La culpa es de un chorizo (asado)

A partir de ahora es mi intención evitar que la pira gallega caiga en el olvido poniendo mi granito de arena. Seré una mosca cojonera. Si pierdo lectores en esta empresa, lo sentiré. Si los mantengo o los gano y me ayudan, nunca lo olvidaré. Hoy por ti, mañana por mi. Hay que romper la ‘dinámica estática’. Por supuesto, toda ayuda será bien recibida. La foto de la cabecera es del magnífico humorista gráfico Davila, gallego hasta las cachas, como se dice por aquí. Hago extensivo mi dolor a Portugal, la tierra de mi madre, y a Asturias, la de mis queridos primos hermanos. Le deseo a mi presidente que tenga la conciencia limpia y tranquila. Si no es así aún está a tiempo de repararla.

Desde ya pongo una vela a la memoria de los gallegos. Por favor, acordaos a la hora de votar. Las urnas pueden evitar muchos fuegos, impedir que lleguen a nacer. No dejemos que lo vivido y sufrido no valga para nada. Toca convivir, una vez más, con la mueca espantosa de un país torturado y llagado. Con unos malditos bastardos que han dejado todo quemado y bien quemado. Nosotros rezaremos para que no vuelva a ocurrir. Otros implorarán que pase el tiempo –ese que calcina la memoria– para obtener la redención y volver, estos sí, a olvidarnos sin piedad.

Empiezo con un chiste. Una mujer se va a una iglesia a formular un ruego. Virgencita virgencita, solo te pido tres cosas: Que mi marido no me engañe. Si me engaña, que yo no lo sepa. Y si lo sé, que no me importe. Póngase PP donde dice marido y tenemos la idiosincrasia nacional.

Fejóo ha empezado a disparar con pólvora del rey, a soltar la pasta que no es suya. Ayudas a los que no tenían seguro. Con el Prestige se regó a todo cristo y el PP tuvo mayoría absoluta. Da que pensar. Ahora hablan de repoblar ¿eucaliptos y pinos para favorecer a los mismos? ¿Vamos a alimentar el monstruo? Somos así.


Emulando a Aznar diría que los que idearon el terrorismo incendiario en Galicia no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas. No creo que en mi tierra se celebre un congreso anual de incendiarios ni que padezca una epidemia de ellos que nos distinga de otras comunidades. Tiene que haber una explicación a tanta locura. Aunque no nos guste debemos encontrarla.

El 99% de los incendios de Galicia tienen causas humanas y el 75% son intencionados. Intuyo que entre los últimos se esconden intereses hijos de la especulación, del capitalismo salvaje que asola el planeta. Desde 1991 han ardido cerca de 700.000 hectáreas. Siete mil kilómetros cuadrados, casi el 24% de la superficie gallega. Cuando residía en Vigo vi desde mi casa cómo durante años ardía un área concreta de Domaio, al otro lado de la Ría. Ahora hay allí un campo de Golf con preciosas vistas. En Baiona, que casualmente fue acorralada por el fuego estos días, está proyectado otro. En su día escribí sobre un proyecto de megaminería contaminante que amenazaba a Costa da Morte. Algo así como un nuevo Prestige. Debe haber algo de verdad en mi visión negativa; en 2016 hubo 200 activistas asesinados en el mundo por defender el medio ambiente.

Me acuerdo cuando el actual presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, decía que con el anterior gobierno moría gente y con él no. Incluso frivolizó con los incendios de 2006, año también duro. Se hizo una foto con una manguera y sus zapatos Sebago simulando apagar un fuego. Ahora tiene cuatro muertos en la mesa. No le gustan las críticas que le están cayendo de la oposición. Dice que él no culpa de los incendios a ningún partido político. Hace días despidió a 436 brigadistas asegurando que no afectaría a la lucha contra el fuego. En la zona atlántica el riesgo bajó de forma evidente, dijo. Cuatro días después Galicia era un barrio del infierno. Queda por saber quién era el Diablo. Volvieron a llamar a los brigadistas pero los vehículos habían sido devueltos junto con herramientas, equipos de protección y las emisoras desmontadas. El mismo día del desastre no estaban operativas ni el 20% de las brigadas.

La reacción del presidente tras la catástrofe fue comprar espacios en varias cabeceras de prensa para difundir su discurso centrado en la tesis del terrorismo incendiario. Es su Séptimo de Caballería, la prensa bienpagá, no falla. Tenemos que leer que Feijóo fue duro en sus declaraciones, que Galicia no merece este dolor, que no arde sola, que la queman, que los terroristas no nos representan (vaya chorrada, ¿nos representa él?) y que está harta de verse amenazada cíclicamente por incendiarios. Aquí hago una parada, obligado por el cíclicamente. El PP lleva gobernado en Galicia desde 1990 con mayoría absoluta, salvo el tramo 2005-2009, o sea, 23 de los últimos 27 años. Tiempo en el que, repito, han ardido setecientas mil hectáreas. Feijóo, concretamente, gobierna desde 2009. ¿Que se ha hecho al respecto bajo este dominio aplastante? Solo desde el pasado día 15 han ardido ¡35.000 hectáreas!, tanto como los tres últimos años juntos. Los palmeros mediáticos salen al rescate: “la rápida reacción del gobierno gallego EVITA MALES MAYORES”. Esperpéntico. ¿Males mayores?, ¿Chérnobil?, ¿Fukushima? La prensa es un cártel de los más dañinos.

Su argumentario siempre es el mismo. Echar la culpa a todos menos a él. Este año se sacó de la chistera el terrorismo incendiario. El que viene será el sicópata del fuego. Renovarse o morir. Culpó incluso a Portugal porque ‘sus’ incendios habían cruzado el río Miño. Impresentable. Sus declaraciones son una charlotada, perogrulladas, el discurso de un político ineficiente. Hubiese preferido su dimisión. La responsabilidad bien entendida empieza por uno mismo. En Portugal, por cierto, dimitió una ministra. Verbo desconocido aquí. Todos los años saldamos el tema con un par de detenidos, exhibiéndolos en los medios, como en 2016. Acabo de ver el detenido de 2017, recién pillado, estaba el pobre hombre asando chorizos. Feijóo respira, estos pagarán un año más los platos rotos y la inacción de sus ocho años.

Como agradecimiento a esa gente que luchó hasta la asfixia para salvar lo que se podía les paga con su ausencia en el Parlamento Gallego el día que había que dar la cara. Trae a la ministra Tejerina, de agricultura y pesca, a decirnos que tenemos el ‘mejor aparato’ del mundo mundial en lucha contra incendios mientras los paisanos no ven más que cenizas a su alrededor, hay que ser torpe. Eso sí, las cadenas públicas TVE (nacional), TVG (gallega), ambas en manos del PP, ninguneaban la realidad. La 1 emitía un programa de Carlos Herrera, seguido de una película. La TVG comenzó a informar cuando ya había víctimas. Es que también se paga por silenciar.

Blanco y en botella. Estando ardiendo Galicia, el PP aprobó la Ley de Fomento de la Implantación de Iniciativas Empresariales en Galicia, conocida como Lei de Depredación. Simplifica los trámites administrativos de supervisión ambiental y patrimonial para diferentes proyectos empresariales, concretamente en el ámbito de la minería, instalación de generadores eólicos y en la explotación forestal del monte. Reduce la capacidad de los ayuntamientos para decidir ante grandes proyectos empresariales y facilita la expropiación de tierras en beneficio de estas actividades. Significa una desregulación completa, elimina muchas precauciones ambientales, actúa en contra de los derechos de los administrados. Expertos y activistas advierten de los efectos perjudiciales que pueden tener en el medio rural y, en última instancia, en la ordenación y gestión sostenible del territorio. Esta propuesta de ley ahonda en un modelo que causa el abandono y el envejecimiento del medio rural, aumentando el riesgo de incendio. El modelo de capitalismo de amiguetes, reduce la transparencia y evita que las pequeñas empresas gallegas compitan en libre competencia con otras. Puede ser el salvoconducto para la permanencia de ENCE, legalizar el campo de golf de Bayona, construir la gran área comercial de Porto Cabral o explotar la mina Touro. ¿Les suena lo de la mega minería? Y es que el negocio del fuego también tiene puertas giratorias.

Lo más explícito que he visto hasta el momento para entender tanta locura es un artículo de Xavier Vázquez Pumariño (gracias, Lourdes) en el que, hablando de la industria del fuego en Galicia, sentencia: “Yo siempre digo que la mafia está en el DOG” (Diario Oficial de Galicia, equivalente al BOE, Boletín Oficial del Estado). ¡Qué miedo! El enemigo en casa. En el gobierno.

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Resúmen de Davila
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Feijóo de cachondeo en 2006

Feijóo

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Cuatro víctimas mortales. Dos mujeres en ese coche (Nigrán)
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‘O Xigante’, de Mario Iglesias González
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Un paisano de Ourense
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Llanto
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Buscando algo de pasto
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Impactante foto de Salvador Sas: Un madre ‘rescatando’ a su cachorro calcinado
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Pantomima: comprando cabeceras de prensa. Hasta otro año.

Nunca Mais Incendios

Post Scriptum. Mi amigo Antonio informa en su comentario sobre el vídeo que adjunto a continuación. Hago constar que en el último enlace de esta entrada sobre la industria del fuego, Xavier Vázquez Pumariño habla exactamente de lo mismo. El vídeo constituye, por lo tanto, un complemento gráfico de valor para comprender qué ha pasado y seguirá pasando si continúan favoreciendo estas criminales políticas forestales.

http://www.farodevigo.es/multimedia/videos/gran-vigo/2017-10-17-130800-fueron-eucaliptos-responsables-oleada-incendios-vigo.html

Huele mi tierra

Hoy mi tierra huele a esencia de apocalipsis. Lo he olido durante 180 kilómetros. A humo de cenizas y brasas. Huele a palurdo del terruño. Le molesta la naturaleza rebelde libre y orgullosa. La doblega con lumbre asando su propio hábitat. Desbrozan con fuego para descubrir los lindes de las propiedades desaparecidas entre la espesa maleza tras años de abandono en el destierro de la emigración. Herramienta que sale gratis. Huele a hombre primitivo que ansía el terreno ‘limpio’ en el que ramoneen sus cabras y ovejas junto a los cabrones que prenden fuego para que así sea. Huele a delincuente, a mercenario a sueldo. A Pirómano. Huele al Guinness del incendiario. A soluciones a corto plazo, a medidas electoralistas. Huele a votos y a canallas. Huele a disculpa barata, año tras año. Huele a gobiernos cobardes. A pan para hoy y hambre para mañana. A gente ciega de futuro. Huele a cateto, a hipotenusa. A círculo vicioso. Huele a la fiesta macabra del fuego, imparable. Huele a hartazgo.

Huele a incomprensión: no entiendo cómo en Navarra o el País Vasco no hay incendios teniendo tanta masa forestal y mucho menos presupuesto para combatirlos. Ah, sí, lo he oído, “el monte es nuestro y, si queremos, lo quemamos”. Huele a la Galicia oscura y rancia.

Feijóo

Surrealismo total

Un cachondeo. Una locura. ¿O es maquiavélico a posta? Puigdemont se salta las leyes del Estado y se salta las que hace su gobierno de la Generalitat (“si gana el SI en 48 horas se proclamará la República Catalana”, no fue así) Lo que parece ser: pide al Parlament que suspenda la declaración de independencia, no la independencia. ¿Habrá que votar otra vez? Por otro lado, si quieren negociar tendrán que explicar qué es lo que quieren negociar. Para empezar, deberían aclarar qué legislación rige ahora en Cataluña, es una autonomía o una transitoriedad. La repanocha.

Dentro de la locura hubo un brote de cordura, aparentemente. Hay que verlo en positivo. Creo que ha sido un alivio momentáneo deseado, seamos sinceros. Había que frenar el tren. Hay que aprovechar la parada. A Puigdemont y Cía solo les queda que el PP la cague, cosa muy fácil: no sabe hablar, no sabe escuchar, o sea, el diálogo, ni está ni se le espera. Saben que el PP es de ‘disparo’ fácil, se calienta enseguida y sale a cargar. Entran como un elefante en la cacharrería, matan moscas a cañonazos. No ha sido tan mala decisión ese frenazo in extremis. No la peor. Ese kit kat, ese engendro de si pero no o independencia interruptus es un balón de oxígeno. Europa, el mundo, observará ahora la exasperante ineptitud de Rajoy y hasta es posible que Merkel le de un toque y le diga que se mueva. Tiempo en el que el Gobierno Central puede hacerlo tan mal que la causa independentista vuelva a sumar apoyos internacionales. Lo que quiere el procés. Es como si acabáramos de empezar. Unos son marrulleros y los otros de mono-neurona, mal asunto. Houston, tenemos un problema.

Pilates

Como complemento a mis paseos preventivos, siempre hermosos visualmente aunque ciertamente rutinarios, me apunté a Pilates. Lo hice, además, porque soy propietario de una artrosis lumbar de tomo y lomo, más de lo último. Sin prisas pero sin pausas acabará por poseerme. Al levantarme tras una prolongada sentada tardo minutos en alcanzar la plena verticalidad. El lado bueno es que en ese tiempo obligado a mirar al suelo descubro dónde había ido a parar la puta aceituna que saltó del plato la noche anterior escapando del tenedor o cómo tengo las uñas de los pies, entre otros hallazgos.

He oído hablar mucho del famoso método. Usado para prevenir y curar el dolor de espalda, entre otros múltiples beneficios, aunque mi doctora dijo que esto no me lo cura ni dios. Algo hará, me dije yo. Allí me fui, al pabellón de un IES de mi pueblo. Martes y jueves, de siete a ocho de la tarde. Una horita. Dieciseis mujeres y el menda. Este dominio aplastante de féminas en la disciplina hizo que tardase años en decidirme. Los machos siempre hemos sido más de gimnasia cachimán y pecho lobo, antes que aerobic y Pilates varios. Conste que para romperme solo necesito moverme, en casa, fuera, donde sea. No es la primera vez que el mismo día que comienzo unas vacaciones hipoteco todos los demás por gestionar mal una escalera. Y eso que soy gallego. Para partir la crisma no importa si se sube o se baja. Bueno, a veces tengo suerte y me parto el último día, algo es algo.

Cuando mi hijo era pequeño le trajeron los reyes magos una tabla de skate. Sin perder un minuto salimos a buscar una pista en la que enseñar al crío unas nociones básicas de patinaje y aprendió lo rápido que puede caerse uno de la tabla. Entre subir al patín y un esguince que me tuvo de baja quince días pasó un segundo. Menos mal que había poca gente y estaba a lo suyo. O el verano que me empeñé en aprender windsurf en la playa del camping en el que veraneábamos. Mis hijos de espectadores, mi orgullo a reventar. Caí tantas veces de la tabla que se preguntaron los pobres si no me hubiese compensado más un curso de buceo. En cuanto me alejaba unos metros, hala, chapuzón. El monitor se cansó de ir a por mi y la ató con una cuerda a un ‘muerto’ en el fondo para ahorrarse viajes. En cuanto llegaba al final del recorrido que marcaba el cordel paraba en seco y caía igualmente. Me resultó imposible perfeccionar el estilo. Pasé una vergüenza bárbara.

Llevo dos sesiones de Pilates y bastantes molestias nuevas. Tengo un ‘punto’ peregrino que recorre mi estructura y escapa a mi control. Un pinchazo que va del omóplato izquierdo al lado derecho del centro de la columna vertebral y ahí se queda, meneándose de arriba abajo y retorciéndose como una de esas bailarinas en la barra americana. Sexi no es, pero jode. No sé cuántas etapas ha decidido hacer este llanero solitario. Visión positiva: el dolor de espalda ha perdido el protagonismo y tiene que competir con otros. Si me olvido de la molestia y hago un movimiento de toda la vida, zas, aparece la puñetera. De no establecer relación con los ejercicios pensaría que tengo osteogénesis imperfecta o filatelia bilateral distrófica. Algo feo de cojones. Eso de los huesos de cristal. Me veo hecho añicos. Me animo, esto desaparecerá pronto, pienso, y es verdad, aparece otra cosa.

La elasticidad no está hecha para mi cuerpo. Soy poco estirado, perdonen la humildad. Para mi que me soldaron al nacer. Además, para qué coño necesito tocar el suelo con los dedos de la mano o pasar la pierna derecha al otro lado de la izquierda doblando luego las dos manteniéndolas cruzadas mientras se echa el torso hacia adelante intentando tocar la colchoneta. Una pesadilla. He visto alguna risa a mi costa, claro, como las mujeres tienen más elasticidad. Estoy por subir unos youtubes, a ver si hay suerte. En el peor de los casos la gente se partiría el culo, sanamente, algo de agradecer en estos momentos duros que atraviesa mi país.

Pilates es un sistema de entrenamiento físico y mental. De momento estoy con lo físico, por decir algo. Lo ‘mental’ espero que sea más llevadero porque tengo el coco lleno de malos pensamientos, uno de ellos dedicado al mismísimo Pilates. Fácil imaginar el tuneo que he hecho con un exabrupto de mi época. Si algo salía mal decíamos me cago en Pilatos. He actualizado la frase. Sencillo, cuestión de cambiar una vocal.

Pero no hay que exagerar, tengo momentos buenos, uno es al principio cuando colocamos la colchoneta y el aplauso de la monitora que anuncia el final de la sesión. Lo positivo, he podido escribir este post.

El Puto Donald, ¿o era pato?

Estados Unidos es la tierra de la oportunidades. Y del disparate. Vean sino. Un tipejo que lanza rollos de papel sobre una población exhausta tras el paso del huracán María emulando un triple de Maiquel Yordan puede llegar a presidente. Es un simpático patético. El payaso de la decadencia. Hay que reírle las gracias mientras tenga a mano el botón rojo. Del servilismo también se come. Me apena ver a la gente recoger el ‘balón’ como si fuera de oxígeno en lugar de arrojárselo al estropajo; tal vez piensen que una foto histórica bien vale tamaña ofensa, aunque haya personajes que pasen a los ‘anales’ por haber dejado, precisamente, un rastro de mierda desde que nacen. Sujeto rencoroso, no olvidan una crítica hasta condenar de forma desproporcionada al autor. Odia decirles a los sin tierra sin techo sin agua ni alimentos que ha gastado mucho dinero en su país, pero se lo dice. Luego toma el Air Force One para regresar a su tierra de oportunidades sin haber perdido la suya de humillar a los boricuas, de los que a buen seguro hubiese podido aprender mucho sobre humanidad.

Debería haber una justicia instantánea que desterrara a individuos como estos a Plutón, aunque los plutonianos no tengan ninguna culpa. Mientras tanto, juegan a presidir el país de las ‘libertades’.

¿Vive aquí la Cordura?

Se dice que la primera víctima de una guerra es la verdad. No sé en qué bando está la verdad en este enrarecido clima. Es posible que en los dos pero ambos la quieren al cien por cien. Lo que parece claro es que está contaminada y la razón no es capaz de depurarla. Hemos entrado en un callejón sin salida con vistas a un precipicio. En España no hacen falta huracanes o ciclones, sabemos fabricar nuestras propias espirales. Las espirales son sordas, son autistas. Difíciles de manejar, solo saben hacerlo sus diseñadores y aún así se les puede ir de la manos. A veces toman la forma de masa humana. Un alud sin cerebro que arrasa todo a su paso. Solo cuando la masa se estrella y se despedaza afloran las dudas y las reflexiones entre los supervivientes: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué nos ha pasado? Es el objetivo de la masa, dejarlo todo para mañana y que vuelva a caer en el baúl inservible de la Historia.

Hemos llegado hasta aquí porque los señores que deben servirnos se han empeñado en hacerlo. No son señores. Tuvieron la solución en sus manos, hace años, cuando era fácil. Pero solo piensan en clave electoral. Para estos inútiles servidores que están en el origen de los males no hay discurso del rey. El castigo es siempre para quienes no lo merecemos. No acabamos de aprender esa lección. Ahora la solución es difícil, traumática. No para ellos, sino para nosotros, por eso no les importa levantar barreras y escollos cuantas veces sea necesario. Saldrán indemnes de su nueva tropelía. Pedirán perdón, dirán que se han equivocado. Y que hay que pasar página. Todo le saldrá gratis. Pueden jugar como quieran, pueden destruirnos la vida de mil maneras, una de ellas es enfrentarnos, de nuevo. Se han vendido más banderas de España que cuando ganamos el mundial de fútbol. Se junta la gente en la Cibeles a cantar el ‘cara al sol’ y no pasa nada, que es mucho pasar.

Jamás tomaremos conciencia de que sin peones no hay ajedrez. No hay enroques ni jaques mate. Solo tenemos que saber movernos sin dejarnos mover, jugada tan díficil de ejecutar que a menudo acaba en el inmovilismo. Cuando llega el discurso real es muy mala señal, sobre todo si se escora a un lado en concreto. Nos gusta ser mandados y dirigidos pero nos gusta votar cada cuatro años para creer que somos nosotros quienes mandamos y tener la conciencia tranquila. Creemos que tenemos autoridad, aunque no pasa nada si nos la destrozan entre voto y voto. Padecemos el síndrome de Estocolmo.

Cuando se va la mano

Dicen del gallego que si te lo encuentras en una escalera no sabrás si sube o si baja. Que responde a una pregunta con otra pregunta ¿Es usted gallego? ¿Por qué lo pregunta? (le llaman contestar ‘a la gallega’) No sé si es bueno o malo o qué importancia puede tener que suba o que baje. Lo de responder con otra pregunta es una manifestación de desconfianza por los palos recibidos, han dejado huella en el ADN.

Si el gallego es Mariano Rajoy, dudarás incluso si se trata de él, lo negará cuando interese o si el ambiente en la escalera le parece hostil. Negará, como Judas negó a Cristo. Como niega la corrupción y a Bárcenas en el siglo XXI. Puede que incluso envíe fuerzas del orden a despejar las escaleras para que nadie le moleste con preguntas. O poner un plasma u holograma en el descansillo aunque se encuentre presente. Dirá que hay que subir cuando hay que subir y que hay que bajar cuando hay que bajar, que una escalera es una escalera y un vaso es un vaso. Dirá que de lo otro, ya tal. Para hablar de unidad dirá que la escalera está formada de muchos peldaños y si falta alguno ya no es una escalera. Perogrulladas. Puede estar hablando horas sin decir nada. Repetir lo mismo como un loro. Maestro en el lenguaje de la política, tan vacuo. Desquicia. Gana por agotamiento, su único ‘mérito’ y su mejor arma, al mismo tiempo. Habrá quien quiera tirarse por el hueco de la escalera o por el agujero que deja el carcomido peldaño catalán antes que soportarlo. No tiene nada que envidiar a Trump, es tan zorro como el Chucky yanqui y no tiene tantos ojos encima para vigilar sus felonías como aquel. Ahora todos miramos para Cataluña, horrorizados, para gusto de la anguila. Siempre hay motivos que favorecen la cualidad escurridiza de Rajoy. La suerte le acompaña y él sabe entrenarla.

Del catalán dicen que ‘la pela es la pela’. En defensa de este credo son también agotadores. Por lo menos sacan algo en limpio. Aunque resulte poco solidario. Se escudan en lo que les robó España, sin hablar de su 3% y otras obscenas tajadas que dejan en un juego de niños muchos desfalcos nacionales. Solidaridad, un valor en decadencia. Ganen o pierdan, siempre ganan. Sus dirigentes han apoyado tantas veces al ahora opresor a costa del aumento de oprimidos, todo por la pasta, que mi desconfianza gallega no descabalga. Si ahora, en la nueva y vieja apuesta cíclica, toca poner otra vez el país patas arriba, pues se pone. Igualico que Mariano, al que se le fue la mano. Claro que como es gallego no sabemos si Rajoy lo pone patas arriba o patas abajo. Y tiene los huevos de decir que toda Europa está con él. Obviamente no ha visto los titulares de la prensa internacional. La letra no entra con sangre, con porras o pelotas de goma, lo que entra de esa manera son ganas de ser cada vez más separatista. Si uno piensa en la calaña que defiende la Unidad a hostias, dice tela. Si uno piensa en los tipejos que le hacen el juego a los otros y mandan carne de cañón a los pies de la caballería para fabricar mártires para SU causa, dice telita. No hay salida, estamos rodeados. La salida pasa por la coherencia, otro valor que desertó en nuestra clase política. Que dimitan Rajoy y Puigdemont, ambos tienen un CV temible con una larga experiencia huérfana de razón. No valen para una empresa en la que prime el diálogo y el consenso. No vale un pirómano que ama el fuego y odia a los bomberos. Y eso es justo lo que tenemos. Iros, indecentes!