Memoria B

Estoy por asegurar que el récord de desmemoria, modalidad corruptela, lo ostenta la Infanta Cristina en su intervención ante el juez por el Caso Nóos, una de las tramas Marca España que hacen que en nuestra corrupción no se ponga el sol, remedando a Felipe II, rey del imperio español, en su célebre frase, o atribuida a él: ‘en mis dominios no se pone el sol’. Eso es ahora este país, el imperio de la putrefacción, paraíso de corruptos de cuello blanco, alta alcurnia, abolengo y ringorrango en el que, la rata más rata, es un Rato. Pocos con ese apellido hicieron tanto en tan poco tiempo. Queda demostrado que un Rato es más que suficiente para saquear la patria propia, con información privilegiada, auténtica arma de destrucción masiva. Un cainita esférico. Es decir, se mire por donde se mire.

Aquella infanta hechizada de amor podía haber pasado al libro Guinness. Pero le sobran títulos más importantes y menos vulgares. En su día, como imputada del citado caso, despachó su declaración de cuatro horas ante el juez Castro con 412 ‘no sé’, 82 ‘no lo recuerdo’, 58 ‘lo desconozco’ y 7 ‘no me consta’. Grosso modo, no lo sé arriba o lo desconozco abajo. Claro, vista esta “juriexperiencia”, un elenco de ex ministros de Aznar, muy monárquicos ellos, recurren a tan magnífico ejemplo en su declaración como testigos en otro afamado y triste caso: Gürtel. Trama de corrupción que implica al PP de cabo a rabo. 200 imputados a la espera de juicio, una macro causa que supera los 2.000 tomos y lomos. Repartido en varias piezas (todas de chorizo, podríamos decir). Auténtico manual sobre los modos y maneras de unos individuos organizados para delinquir. Con esta tropa, la picaresca queda relegada a caricatura.

Bárcenas, según los testigos, era pobre administrativo en labores de intendencia a las órdenes Álvaro Lapuerta, eximido del banquillo de los acusados por “demencia” y sobre el que, aprovechando, cargan la responsabilidad del choriceo todos estos cuerdos de armas tomar. Un loco útil a la causa. Un último servicio al partido. A veces incluso son muertos los que salvan a los “vivos” si lo exige el guión. Cosas de la política necrófaga. Por supuesto, todos negaron lo que había que negar, como diría Mariano. Incluso lo más evidente, como el cobro de comisiones o la caja B y tal y tal. Nada ilegal, por más que la fiscal mostrara alguna carta inculpatoria. Niega, que algo queda. La plana mayor de Aznar recitó la misma letanía o rosario, cuenta por cuenta, que la infantísma. Es que a católicos apostólicos tampoco les gana nadie. Queda claro y cristalino que Bárcenas los tiene pillados por los webos, quiero decir, tiene los recibís, sin duda.

Aparte de la estratosférica desfachatez, se están escuchando cosas de guasa. Tras el estallido de Gürtel, Arenas y Mariano se vieron con Bárcenas y con su mujer en 2010 “una mujer muy amable y educada” –la describió el primero. Le soltaron que no seguía en el partido. Arenas describió dicha reunión como “más humana que política”. Vamos, nada de animales ni mascotas. Por lo visto, una reunión política no parece ser humana. Que no se habló –dijo–, de cosas económicas como el finiquito, pieza, esta si, elevada a joya una vez explicado por la inefable Cospedal. No. Se juntan con él para echarlo del partido porque hay muchos, vamos. “Hablamos de temas menores”. Que te echen de casa es un tema menor. Si es que además de trama, son de traca.

Y salió un clásico: se enteraron de todo por la prensa, qué útil también la prensa que tanto vale para envolver la vajilla en una mudanza como para quitar la venda de los ojos a un ex ministro o secretario general con toda la información que atesoran en tal condición. “Nunca podría entrar en mi cabeza que el PP tenía fondos en Suiza”. Jamás. Fíjate.

Pero que sepan estos advenedizos y la infanta que lo tienen chungo. El 26 de julio no hay marca que valga, la va a destrozar Mariano Rajoy (B)rey, the Box, casi nada al aparato, como decía mi difunto viejo cuando sonaba el teléfono y reconocía la voz de alguien a quien apreciaba o tenía en consideración, no quiero con esto establecer un paralelismo con Mariano. Ese día declara como testigo. Ya podríamos hacer el resumen de lo que va a decir. Que estaba en el guindo. Pero cobrando.

Paseo extreming

Hace unos días, durante mi paseo preventivo –orden de la doctora– fui alcanzado por una china (del suelo). Un proyectil de grava. Aparte del susto y del ‘pinchazo’ momentáneo quedó en nada gracias a la barba, que amortiguó el impacto. Podía haberme dado en un ojo y estaríamos hablando de otra cosa. Procedía de una desbrozadora en tareas de limpieza de un espacio público. Estaba a unos diez metros, aproximadamente. En el trayecto de ida ya me había fijado en el paisano que manejaba el aparato, despreocupadamente. Pensé en decirle algo pero no lo hice. Malo será, me dije en cambio a mi mismo (resignación gallega) y pasé con cierta cautela, visualizando lo que a la vuelta ocurrió. O sea, lo vi venir pero no la vi llegar, para entendernos. El hombre ni se enteró. Grité para que me prestara atención, cosa que no conseguí inicialmente (él llevaba protección), hasta que no acompañé mis alterados berridos con vigorosos ademanes. Apagó el aparato y atendió. Lo puse en antecedentes y le pedí que estuviera pendiente de los viandantes para evitar que se repitiera. Me pidió perdón y me dio las gracias.

Esta mañana me ocurrió lo mismo con otro descuidado, solo que no hubo chinazo. La distancia, en esta ocasión, era de tres metros, muy cerca. La escena fue similar, lo veo al ir, me quedo con ganas de decirle algo y a la vuelta, aprovechando una parada que hizo para ir a su coche a por algo lo interpelé:

—Buenos días, jefe, la semana pasada, allí mismo –le dije señalando el lugar aproximado– un operario que estaba también de limpieza me disparó una grava a la cara con la desbrozadora. Deberían ustedes extremar las precauciones cuando pasa la gente a su altura. No sé si conoce el caso de una señora que murió desangrada al ser alcanzada por un fragmento de vidrio lanzado por una desbrozadora y que se clavó en su yugular. Si esto le ocurriera, podría tener serios problemas, aparte de la desgracia en si misma (o romper unas gafas de marca, de esas que salen por un ojo de la cara, mira por donde, una seña de identidad donde las haya, seguro que de eso no sale indemne, pensé)

—¿Sabe si estaba de espaldas o de frente cuando pasó usted? –preguntó.

—Me da igual la posición en la que estuviera usted –estaba de espaldas–, si sabe que esta operación entraña peligro debería realizarla de forma que le posibilite ver a los viandantes, a buen seguro que las instrucciones al respecto así lo indican, además del sentido común.

—Mire usted, si yo estaba de espaldas no lo podía ver, cada uno tiene su forma de trabajar –añadió de cierto mal tono e ignorando mi explicación anterior.

—A ver, señor, aquí el que tendría que molestarse soy yo, potencial perjudicado, no le parezca mal, lo digo por su bien, y por el nuestro.

—A mi nunca me pasó nada de eso (esperaba la respuesta clásica), además, tengo un seguro (sería autónomo, de una contrata del ayuntamiento) –dijo, lejos de apaciguarse.

—Estupendo –argumenté, como tiene usted seguro se acabó el problema, ya puede usted cargarse a cualquiera. Será cuestión, entonces, de hablar con el ayuntamiento que le contrata y explicar lo que pasa, porque claro, las cosas no suceden hasta que suceden y que no digan luego que no estaban sobre aviso, a mi que me firmen la copia de protesta y…

—Haga usted lo que tenga que hacer y déjeme trabajar.

—Buen consejo, rematé. Adiós

Cuando me di la vuelta, escuché ¡gracias, de todas formas!, sonoramente.

He creído conveniente traer esto a colación, por si resulta de utilidad. Los paseos preventivos me provocan reflexiones preventivas. Y otras.

Zombie Gunship Survival

Tengo una hija y un hijo, por orden de llegada. Dos alhajas, del árabe ‘cosa necesaria y valiosa’. De ella he ido dando pinceladas a través de distintas entradas. Aunque merece un cuadro acabado. Pocos pintores podrían hacerlo, sin embargo; no es una cuestión de formas y colores, el alma no se deja retratar fácilmente. Si hay que bajar al plano físico, una pista: la Venus de Botticelli. No sigo porque ¡qué vais a contar de vuestros querubines!, que si digo lo que digo de los míos es porque porque no conozco a los tuyos, que no hay otros iguales (ni parecidos), que cuando nacieron rompieron los moldes, que tal y cual y la repera cósmica, limpiando la baba con la fregona todo el día. Normal. Pero allá vosotras, no pienso entrar en esa guerra, mis nenes son los mejores 🙂

En esta ocasión voy a hablar un poco de él, Xandra no se celará, al contrario. Esa etapa pelusona la dejó muy atrás y salió bien fortalecida. Ahora están tan unidos como esos hermanos que nacen fusionados, incrustado el uno en el otro, compartiendo órganos vitales y vidas en común a la fuerza, pero sin pasar por ese calvario. Un 2X1 de la existencia.

Mi hijo emigró el 2004, con 18 tacos y tres meses tras un desencanto con la carrera elegida, que había cambiado con uno de esos planes de estudios renovadores, uno de tantos (planes e hijos que emigran). Quería aprender inglés (posteriormente, nuestra ministra de desempleo, Fatídica Báñez, la que se parece al de la empanadilla de Encarna, acuñó el término “movilidad exterior” para referirse al éxodo de los jóvenes españoles tras la crisis –ya crónica– de 2008 y se quedó tan ancha. En Dublín, Borja se tituló en ‘Computer Games Design’ mientras trabajaba, en sus vacaciones, en la multinacional Vivendi Games. Tras unos años se fue a Seattle donde fue responsable del diseño del exitoso Plants vs Zombies II. Otro par de años después recaló en Karlsruhe (Alemania) como senior game designer, primero, y game lead, puesto actual, en la compañía alemana Flaregames. Participa en la producción y lanzamiento del producto, coordina los esfuerzos de marketing durante la vida útil del proyecto, asesora un equipo multifuncional. Financia, publica y distribuye el juego globalmente a iPhone/iPad además de Android. Armoniza un equipo orientado a asegurar el mayor éxito comercial, haciendo que los jugadores permanezcan en el juego el máximo tiempo posible a la vez que se atraen nuevos clientes.

A lo que iba. Acaban de lanzar al mercado Zombie Gunship Survival (si, clica, coño, clica, no te quedes ahí parao que ya bastantes tenemos, cagontó). Una paaasadaaa, ¿verdad colega? Pero oye, una auténticaa bashasa (es que me se cae la baba). En una semana dos millones de descargas. ¿Te vas a quedar sin él? ¿Pero sigues ahí plantificao, leñe? Ya estás tardando. Mira que te me vas a quedar sin zombis y luego tendrás remordimientos por tu escasa contribución a salvar nuestra civilización, por mucho que merezcamos que nos den una sobredosis de collejas. Y si no eres un friquizombi pues corre la voz y date unos brincos por las redes sociales, vas a quedar como una persona enterada, no de esas que se enredan con los titulares para presumir de cultura.

A veces pienso (cada vez menos, no compensa) que tanto viajar y tanto currar para entregarse uno en cuerpo y alma al mundo de los zombies y al de los marcianos. Claro, ahí puedes liquidar a mansalva sin problemas ético-morales. No estaría bien un videojuego acribillándonos los unos a los otros como ya lo hacemos en la vida real, no conviene repetirse. En fin, te cuento así por encima, que no soy tipo de contar las cosas por debajo:

Controlas a uno de los pocos sobrevivientes de un apocalipsis zombi. Vives casi en el cielo, como artillero a bordo de una aeronave AC-130. Desde ahí diriges ataques a las hordas de zombis. Tranquilo, tu dedo lo hace todo, arrastras el foco alrededor mientras que en una esquina de la pantalla tienes el arma que conviene a cada situación. En las “excursiones” sigues los pasos del sobreviviente. Tienes que mantener un ojo alerta porque los zombis aparecen de cualquier lado (nidos de zombi). Si crees que vas a acabar con ellos en un plisplas lo llevas claro, mejor dedícate al candy crush como lo hacen algunos de nuestros ministros en el congreso. Los muertos vivientes dan una brasa del copón (tienen experiencia), se requieren muchos golpes acabar con ellos. Para complicar, tus armas pueden sobrecalentarse y atascarse por un tiempo, a ver que haces entonces, listillo, con quinicientos zombies tratando de entrar. Lo bueno es que el juego plantea soluciones para estos trances tan estresantes (cómo no).

Bueno, ahí os dejo, estáis perdiendo un tiempo precioso. Venga, hazlo por mi churumbel, por otros dos millones de descargas, para que deje impresionado y los alemanes, a sus jefes, que ya van viendo cómo se las gasta mi niño.

borja
Foto de mi niño. Dedicada a tod@s l@s “downloaders”

Omaita Díaz & The Barones

Nada más poner el título imaginé una potente banda de rocanrol y fantaseé un rato. Susana de vocalista, pantalón ceñido de cuero, centrifugando la cabellera, desatada, tirándose en los brazos de sus fans al final de cada concierto. A su vera, con chalecos negros, piercings y tatuajes de rosas –sin espinas, son otros tiempos– Fernández, Paje, Puig y Vara haciendo virguerías, cada uno con su instrumento, con perdón. Ahora las tendrán que hacer con la lengua para regalar el oído de su nuevo jefe, que era el viejo, el mismo que decapitaron “a mano alzada” y al que dieron por muerto hace unos meses en aquel golpe de palecete, meándose de paso en la militancia que, ahora, fiel, lo ha resucitado. La supervivencia pasa con frecuencia por el servilismo. Al barón rémora ya no le vale una piel ajada, hay que pegarse a otra con mejores nutrientres, y así sucesivamente. ¡Qué pueblo ni qué leches!

Ganó el perdedor, así bautizado antes de la contienda por la gran derrotada, por eso le escuece tanto. La misma noche del fracaso, Susana dejó ver la “choni” que lleva dentro y habló –con una sonrisa tullida– del secretario general electo, no de Pedro Sánchez, que son lo mismo. Así cose el partido esta costurera sin experiencia, con fino hilo de resentimiento. La izquierda que tanto gusta a la derecha –esta si– siempre unida. La siniestra, golpista, rencorosa, cainita y desnortada. La que clona muchos de los hábitos que denuncia de la derecha rancia y ultra. La izquierda tiene muchos caminos. No todos confluyen ni llevan a Roma. Otros son simples callejones sin salida. Pena penita.

La andaluza salió con su laca de “porque yo lo valgo” y la peluca no aguantó su propia avalancha de auto suficiencia, de sobrada. Estaba tan contenta con todo su “aparato” que se olvidó de quienes lo encufaban. La tipa no entiende nada. Al día siguiente exhorta a su hueste a dar la batalla. No se ha perdido la guerra, dice. Lo que ha perdido limpiamente, con diferencia, es un proceso democrático del que debería presumir. Le llama guerra. O sea, que se vaya preparando, otra vez, Pedro Sánchez porque el Congreso del PSOE de junio bien pudiera ser la fiesta de la daga voladora. Y aún antes veremos metálicos brillos. Este es el discurso intelectual de esta huérfana de luces. De ganar ella, el votante hubiese demostrado ser inteligente. Como no ha sido así, son populistas, no conocen tan bien su gestión como los que tiene cerca y a quienes gobierna (Comunidad de Andalucía), viene a decir.

Y de ese libelo llamado El Pais, convertido en hoja parroquial, ¿qué se puede decir? Que escriben con mala baba, no con tinta decente. El Aparato ha pasado a ser chatarra barata, puros incluidos. Están jodidos. Toda la artillería no ha acabado con el llanero solitario, “su enemigo”. Están a un pelo de defender el sufragio censitario. La vergüenza ya la han perdido, no me extrañaría nada que lo hicieran. Cuando se emborracha el rico, ¡hay que alegre está el señor!, cuando se emborracha el pobre, ¡es un pobre borrachón! Mejor ser analfabeto si el premio es escapar de editoriales infames.

Nos queda una mención a la banda organizada para delinquir. Su máximo representante no llamó al ganador de las primarias del PSOE porque no quería molestarlo. Lo dice un tipo que saca de la cama a jueces y fiscales para que obstruya la justicia a su favor, es decir, a favor de los truhanes que capitanea, imputados por decenas en el saqueo patrio. Luego le piden al ganador que tenga altura de miras (*) y sentido de estado (**), frases tan bonitas y que caen tan bien sobre el Pedante Popular que no sabe hablar ni falta que hace. No tiene más dicurso que el robar.

(*) Distancia que hay en los ojos y el ombligo de quien presume de la frase.

(**) Lo que se siente tras dejar las arcas vacias sin remordimiento alguno

Sin palabras (II)

Llegó a mis ojos un artículo sobre palabras moribundas. Muchas veces he pensado en ellas sin saber cuantas son ni cuales las que sucumben sin darnos cuenta. El lenguaje económico (ahorrar letras, puntos, comas, uves y bes para acotar tiempo, espacio y maquillar carencias) se impone en los chats. Imágenes, emoticonos, stickers, etc. son la puntilla. Lapidan la palabra. Lenguas seculares con dos simples pulgares acorraladas. Somos poco creadores, vagos hasta para escribir. O pensar. El mensaje queda herido, lacerado. Queda apolillado. Vamos al encefalograma plano, véase el auge de trumps y lepenes, personajes de cómic dirigiendo nuestros destinos o a punto de hacerlo. Quizás el problema sea, precisamente, que nos conformamos con pocas palabras. Ellos saben cuales son y las manosean de continuo.

Asi que he decidido hacer un homenaje a algunas de las caídas en el camino y que extiendo a todas las afectadas por el olvido y la modernidad. Boca a boca a unas cuantas palabras o palabros que he recogido de ese desierto de amnesia. Una fibrilación. Allá vamos.

Hace poco me hice con un trastero, inesperadamente. Una herencia. Viejo deseo, ahora cumplido. El precio, de momento, es la salud. Entre vaciarlo, limpiarlo y rellenarlo con otros archiperres que me acosaban silenciosamente en casa empleé decenas de viajes. Muchos trastos fueron a parar al punto limpio, ahora menos limpio. Triste es no alcanzar ni el derecho a okupar un trastero. De todos me he acordado de noche, de día o cada vez que me movía. Bueno, me lo recordaron los huesos, los riñones, espalda, piernas, brazos manos, muñecas; miembros que interactuaron en el desahucio. Escalera arriba, peldaños abajo. En cajas, sacos, cubos y variados continentes contenedores. Cómo sería la cosa que resucité también mi viejo repertorio de tacos, no dejan de ser palabras. Alguno podría herir esos sentimientos religiosos (y otros) a flor de piel de los que hace gala esa tropa beata y ñoña sin más relleno que la religión. Tan fácil de herir con chorradas. Ostia. Si fuera un aviador, de aquellos que surcaban los aires en arriesgadas misiones, arrojaría sobre ella paquetes de cordura y algún otro repleto de sus propias contradicciones. Gente que reza mientras crucifica.

Cumplida la misión me iría de cuchipanda con los amigotes para celebrar la gesta. Me vestiría y acicalaría como un dandi, perfume incluido, lo que gusta a la beatería rancia: la falsa apariencia. Actuaría como tal. Se iban a partir los ijares de la risa (esta palabra es posible que haya muerto; la esquela pudo pasarme desapercibida). No me cortaría un pelo, ni dos, como buen descocado que soy, o por tal me tengo. Lo íbamos a pasar fetén, lo juro por las viudas de Lugo.

Cuando era un parvulito de pantalón corto, glúteos prietos, ingenuo e inocente, delicatessen para curas –alguno octogenario– adictos al sexo de niños sumisos y silenciosos amenazados de pecado mortal si hablan (el del sacerdote que sodomiza mientras amenaza es oculto o ignorado y por lo tanto venial hasta el punto que puede seguir repartiendo el cuerpo de cristo sin remordimientos), cuando era un niño, decía, me enviaba mi madre a la lechería del barrio a por la leche del día. Venía en una bolsa que se introducía en una jarra y se cortaban las esquinas para verterla en la taza como me vertía yo en la efervescencia haciendo la zambomba. Y no me quedé ciego, aunque reconozco que tengo una presbicia galopante, poca para tanto solitario como hice, dios mio. Tras el recado subía en el artrósico ascensor. Rodeado de señoras pías que no paraban de recordar ante cualquier asunto que lo importante era la salud, cosa a la que ahora me sumo sin reparo pero que entonces me parecía una pesadilla. Alabado sea dios, decían, tras interrogarme sobre lo que les parecía bien. En alguna ocasión que hablé de política le fueron con el parte a mi señor padre, las muy. Unas collejas de penitencia me reportaron, en aquella época del tardofranquismo. Mojigatas.

Quien realmente me explotaba era mi viejo. Me convirtió en su ganapán. Ni becario ni pollas. Su esclavo full time. A veces, cuando veníamos de la calle, al pasar por el estanco, le preguntaba si tenía tabaco. En un acto casi reflejo palpaba el bolsillo de la chaqueta y decía que si. Nada más llegar a casa me enviaba a por un paquete de Ducados, “papá, te acabo de preguntar si tenías tabaco y dijiste que si” –-soltaba yo, ¿qué pasa, muchacho, es que te molesta hacer un recado a tu padre? Chantajeaba él. Si solo fuera uno, pero me pasaba la vida en la calle, de paje de su majestad (esto me lo callaba). Murió de diabetes –o sus complicaciones– recién jubilado, a los 66, RIP. Podría decirse que la trabajó gramo a gramo. Tenía una dulcería favorita para los días de fiesta. Se comía los pasteles, dosificados y casi prohibidos para sus ocho hijos. Una tortura. Zamparse alguno a escondidas traía complicaciones. El problema es que yo, por ejemplo, metía uno pensando que pasaría desapercibido. Lo malo es que los otros siete pensaban lo mismo, a pesar de ser menores. El muy tal los contaba antes de enviarlos a la nevera.

En aquella época cualquier película le bastaba para ponerse cachondo. En cuanto veía una enagua, especie de tienda de campaña que llevaba la mujer bajo la falda, nos mandaba salir de su habitación, que era como un teleclub casero en el que se ubicaba la única tele –entonces un lujo– y ya se podía preparar mi vieja. Un pololo le valía, dado el caso. Fuera de la habitación.

Y de mi, qué puedo decir. Me independicé. Me fui de casa a la edad en que la ley lo permitía. No quise ser un gallofero y vivir del cuento ni de chistes. Antes de irme practicaba el pseudo pijismo, nunca lo entenderé, intentando disfrutar de las pocas libertades que me quedaban como hijo objeto. En realidad era un sucedáneo de pijo, imagino que en imitación de los verdaderos, aquellos con los que mi padre me obligó a convivir en colegios del Opus (los peores cuando aún estás por moldear) y niños repletos de pasta, la misma de la que carecíamos en casa. Por ahí iba yo de guaperas, con gafas de sol bastardas, ni Ray ni Ban, tipo policía. Y mi niqui. Con tal pinta entraba en las discotecas de moda sin percatarme de la guisa que portaba. Pardiez, ¡qué vida! Luego sí que me encontré con la Vida de verdad. Ahora no me importaría ser un zorrocloco como mi presidente «Hombre tardo en sus acciones y que parece bobo, pero que no se descuida en su utilidad y provecho» (DRAE). Así, desapercibidamente.

Otra entrada Sin palabras (I)


Karma Occidental (KO)

“El segundo es el primero de los perdedores”. Esta frase se le atribuye a Ayrton Senna, para muchos el mejor piloto de la historia de la Fórmula 1, tres veces campeón del mundo, trágicamente fallecido en Imola en el ejercicio de su pasión.

La realidad es que el mundo está lleno de perdedores, de segundos, terceros, cuartos, vigésimo primeros y últimos (estos pueden ser los primeros, dicen). Lleno de obedientes y colaboradores necesarios que mantienen a líderes mediocres, de pacotilla. Dictadores, sicópatas, ladrones. Por supuesto, lleno de vencidos, también. Estoy un poco cansado del discurso Líder – Liderazgo, a la vista de los resultados. Es fácil hablar sobre líderes. Solo hay que sacar lo mejor de cada uno aunque luego nos engañe con lo peor. ¿Quién no tiene algo de líder, una migaja? (Aunque sean los famosos quince minutos de gloria). Sin contar con las posibilidades económicas o materiales imprescindibles para llegar a la cima o habitar en la cuneta, en su defecto. No es lo mismo nacer en EEUU que en Somalia.

Hay que ser líder a toda costa. Es el mantra. La matraca. Aunque no se tenga madera. Lo demás es un fracaso, con suicidios incluidos. Las empresas buscan líderes, la política también y ya vemos en que acaba todo, para ellos. Nadie pone un anuncio “necesitamos un buen segundo”, no, siempre se buscan líderes, incluso en organizaciones que están en la cola. Si todos nos convirtiéramos en líderes terminaríamos siendo el líder n.º 1, el líder n.º 2 y así hasta el líder último o el líder tontodelhaba y vuelta a empezar. De alguna forma habría que diferenciarse. Qué cansino, el rollo. De hecho, no existirían líderes si no hubiera segundos ni perdedores. ¿Alguien se imagina una carrera de Fórmula 1 o cualquier otra sin segundos ni terceros ni el que pincha o abandona siempre? Un coñazo. O que todos cruzaran la meta empatados. Aunque la máquina dictara que entre el primero y el vigésimo hay una milésima de segundo tendríamos un vencedor y 19 perdedores. No, son necesarios los segundos, los vigésimos y los “trigéminos”. Sin segundazgo no hay espectáculo, no nos engañemos. Incluso en los reálitis seleccionan de entrada al tonto sin posibilidades que hace el ridículo, del que reírse públicamente para alcanzar audiencia antes de que se peleen los talentos y nazca el nuevo líder. Véase Got Talent o Master Chef, entre otros.

Asistimos a una avalancha de gurús, coachs y demás sabios en todos los ámbitos que podamos imaginar, algunos realmente buenos y otros de copia y pega. En cuanto han hecho dos tortillas se consideran expertos tortilleros y se dedican a enseñar a quienes llevan toda la vida haciéndolas sin saber que se llamaba tortilla. Nos estresan con la competitividad pero los de arriba no compiten, colaboran, que es la clave del éxito. Las petroleras, por ejemplo, que se unen para fijar un precio que les convenga, sin hacerse daño. Si colaboráramos, todos seríamos líderes.

Luego está esa necesidad de fusionar la espiritualidad oriental con la occidental, como si vivir en el Tibet fuera lo mismo que vivir en el centro de Madrid o en Sudán y con dos mandalas y un mantra reguláramos los diferentes “estreses” y nos equiparáramos, como si trabajar en el almacén logístico de Amazon fuera lo mismo que rezar en un monasterio tibetano.

A la masa la han obligado a competir para dividirla y controlarla. Para tener un mundo de sirvientes. Uno solo alcanza cierto grado de bondad y perfección después de muerto, cuando ya no da la lata. Las alabanzas, tras la muerte, sorprenderían a muchos de los fallecidos, que a buen seguro desconocería haber tenido tantas virtudes. Lider post mortem.

Acabo de descubrir una canción que participará en Eurovisión 2017 y que resume bien el asunto (la letra). Y además es italiana, coño.

Apoyo la moción

Hoy, tras el paseo preventivo (prescripción médica), he parado a tomar un café y leer el periódico, la prensa de papel, acción que realizo con relativa frecuencia para desvirtualizarme un poco; salir del entorno online. He constatado, definitivamente, que en la prensa escrita también se ha consolidado el bipartidismo: corrupción y futbol. Desde la portada, en la que hablan de la última trama que hace pequeña a la anterior, y casi hasta que llegas al Madriz y el Barsa, a Cristiano o Messi, que en esto consiste la sección deportiva, se va sucediendo la información de chanchullos, saqueos, blanqueos y demás irregularidades, repartidas por toda la geografía nacional. Marca España.

¿Qué cojones tiene que pasar para que la izquierda – o mejor, la siniestra– se una en causa común para desalojar a los corruptos de las más altas y bajas instituciones? Porque incluso están entrando en casa de los fiscales que llevan los asuntos de alarma social, con la doble intención de robarles documentación e intimidarlos. Quizá estemos esperando a que liquiden a uno de ellos –que el diablo sea sordo– para unir sentimientos como ocurrió con los Abogados de Atocha.

Dentro de lo poco, y legal, que se puede hacer, aparte de exiliarlos de las urnas, misión cuasi imposible debido a la plaga de ciegos que no quieren ver que padecemos en el reino, es presentar una moción de censura. Lo requiere semejante metástasis como la que estamos experimentado y que está destruyendo hasta el tejido moral. Unidos Podemos lo ha hecho y las reacciones han sido inmediatas. Al PSOE, por supuesto, todo lo que venga de Podemos “de entrada no”, en automático, sin darle un segundo al pensamiento. Uno de sus líderes espirituales, embaucador de lujo y paradigma de la puerta giratoria dijo en su día: “OTAN, de entrada NO” (que luego fue lo primero que hizo, entrar). Hablamos de Flipe Glez.

Ya han dicho claramente que no apoyarán la moción, antes de saber o intentar alguna otra alternativa. NO. Van a consagrar el eslogan que hizo famoso a Pedro Sánchez, “No es No”. Es posible que con tales manifestaciones le otorguen muchas papeletas para ser el candidato elegido en las inminentes primarias. Susanita, la lozana andaluza, habla de “oportunidad política” y de numerito. Luego están los otros del NO, Ciudadanos. Para estos, lo de Podemos es también un número de circo. La Gran Coalición, la organización criminal y estos dos. Y están los comentarios de siempre, “no es el momento oportuno” (nunca lo es) y el clásico “fallan las formas”.

Las formas. Las que tiene el PP, qué gracia. El fiscal defendiendo a los “malos”, intentando retirar al fiscal cumplidor, alejarlo de la madre de todas las tramas, al profesional que hace su trabajo sin colores políticos, frente al fiscal lacayo. Si no les importa cometer semejante torpeza ante la opinión pública, si le compensa hacer esto a pesar de todo es que no hacerlo les puede ocasionar más daño. Algo muy muy gordo se cuece y temen que salga todo. Por eso se saltan lo que las sale de ahí. Diría que son comportamientos mafiosos, qué duda cabe. O avisando al investigado, supuestamente, con tiempo para que pueda maniobrar. O paralizar un registro. O tener una denuncia dentro de su propio partido, hace tres años, sobre lo que estaba haciendo Nacho y desatenderla, castigando al mensajero (no pudo presentarse como candidato a la alcaldía de Leganés). Prefirieron creer a Nacho, que negó todo, jajaja. Todos los culpables son inocentes si les preguntas, la cárcel está llena de inocentes. Los jueces, que no dan una, ya ves. Las formas de un partido deforme. Si, tiene gracia.

No dudo de que la propuesta de Podemos pueda tener varias interpretaciones, dobladillo o mala fe. De hecho no presentan un candidato (como exige una moción), lo dejan en segundo plano y no se postulan para el cargo. La moción se llevará a cabo cuando toque, sin el apoyo de PSOE y Ciudadanos. Lo que en realidad les preocupa a estos es que se van a tener que retratar, otra vez, y les viene fatal, inmersos como están los primeros en campaña de primarias y en coser el partido, sin ningún zurcidor/ra en la casa, ni toda la gestora junta es capaz de hacerlo. Y de estas guerras siempre sale airoso el que está de mierda hasta el cuello, curiosamente, aquellos a quienes hay que desalojar. Cuanto más contra las cuerdas están, más se empeña la inepta oposición en rehabilitarlos, y lo hacen tan bien que el PP desea incluso estas pataletas, se parten el culo de risa. Estas peleas de inútiles es su mejor baza para perpetuarse. La salvación viene de la oposición.

Si algún día me pillan robando una gallina pido al altísimo que me envíen a la prisión del Soto del Real. Por lo menos puedo hacer un master en saqueo de alto standing, mira que no hay allí un elenco de gurús en la materia que quita el hipo, Ignacio González y su hermano, entre otros. Y los que han pasado: Luis Bárcenas, Díaz Ferrán o Correa. A ver si me hago un hombre “honorable”. Como Jordi Pujol, padre, hijo o demás familia, me da igual. Me están entrando unas ganas locas de ir a por la gallina, que lo del Canal de Isabel II lo tengo más chungo. Mientras no tenga el master…y el carné del Partido.

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