época de clausura doméstica, cuando era menor de edad –y de juicio–, cuando era un juguete propiedad de mi padre, había algunas cosas comestibles que me repetían o directamente me producían arcadas. Y yo también se lo repetía, en alto y con todos mis hermanos como testigos para ver si me exoneraba en lo sucesivo de comer alimentos “repetitivos”. El cabrito contestaba: “qué suerte tienes, hijo, ya me gustaría a mi que me repitieran”. Claro, él fue uno de los miles de hijos de la hambruna que parió la guerra civil española. Se hartó de gachas y según contaba recogía las colillas del suelo para llenar el estómago de humo.

Ya puestos prefiero que me repitan unos percebes, unas lonchas de jamón Manchado de Jabugo o una flauta de aguacates y anchoas de Ferrán Adrià. Siguiendo la teoría de mi viejo, sería una forma de amortizar el precio de tan lujosas pitanzas, clonando placeres y sabores. Él era muy de aprovecharlo todo. Pero el pepino es cansino, está horas ahí, regurgitando éteres indeseables. Catas miserables, siempre iguales y monótonas. Atrapado en un flato global. Es como rezar un rosario, encasquillarte en el ora pro nobis o escuchárselo recitar a un tartamudo.

Lo peor no es que repita, lo cruel es que neutraliza, ¡qué neutralizar!, aniquila el sabor del resto del acompañamiento, hace tabla rasa con todos, los unifica bajo una tiranía gastronómica. Les roba el ADN. Puedes hacerte una ensalada con 27 ingredientes de lo más exóticos y como se te ocurra colarle una sola rodaja de pepino se jodió el tema. Veintiocho cosas sabiendo igual, a puto pepino. Un crimen. Tirar el dinero. Conste que me gusta el pepino, pero llegué a una conclusión: comerlo solo. Ensalada integral de pepino, nada de concesiones. Lo he condenado a la soledad.

Hay personas que me lo recuerdan constantemente. Monopolizan cualquier reunión. Son el cáncer de la charla o la metástasis de la tertulia. Si sale el tema “hijos”, los suyos son fuente inagotable de experiencias sobrenaturales, “mira cómo es”, “te digo que es terrible”, por supuesto son más listos que un ajo portugués, inteligentísimos, no paran quietos y el copón sagrado. No hay otro igual. Si cambias de tercio para aparcar a la criatura y te metes en política, la cagaste igualmente; ellos hubiesen sido el presidente soñado y atajan esto y lo otro por lo sano, cagando virutas. Ni rojos ni azules ni mediopensionistas. Ellos. Como digas que tus planes para un puente son ir a esquiar, por poner un ejemplo, te informan de inmediato sobre cuál es la mejor pista del país, si la nieve adecuada es la dura, la polvo, la polvo-dura, la primavera o la húmeda. Es posible que hayan estado hasta en el Everest, si los pones a prueba. Que sale en la conversación la Bolsa o cosas de finanzas: acabas escuchando “invierte aquí o allá, hazme caso, el piso de veraneo me lo pagué así”. Nada, date por jodido hables de lo que hables. Y esa voz rajando toda la tarde, noche o el verano completo como hayas elegido mal la compañía. Eso si, aderezan las intervenciones con un toque de humor, una dosis de ingenio o una pizca de ocurrencia que los hace soportables aunque, al final, acaban siendo tan previsibles y odiados como el ladrillo que os espera. Lo peor es que lo aprendes con los años, tras mil reuniones estropeadas. Una condena. Del resto de amistades presentes a las que tanto deseabas ver o escuchar, cero. Porque si una al azar dice que se va de viaje a China, zas, adivina. Si, sale la persona pepino y poco menos que, casualmente, ha ayudado a reconstruir unos metros de muralla en un momento histórico y en casa tiene una muestra de piedra milenaria. Visita excepcional que ha convertido su experiencia en inolvidable e irrepetible. Única. Olvídate de tu maravilloso plan, es caca de la vaca, aunque vayas a enseñar a mil trescientos cincuenta y siete millones de chinos a hablar español, según consta en contrato con la Administración China que muestras al interfecto.

Conclusión: Sí, la misma, acertaste, comer solo con esa gente. Ármate de valor y queda con ella un día que estés sobrado de energía. Argumenta si acaso un dolor de muelas por si entre sus “virtudes” se encuentra la piedad y te ahorras una hora de matraca. Después, con tranquilidad, llamas a fulana y a mengano y quedáis para una apetecible jornada, sin pepino. Un auténtico placer.


Post Scriptum. Comentario de mi hija en feisbu: “Jajaj, que bueno!! Que coñazo de gente. Si yo te contara, que me vas a decir a mi, me lo dices o me lo cuentas? Yo ya estoy de vuelta, te voy a decir una cosa…, estas equivocada! Yo a tu edad… si tu supieras… Bienvenido al club, yo que tu… y de que te sorprendes? Ya sabía yo… Me hacen eso a mi y… es que yo tengo mucho carácter…Traducción: soy tan idiota que creo que sé todo cuando en realidad no sé nada y únicamente por eso me puedo permitir decirle a la gente que estoy de vuelta poniéndome en evidencia y, ademas, confundo tener carácter con ser imbécil?”

50 comentarios en “Las personas pepino

  1. Pingback: Las personas pepino | Seamos Sinceros

  2. ¡Genial! Es el primer blog que leo por acá y me gustó mucho como iniciaste explicando las caracteristicas del pepino para luego relacionarlo con la forma de ser de algunas personas, muy bueno. He escrito un blog hace unos días y busco aprender al leer el de otros, como tu, con mas experiencia. ¡Gracias y éxitos!

  3. Jajaja, qué buena comparación!
    Aquí tuvimos una presidente pepino 12 añitos. De ahí para abajo, ya imaginarás! 😦
    Voy a compartir tu entrada a algunos pepinos, supongo no te molestará? jaja
    Abrazossss

  4. Cuanto pepino hay en el mundo !! Eres muy generoso compartiendo un bis a bis con el pepino solitario, lo mejor es mandarlo a tomar por donde amargan y pasar de esos pesados insoportables y repetitivos. Con lo bonito que es escuchar …

    1. Si, es bonito escuchar, te lo dice uno que aprendió a hacerlo demasiado tarde, quizás. Creo que he sido un pepino, o eso me parece, por eso les perdono la vida y departo en soledad con ellos 😦

  5. etarrago

    Estoy contigo con todo el contenido de tu artículo, querido amigo, pero especialmente en eso de la condena a la soledad del tal y aludido vegetal … como algunas neuronas, vamos, lo mismo es.
    Un abrazo, incluso fuerte, hoy estoy pletórico, no me he caído ni una sola vez … hecho un chaval.

    1. Jajaja, Enrique, yo creo que te caes para demostrarte que eres capaz de levantarte aún las veces que hagan falta y recetarnos esas píldoras tuyas mágicas para seguir. Pues otro abrazo potente.

      1. Jajajajaja… Mal hablada siempre he sido, pobre de mis padres que nunca decían una palabrota para que yo no aprendiera. No contaban con los niños del colegio que tenían un vocabulario horrible. Jajajaja… Ahora, voy a ir comedida, porque mi amiga no es mal hablada y no le gustan las palabrotas. Jajajaja Pobre mujer.

    1. Gracias, Silvia, si los mandas por ahí son capaces de darte lecciones de civismo y talante democrático. Cuando detecto un “Perpino” (persona pepino) creo que me lo nota enseguida, es lo malo de la experiencia (y lo bueno), que deja cicatrices, a veces visibles.
      Otro surtido de muashhhhh para ti.

  6. Luego de leer esta entrada tan original que fusiona pepino con psicología, he rastreado en mi infancia cual sería el alimento en mi caso para describir este tipo de personas que todo lo saben y todo lo pueden y todo lo conocen… No tengo un recuerdo tan intenso, pero mi hermana me dice que para ella el pepino sería, sin dudas, la sopa de avena Quaker 🙂
    Un cariño para ti desde Argentina.

    1. Pues mira, tendré que probar esa sopa para opinar (si no tiene sal 🙂 ) Si no tienes un recuerdo tan intenso es porque consciente o inconscientemente has evitado a esas persona (u olvidado la experiencia)
      Más cariños para ti, Bella, desde Galicia

    1. ¡Que fino hilas, Aureliano!, jajaja, muy bueno el apunte. No sabría decirte si se trata de una sub-especie, en concreto, porque hay cuñaos que pueden devorarse al pepino más recio que se le ponga delante de los ojos y oídos, cuidao cuidao con el cuñao. Saludos

    1. Gracias, Rubi (como siempre, aunque no tengo muchas oportunidades de dártelas). Si, amigos como setas, amigos comodín que dan para todo, sobre todo cuando uno sabe q puede quedar en ridículo.

  7. Antonio

    Buenos días Don Antonio, joder como te pones con el “pobre” pepino. No ves que por eso, precisamente por eso, le dan poco “chance” habitualmente y justo en esa reunión en la que tu estas necesita hacer un poco de ejercicio oral-social.
    Claro que es cierta esa presencia repetitiva que provoca mala digestión y permanente sabor a… Cabría que entre todos los presentes, comensales o meros tertulianos, se le intercepte reiteradamente a ver si se da por aludido. De no funcionar cabría otra estrategia. La de “María, vámonos a la cama que esta gente se quiere ir” … y te vas.
    He de confesarte que recientemente abuse de mala/dudosa educación en una cena en casa de un hermano. Uno de los comensales, “pepino”, meapilas y maleducado (no respetaba ni turnos y menos las ideas de los demás) hizo varios comentarios poco afortunados, incluso xenófobos, por lo que, tras levantarme de la mesa con cierto disimulo, cogí mi cazadora de un sillón y tratando de desaparecer como quien no quiere la cosa por una esquina del salón, al ser preguntado por mi cuñada por el motivo de mi temprana ausencia, respondí sin rubor “acabo de acordarme de que mañana a las nueve he de ir a misa y quiero estar fresco”. Tras lo que, sin mirar hacia atrás partí con rumbo a la iglesia del amanecer.
    Me contaron que el ínclito “pepino”, conocedor de mi poca simpatía por su persona, solo acertó a decir “que disculpa más simpática e inapropiada” !Que le den!!!
    Por cierto, el pepino macerado (media hora) con limón y sal es un aperitivo ideal en el verano y no produce esa “repetición” tan molesta. Pruébalo y si funciona coméntalo en “Can Roca” si sigues yendo por allí.
    Apertas Republicanas.

    1. Tocayo, con ejemplos como el de ese invitado colateral que padeciste entiendo que se haga uno creyente, aunque sea de mentirijillas y poder usar un argumento “salvador”, que de eso van nuestros señor. En cuanto a la receta, te lo agradezco y me encantaría probarla pero la sal no puedo ni olerla desde hace 14 meses.

  8. Álex

    Ni la excusa del dolor de muelas te valdrá como excusa “¿Dolor de muelas? Eso no es nada. No hay nada peor que el dolor de colmillo, que lo tuve yo cuando (raca-raca, raca-raca, raca-raca…)”

    1. Gracias por la información, pero creo que me enemisté con toda la familia cucurbitácea por enmudecer a mis amistades. Cuando se me pase el cabreo lo probaré. También me hablaron del pepino francés y como están sus agricultores en eterna lucha con los españoles lo tengo en stand by.

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