El carné de las masacres

Nueva York. Entre los restos calcinados (casi desintegrados) de las Torres Gemelas tras el fatídico 11-S aparece el pasaporte intacto de uno de los pilotos suicidas. Versión más compleja de aquello de una aguja en el pajar. Algo milagroso. Ese mismo día, las únicas cosas que se pudieron rescatar de entre los restos pulverizados del vuelo 93 de la United Airlines estrellado en Pensilvania –otro de los cuatro aviones secuestrados para matar– fueron las cajas negras, varios pasaportes impolutos y un típico pañuelo rojo islámico. En la masacre del 11-M de Madrid, perpetrada en los trenes de cercanías, los terroristas dejaron una mochila sin estallar con una tarjeta SIM plagada de datos y un coche infestado de huellas dactilares. En el atentado a Charlie Hebdo (París), dos asesinos, hermanos, ‘olvidan’ sus carnés de identidad en el coche robado utilizado para huir. En la matanza de la sala Bataclan (nuevamente París) uno de los suicidas llevaba consigo un pasaporte sirio falso que permitió seguir su ruta de escapada. En Berlín, el yihadista que arrasó un mercadillo navideño con un camión robado dejó su documentación en la guantera. En Manchester (Reino Unido) el suicida que explosionó su mochila en el Manchester Arena llevaba en el pantalón un documento de identificación que permitió conocer su nombre. En el reciente ataque terrorista de Barcelona, en la furgoneta que embiste a la multitud aparece el pasaporte de uno de los miembros de la célula yihadista. Y otros casos similares que seguro siguen este patrón pero no me he parado a buscar.

Los terroristas (suicidas o no) suelen ser meticulosos. O por tal los tengo. Incluso la planificación debe ser más exquisita si no mueren en el intento. Una vez vista la relación anterior se podría pensar que el check list del atentado incluye una casilla que pone “no olvidar llevar el DNI encima y dejarlo en el escenario del crimen”, de lo contrario no entiendo cómo pueden quedar pasaportes, DNI’s, carnés de conducir y cualquier otro documento que identifiquen la autoría y faciliten la tarea policial debido a las fotos y todo tipo de datos personales. Al rato del atentado saben nombre, vida y milagros desde la fecha de nacimiento: familiares, amigos, ligues, manías, gustos personales, orientación sexual y marca de calzoncillo. Hay algo que chirría en esta pauta de comportamiento. Sobre todo cuando parece que hablamos de gente joven desencantada, reciclada al yihadismo de forma urgente y cuya religión anterior era la el colocón. Hasta homosexuales arrepentidos en la nómina, todo vale a la causa (ideólogos) para fabricar bombas ambulantes, aunque en sus países los hubiesen linchado por tal “acto abominable y delito”.

Muchos de estos conversos han sido capaces de hacerse con armas, secuestrar camiones, matar a sus propietarios y dirigirse implacables hacia los fatales objetivos mientras estaban bajo vigilancia y pinchazo telefónico. Se me ocurre pensar, a lo bruto, que son utilizados como “camellos” yihadistas que en lugar de pasar drogas distribuyen terrorismo. Los tienen para llegar a la madre del cordero, a la parturienta de tanto horror, solo que es mucha madre y no hay ganas, voluntad o medios de acabar con ella. Por el medio nos comemos los daños colaterales.

A un suicida autobomba podría darle igual que encuentren o no su carné tras la inmolación efectiva (aunque ya hemos visto que un carné es indestructible). Lo lógico sería pensar que, por el bien de la causa, es un error llevar un documento encima ya que gracias a él acabarán desmadejando la célula y con ello la posibilidad de cometer más actos, o sea, optimizar el terror. Si la opción de matar escogida es la de la furgoneta o camión no tiene sentido dejar carné alguno en la guantera pues una vez acabada la avenida de la muerte deben bajar del vehículo y echar a correr al tiempo que disparan a todo humano viviente para completar el trabajo. Por experiencia saben que muy pocos escapan al acoso policial, volvemos al punto de partida: llevar carné igual a ERROR.

Con el terrorismo pasa como con los incendios. Pillar al asesino o pirómano es el final de la película, medalla para el político de turno, ahí se encuentran los réditos. Beneficio que se pierde si pregunta a quién o quienes favorecen los atentados y los incendios y cómo combatir causas y origen. Es como el dilema cirujía vs medicina preventiva. Mejor extirpar que prevenir. Mejor controlar que erradicar. Mejor callar.

Quizás ser un ‘sin papeles’ o un ‘sin lugar’ marca tanto que el pasaporte se convierte en algo más importante que la propia vida, hay que llevarlo siempre encima, en cualquier sitio. Mejor morir que volver a empezar.

Terrorísis

La lotería macabra ha regresado a España. En esta ocasión ha caído en Barcelona, concretamente en la arteria de Las Ramblas, tal como vaticinó hace dos meses la CIA, que de esto sabe lo suyo. No deja de ser inquietante esa clarividencia de GPS.

Si queda alguna palabra de condena olvidada en el tintero por los colectivos que se van pronunciado sobre el atentado, la pongo, para no repetirme; a salvajadas como estas no deben faltarle ningún adjetivo, hay que agotar el diccionario aunque el terrorismo sea sordo y no escuche, no sienta ni padezca. Me temo que esta plaga no se cura con palabras ni velas, flores o frases tipo “todos somos Barcelona” –o ciudad atacada de turno– sino con acciones. U omisiones. Dejar de financiar a los terroristas, no procurarles armas, actuar sobre sus cuentas o lo que hay detrás de ellas. Esa batería de medidas que sin duda conocen los estados sufridores o promotores del terror. Estos últimos bien pudieran ser más paísis que países. Pero como tras estas atrocidades se esconden oscuras estrategias geopolíticas ignoradas por quienes son –somos– solo carne de cañón que alimenta la voracidad de poder de anónimos asesinos ilustres, estamos perdidos. Sicópatas. Puentes, avenidas, ramblas y aceras pasarán a ser nuestros nuevos sudarios y nos acostumbraremos al miedo sin pedir responsabilidades.

Políticos y gobernantes del planeta deberían olvidarse una temporada de gesietes, geveintes, ótanes, tratados internacionales y demás cumbres de amiguetes. Deberían citarse en una cumbre de la empatía y tragarse vídeos de ciudadanos despanzurrados o quebrados, inertes, sobre las aceras de sus países después de pasar el camión de la muerte. Deberían chequear si realmente lo sienten. Si son capaces de verse a ellos mismos o a sus seres queridos entre los sacrificados por sus intereses. Si así fuera, no existiría el terrorismo, ni muchos otros ‘ismos’. Pero aquí estamos, unos muchos para sustentar a unos pocos. Por supuesto, no me refiero solo a las víctimas de occidente.

Felicidad light

Tenía todo lo necesario para ser infeliz: dinero poder e influencia, casas coches y barcos, mujeres mentiras y engaños, intrigas y conspiraciones, odios y más rencores…En su entierro tampoco faltó de nada, excepto lágrimas.

¡Burka al agua!

Érase una playa en verano. Cientos de glúteos tersos. Muchos también arrugados. Culos femeninos mezclados con masculinos. Y érase un tuitero con un pene por todo cerebro. Una pena. Alguien apunta la cámara al trasero de una socorrista. No era su hija, ni su madre o su mujer, ni incluso eran las nalgas de su amante. Si así fuera tal vez no habría fotos y comentarios denigrantes. El culo se viraliza; somos una sociedad sin mayores preocupaciones. Memes machistas, de machos recios que anhelan morir ahogados en aquel arenal solo para ser atendidos por pandero tan colosal. Poco se puede hacer ante un muerto descerebrado, ni en eso reparan esos sacos de testosterona.

Cerebro asimismo menguante el del alcalde del ayuntamiento playero y la jefa de salvamento que aconseja a la trabajadora que cubra el pompis pecaminoso con un short para evitar mayor alboroto. Listo. Es la solución pobre, cutre, irracional. La solución cobarde, la del vencido. En pocos años, el deseo vendrá de unas rodillas desnudas, ante la ausencia de culos visibles. Obligado será entonces el pantalón pirata. O un simple pareo. Luego, cuello o escote serán motivo de la nueva excitación y se decidirá en un pleno que no estaría mal el burka para evitar el calentamiento. Por fin veremos quejas por un ahogado al que se llegó tarde, imposible hacerlo a tiempo con tanta tela empapada.

Increíble. Como si la socorrista estuviera ahí por el culo, no por su preparación y conocimientos. Nos quejamos de los ‘países con velo’. Si algún día gobiernan las mujeres el planeta no descarto que manden cegar a los hombres para evitar que se escandalicen por nada.

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/gijon/2017/08/07/bandera-roja-banador-socorristas-gijon/00031502131413484592888.htm

Perimetrado

Debí de haberme perdido algún capítulo de Esnobismo Express. O que de la noche a la mañana los medios me consideran audiencia erudita y sueltan un palabro nuevo a bocajarro. Perimetrado. Luego lo repiten hasta la saciedad. Acto seguido, uno, convertido por el bombardeo en experto acelerado, larga en la cafetería, la oficina, la peluquería o en el taxi que el incendio de Torrejoncillo del Sieso está por fin perimetrado y los contertulios, en esas diferentes ubicaciones, responden uf menos mal o gracias a dios. No te encontrarás con alguien que dispare su duda: ¿qué cojones es perimetrado? No, cae de cajón, la cosa viene de perímetro. Evidente lo que quiere decir. Jamás delatar la ignorancia, si fuera el caso.

‘Tras 6 días de trabajo logran perimetrar el incendio de Yeste’. ‘Trabajan para perimetrar el fuego en la sierra de Segura’. ‘Incendio perimetrado y sin llama’. ‘El incendio de Moguer está perimetrado y evoluciona muy bien, según las autoridades’. ‘Perimetrado el incendio de Campillos de Altobuey tras quemar 1.200 hectáreas’. Como vemos, por ejemplo, en este último caso el fuego quemó mil y pico hectáreas antes de quedar perimetrado, como si a a partir de ahí no creciera el perímetro ni un centímetro más o no supusiera ningún peligro.

Ring ring ring. Mire, le llamo de Aldea Serena, estamos rodeados por un incendio bestial, está todo cubierto de humo, casi no podemos respirar, estamos acojonados. No se preocupe, tranquilo, lo tenemos perimetrado. Ahora pasamos a evacuar la aldea por si las flies. Como está perimetrado puede seguir ardiendo, ya estábamos avisados, luego si el fuego avanza, se despendola y “desperimetra”, es otra noticia. Una colateral.

Antes de la moda del perimetreo, el verano pasado, sin ir más lejos, informaban de la aparición de un incencio, sus proporciones y la consiguiente alarma que iba despertando para acabar informando de que ya estaba felizmente controlado, extinguido o sofocado. Finiquitado. No, ahora está perimetrado, ya veremos lo que pasa a partir de ahí. Como si fueran a hacer un incendio por capítulos o temporadas: “Abrasados”. “Acorralados”. Juro por mi boleto de la primitiva o de la ONCE que los locutores emplean perimetrado como sinónimo de controlado, apagado, y a otra noticia. Lo he comprobado en varios incencios. Me tienen quemado. Comprobé que ya no ardían. Estaban perimetrados ¿?

Algo parecido con el mercurio, asunto del que habé en su día. Es llegar el verano y se llena la tele de canícula y mercurio. ‘El mercurio ha subido hasta los 40 grados’, ‘El mercurio no da respiro’. Como si no existiera el termómetro. Como si fuera un condón de cristal que envuelve al elemento químico y le gustara más a este levantarse a pelo, con fuerza, hasta los 40. Prescindir de la carcasa. Fue prohibirlo la UE en 2014 –ningún aparato que lo contenga puede ser comercializado– y venga matraca con el puñetero mercurio. Lo curioso es que el sólo vale para la ‘canícula’ o calor, para subir. En invierno, esos mismos personajes del tiempo hablan de que las temperaturas se desploman, que caen bajo cero o un poco por encima pero NUNCA mencionan el mercurio. A pesar de ser un metal pesado jamás cae. Mucho más pesado que los tipos y tipas de las isobaras.

A tumba abierta

Amo la Galicia mágica y atávica. Mi tierra de brujas (meigas). Las fiestas y ritos populares, aunque vengan de la noche de los tiempos, han sido expropiadas hábilmente por la Iglesia que las convierte en la del Santo de Turno o la de su Santa Conveniencia. Le sale del Santo Decreto, que es como decir que sale de abajo. Santo oficio. Arrambla con todo, la iglesia también es ‘todista’ como quiere Linea Directa para sus asegurados. Tiene un dispensador de santos como el tendero su pistola que escupe etiquetas de precio a los artículos. A los paganos nos da igual que nos cuelen santas o santos mientras no falte el alcohol, el desmadre y el olor a raíces de pueblo. Es un expolio consentido desde siempre, el asunto es olvidar por unas horas o días las duras condiciones de vida que otros tiempos imponían. Si desapareciera Dios & Cía seguiríamos celebrando caralladas. Es un tributo.

La segunda fiesta más rara del mundo, según The Guardian, se celebra los 29 de julio en un pueblo llamado Santa Marta de Ribarteme. Esta santa es la protectora de los que están en peligro de irse al otro barrio. Todo el que crea que ha sobrevivido a un mal trance se mete en un féretro y es llevado en procesión durante una hora, de la ermita al cementerio. Son los ofrecidos. Quieren agradecer a la santa haberse salvado. Una penitencia. A cambio de prolongar su vida muestran su dolor, y los hay con mucho teatro. Hacen de sus propios restos mortales. Da cosa, la verdad. Se tumban dentro y cierran los ojos. Si aprieta el calor se dan con un ventilador de los chinos. El sufrimiento que sea el mínimo, amos anda.

Los ofrecidos llaman con ocho meses de antelación a la sacristana de la capilla para pedir vez. O sea, reservar ataud. La capilla dispone de cinco. Si hay overbooking existe un servicio de alquiler de ataudes. El Santo Business también trabaja. El ofrecido aporta seis costaleros (porteadores). Suelen ser familiares que, a su vez, agradecen llevar un vivo sobre los hombros en lugar de un muerto. Han vencido a la muerte, viene a ser la lectura. ‘Virxe Santa Marta, estrela do Norte, traémosche ós que viron da morte’ (Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte). Si el ofrecido se queda corto de costaleros o son mayores (o pequeños) para la exigencia hay lugareños que se ofrecen de lindo gusto por lo mucho que viven la tradición. Gratis. Peor es llevar a uno de los tuyos de muerto, dicen. Al fervor se une curiosidad y morbo foráneo y ya tenemos una fiesta de interés que puede conllevar algún puesto de trabajo, modalidad hostelería, que es la burbuja que tenemos ahora y de la que presume nuestro gobierno. Tiene gracia, el penitente va cómodamente en volandas mientras el costalero aguanta incómodo la hora que dura la procesión, no sé quién hace mayor sacrificio.

Por supuesto, también hay peticiones a la santa para que se cure un familiar que padece una rara enfermedad. Hay quien repite. Por ejemplo, el caso de una señora que de pequeña padecía ataques epilépticos. Se metió en la caja, hizo la petición y no volvió a tener ninguno. La segunda debido a una cirrosis provocada por la obligada ingesta de medicamentos que sus achaques exigen, y que si no hubiese tomado ya estaría muerta de verdad, se me ocurre pensar. Le pidió a santa Marta seguir viviendo y se cumplió por lo que su última petición, a la espera de otras, es no enfermar una tercera vez. Obviamente no padece claustrobia o feretrofobia como otros penitentes que hacen la procesión de rodillas o descalzos por su aversión al confinamiento.

Los bebés ofrecidos, por contra, nunca van dentro de la caja. Debe traer mal fario o puede suponer un trastorno para el crio. La madre, normalmente, lo porta en brazos y los familiares si que llevan un ataúd pequeño y blanco como acto simbólico. Al terminar, se celebra la vida a golpe de cerveza, vino, pulpo, churrasco y lo que surja. La Santa Pitanza, no es moco de pavo. A esta sí que la adoran.

Se dan casos de gente no creyente que se sube al cajón igualmente. No es el mio. Puestos a creer, mis ídolos e iconos en estos temas vienen de la ciencia médica. Soy más de la Santa Seguridad Social, del santo médico o santa doctora, de las santísimas enfermeras, de una bendita operación y benditos medicamentos. Soy más de llevarle un jamón a mi doctora si la muerte me guiña un ojo o anda al acecho y consigo despistarla. Echo de menos que en alguno de esos féretros se introduzca alguien que revindique la memoria perdida y pida por recuperarla y que se pregunte, durante el desfile, cuántos irían de muertos de verdad si no existiera mi santoral. O qué pensarían si su médico, ante una grave dolencia, les remitiera a San Roque o Santa Marta. Hemos desterrado la homeopatía pero la fanfarria catolicona es otro cantar. La santopatía. Y ¡vivan las fiestas!, que conste.

Nota: El género de los no muertos o zombis tiene ADN gallego. Pincha aquí

Vigilando el tiempo

Estaba obsesionado con no perder el tiempo. Bueno, en realidad contagiado por la obsesión de todo el mundo al respecto. Había gente que pagaba por acudir a charlas y seminarios en los que hacían hincapié sobre el asunto y aunque no les faltara de nada y fueran razonablemente felices regresaban intranquilos tras aquellas ponencias; nadie les garantizaba nunca que su tiempo estaba bien empleado y no tenía fugas.

Llamé a una empresa de seguridad y les encargué que vigilaran el mio. Bajo ningún concepto quería que se me escapara. Si esto sucedía la agencia debía dar con su paradero de inmediato. Yo tenía la sensación de que no lo perdía pero vete tú a saber. De hecho, no sé si habré desperdiciado el tiempo escribiendo esto. Estoy muy tranquilo. Quizás sea un irresponsable. Esperaré a ver que me dicen desde la central de seguridad. Hace quince días que firmé un contrato que incluía expresamente en las cláusulas “pérdidas y desperdicios de tiempo”. No me han enviado ningún parte todavía. No sé qué pensar.