Pilates

Como complemento a mis paseos preventivos, siempre hermosos visualmente aunque ciertamente rutinarios, me apunté a Pilates. Lo hice, además, porque soy propietario de una artrosis lumbar de tomo y lomo, más de lo último. Sin prisas pero sin pausas acabará por poseerme. Al levantarme tras una prolongada sentada tardo minutos en alcanzar la plena verticalidad. El lado bueno es que en ese tiempo obligado a mirar al suelo descubro dónde había ido a parar la puta aceituna que saltó del plato la noche anterior escapando del tenedor o cómo tengo las uñas de los pies, entre otros hallazgos.

He oído hablar mucho del famoso método. Usado para prevenir y curar el dolor de espalda, entre otros múltiples beneficios, aunque mi doctora dijo que esto no me lo cura ni dios. Algo hará, me dije yo. Allí me fui, al pabellón de un IES de mi pueblo. Martes y jueves, de siete a ocho de la tarde. Una horita. Dieciseis mujeres y el menda. Este dominio aplastante de féminas en la disciplina hizo que tardase años en decidirme. Los machos siempre hemos sido más de gimnasia cachimán y pecho lobo, antes que aerobic y Pilates varios. Conste que para romperme solo necesito moverme, en casa, fuera, donde sea. No es la primera vez que el mismo día que comienzo unas vacaciones hipoteco todos los demás por gestionar mal una escalera. Y eso que soy gallego. Para partir la crisma no importa si se sube o se baja. Bueno, a veces tengo suerte y me parto el último día, algo es algo.

Cuando mi hijo era pequeño le trajeron los reyes magos una tabla de skate. Sin perder un minuto salimos a buscar una pista en la que enseñar al crío unas nociones básicas de patinaje y aprendió lo rápido que puede caerse uno de la tabla. Entre subir al patín y un esguince que me tuvo de baja quince días pasó un segundo. Menos mal que había poca gente y estaba a lo suyo. O el verano que me empeñé en aprender windsurf en la playa del camping en el que veraneábamos. Mis hijos de espectadores, mi orgullo a reventar. Caí tantas veces de la tabla que se preguntaron los pobres si no me hubiese compensado más un curso de buceo. En cuanto me alejaba unos metros, hala, chapuzón. El monitor se cansó de ir a por mi y la ató con una cuerda a un ‘muerto’ en el fondo para ahorrarse viajes. En cuanto llegaba al final del recorrido que marcaba el cordel paraba en seco y caía igualmente. Me resultó imposible perfeccionar el estilo. Pasé una vergüenza bárbara.

Llevo dos sesiones de Pilates y bastantes molestias nuevas. Tengo un ‘punto’ peregrino que recorre mi estructura y escapa a mi control. Un pinchazo que va del omóplato izquierdo al lado derecho del centro de la columna vertebral y ahí se queda, meneándose de arriba abajo y retorciéndose como una de esas bailarinas en la barra americana. Sexi no es, pero jode. No sé cuántas etapas ha decidido hacer este llanero solitario. Visión positiva: el dolor de espalda ha perdido el protagonismo y tiene que competir con otros. Si me olvido de la molestia y hago un movimiento de toda la vida, zas, aparece la puñetera. De no establecer relación con los ejercicios pensaría que tengo osteogénesis imperfecta o filatelia bilateral distrófica. Algo feo de cojones. Eso de los huesos de cristal. Me veo hecho añicos. Me animo, esto desaparecerá pronto, pienso, y es verdad, aparece otra cosa.

La elasticidad no está hecha para mi cuerpo. Soy poco estirado, perdonen la humildad. Para mi que me soldaron al nacer. Además, para qué coño necesito tocar el suelo con los dedos de la mano o pasar la pierna derecha al otro lado de la izquierda doblando luego las dos manteniéndolas cruzadas mientras se echa el torso hacia adelante intentando tocar la colchoneta. Una pesadilla. He visto alguna risa a mi costa, claro, como las mujeres tienen más elasticidad. Estoy por subir unos youtubes, a ver si hay suerte. En el peor de los casos la gente se partiría el culo, sanamente, algo de agradecer en estos momentos duros que atraviesa mi país.

Pilates es un sistema de entrenamiento físico y mental. De momento estoy con lo físico, por decir algo. Lo ‘mental’ espero que sea más llevadero porque tengo el coco lleno de malos pensamientos, uno de ellos dedicado al mismísimo Pilates. Fácil imaginar el tuneo que he hecho con un exabrupto de mi época. Si algo salía mal decíamos me cago en Pilatos. He actualizado la frase. Sencillo, cuestión de cambiar una vocal.

Pero no hay que exagerar, tengo momentos buenos, uno es al principio cuando colocamos la colchoneta y el aplauso de la monitora que anuncia el final de la sesión. Lo positivo, he podido escribir este post.

Si quieres

Si quieres digo que eres única, que no hay otra como tú, que eres la más bella, jamás vi otra mujer igual. Te digo todo de bueno, si lo deseas escuchar. Es declaración frecuente, hecha por amante vulgar. Se lo dijo a la anterior, se lo dirá a la siguiente. Ni la única ni la primera, ni la última serás. Serás, en poco tiempo, cari, churri, mi cielo. Un amor innatural, única…mente clonado, como todos los demás. Mientras, otea el horizonte, buscando otra presa ideal. Pronto olvidará tu nombre, tesoro, no es nada personal.

O puedo decirte la verdad. Que eres mujer corriente, como el aire que respiro, como el agua de la fuente, como el sol que me calienta, como la luna en mis noches, que muere, sin hacer reproches, en brazos de un nuevo día. Pero eres esa corriente, que me lleva, que me trae, que me arrastra con su fuerza, o que irradia su luz, iluminando mi mente. También puedo decir, me gusta tu arquitectura, la vidriera de tus ojos, el destello de tu mirada, bajo esa visera hecha con tus pestañas. Me gusta el balcón de tu sonrisa, los pasamanos de tus piernas y tus brazos, cómo cruje tu edificio, al cruzar bajo los arcos de tu boca, de tu vientre. Me gustas, exploradora, recorriendo mi superficie, trazando un mapa, con besos y caricias, metiendo coordenadas en el centro de mi GPS. Para que sea difícil perderte.

Todo eso te diría, con alguna tontería.

Monólogo ‘sesual’

Me gustan los monólogos graciosos. Esa gente que sube a un tablado, aparca el miedo escénico por unos minutos y va tejiendo un discurso de humor. Con alguno solo sonrío, con otros río. Pocos, muy pocos, me sacan una ristra de carcajadas que me obligan a llevar la manos a los ijares para sujetar la verticalidad. Evitar partirme de risa, precisamente. Entre llorar o mearme de la risa me quedo con lo primero, por cuestiones prácticas. Ambas cosas son graciosas. Si le preguntas al humorista quizás escoja la diuresis por haber llevado el humor tan abajo (sin pensar en el inconveniente). Debe sentar mejor que un aplauso. Podría incluir en su página personal los efectos causados en sus intervenciones, sobraría cualquier otra publicidad: Pepito Guasa, el humorista que te hará mear o llorar de risa, según confiesa el 12,7% de público a salir de su espectáculo (sin concretar lo qué). Yo reservaría, sin duda. En cambio, poco chiste tendrá la cosa para el propietario de la sala.

Lo de llorar se arregla rápido cuando las lágrimas son de humor. Si llevas una máscara de pestañas barata es otro cantar (gracias Gemma). Empapar gayumbos braga pantalón es una ‘gracia’ distinta. Lejos de ser un drama genera todavía más momentos gloriosos. Hablo por ‘experiencias’, conozco una familia bastante meona por naturaleza (de riñón perfecto) y he visto cómo ante una sesión de risa no se salvaba ni el sofá, que ya está marchito de los efectos colaterales del humor casero. En una ocasión, practicando sexo y humor a la par, cosa muy sana, me sorprendió la lluvia dorada de mi compañera al retirarme, quizás bruscamente, de tan feliz unión mientras aún se desternillaba con no sé qué ocurrencia, sin tiempo para defenderme, ‘dibujando’ de paso un ‘siete’ en el butacón. O aquella otra en que, la misma partenaire –y la misma práctica– salió huyendo entre risotadas de la cama al baño dejando un rastro en la moqueta del hotel que nos llevó un rato eliminar con la ayuda de unos metros de papel higiénico colocado en fila india y pisoteado. Los momentos fueron únicos, pero lo dicho, prefiero llorar.

No es que me guste especialmente mezclar la sonrisa vertical con la carcajada dental, cada cosa tiene su momento, pero es la crónica inmediata de los pormenores de la pasión recién sofocada lo que a veces desata la hilaridad, por muy serio que sea el sexo. Cosas ocurridas antes, durante o al final, en medio de los fuegos artificiales del éxtasis. El humor también da mucho placer.

Enviado desde mi iPhone

Hace una porrada de años, cuando mis hijos (chica y chico) entraban en la adolescencia les compré alguna ropa de marca. Lo primero que hicieron fue quitarle la etiqueta de ‘Levi’s’ al pantalón y de la misma forma obraron con otras prendas ‘último alarido’, dejándolas huérfanas de marca, anónimas. De entrada tuve un leve sofoco, sentí que había tirado la pasta. Luego fui feliz. Nunca más volví a repetir ese pecado. Así continuaron durante esos años difíciles en que la marca de la prenda era la seña de identidad de los seres del acné. Salieron indemnes. Una lección que no esperaba. Ahora que están fuera de mi tutela me consta que en sus vidas en el extranjero en países poco mediterráneos, de gastronomía fast food, se han metido en el cuerpo comida basura marca macdonal o burriking, por exigencias del guión. También sé que tienen imacs, ifones, ipades imascosas (en su ‘descargo’ informo de que mi niña trabaja en apple y accede a descuentos).

Hablando del iPhone y de la rúbrica que por defecto incluyen en sus comunicaciones: ‘Enviado desde mi iphone’, o ipad, si se trata de su hermana mayor en tamaño. Respecto a ese autógrafo final, tan impersonal como apreciado, pueden existir varias interpretaciones.

Los que no saben cómo quitar la firma. Esto ya no es excusa, ¿quién no tiene un familiar recién destetado que pasa de la teta a la tablet sin perder el equilibrio, dispuesto a solucionar el problema en un plis plas si le pedimos ayuda?

Los que quieren dejar claro que escriben desde un móvil para disculpar las faltas de ortografía que el rebelde autocorrector deja en libertad, relaja eso de escapar de la tiranía de la gramática de vez en cuando. La perfección agota. El receptor será más benévolo con las mutilaciones producidas por un ‘movilfón’ en movimiento y pistola del tiempo apuntando a la sien; hay mucho que despachar desde un confín tan pequeño mientras no llegamos a cualquier sitio sin importancia. Estos cacharros nos hacen creer que todo es urgente, hasta lo más nimio. Tratamos todos los mensajes de la misma manera, inmediatamente, con prisa.

los que quieren recordar a todo el mundo que tienen un aifon o aipad. Ha costado un pastizal solo por ser de Apple, aunque se fabrique en China y los trabajadores, exhaustos, se acaben durmiendo en la línea de ensamblaje. El estatus está por encima de estas cosas. Quizás el poseedor de un terminal de la manzana más famosa del planeta piense que tiene más derecho a las erratas, líos con la puntuación o frases amputadas que el propietario de un churrofón como el mio, híbrido o mestizo parido entre India, China y España (fabricado allí, con piezas de más allá y distribución de acá) por operarios que, posiblemente, también se duerman en el montaje. Suele ser gente que ha ejercido de valla publicitaria toda su vida a pesar de haber soltado un buen parné por las marcas que exhibe de los pies a la cabeza, algo que siempre me ha costado trabajo entender. Pasean de un lado a otro su presunción, su vida no tendría mucho sentido sin esos viajes tan vacuos. Casi me quedo con el hombre o mujer sandwich o cartel anunciador ‘compramos oro y plata’. Lo hacen por un sueldo, aunque sea tan miserable como el de los montadores de apples y churrofones.

Conviene distinguir entre el que fue rico de toda la vida, desde la cuna, y el nuevo rico. Advenedizo. El primero ha presumido siempre, o ha sido educado para presumir, no ha conocido más cosa que la opulencia, lo hace de forma natural, casi inconsciente, puede que no pretenda apabullar ni necesite dar lecciones. El otro (los más, actualmente) se muere por restregar el éxito alcanzado y hacerse con un pedigrí, aunque su pendón sea la ignorancia, o tal vez por eso. Urge que sepamos que alcanzó la cumbre y se codea con los primitivos moradores aunque estos lo rechacen y no sea consciente. En una ocasión, cuando los móviles eran analógicos –movilsaurio– y empezaban a popularizarse, allá por los 90, acudí a un seminario profesional. A la entrada había un letrero: “Por favor, deje su teléfono móvil en esta bandeja, le será devuelto al finalizar la conferencia, gracias”. Entre los terminales depositados en el recipiente ¡había algunos de juguete!, réplicas de uno verdadero.

No sé por qué, comparo al nuevo rico con el ex fumador que fue fumador crónico, es más hostil con quien fuma que aquel que no ha fumado nunca. No le molesta el humo, le molesta el resentimiento, el haber dejado de fumar por obligación o por una dolencia, sin convencimiento.

Perimetrado

Debí de haberme perdido algún capítulo de Esnobismo Express. O que de la noche a la mañana los medios me consideran audiencia erudita y sueltan un palabro nuevo a bocajarro. Perimetrado. Luego lo repiten hasta la saciedad. Acto seguido, uno, convertido por el bombardeo en experto acelerado, larga en la cafetería, la oficina, la peluquería o en el taxi que el incendio de Torrejoncillo del Sieso está por fin perimetrado y los contertulios, en esas diferentes ubicaciones, responden uf menos mal o gracias a dios. No te encontrarás con alguien que dispare su duda: ¿qué cojones es perimetrado? No, cae de cajón, la cosa viene de perímetro. Evidente lo que quiere decir. Jamás delatar la ignorancia, si fuera el caso.

‘Tras 6 días de trabajo logran perimetrar el incendio de Yeste’. ‘Trabajan para perimetrar el fuego en la sierra de Segura’. ‘Incendio perimetrado y sin llama’. ‘El incendio de Moguer está perimetrado y evoluciona muy bien, según las autoridades’. ‘Perimetrado el incendio de Campillos de Altobuey tras quemar 1.200 hectáreas’. Como vemos, por ejemplo, en este último caso el fuego quemó mil y pico hectáreas antes de quedar perimetrado, como si a a partir de ahí no creciera el perímetro ni un centímetro más o no supusiera ningún peligro.

Ring ring ring. Mire, le llamo de Aldea Serena, estamos rodeados por un incendio bestial, está todo cubierto de humo, casi no podemos respirar, estamos acojonados. No se preocupe, tranquilo, lo tenemos perimetrado. Ahora pasamos a evacuar la aldea por si las flies. Como está perimetrado puede seguir ardiendo, ya estábamos avisados, luego si el fuego avanza, se despendola y “desperimetra”, es otra noticia. Una colateral.

Antes de la moda del perimetreo, el verano pasado, sin ir más lejos, informaban de la aparición de un incencio, sus proporciones y la consiguiente alarma que iba despertando para acabar informando de que ya estaba felizmente controlado, extinguido o sofocado. Finiquitado. No, ahora está perimetrado, ya veremos lo que pasa a partir de ahí. Como si fueran a hacer un incendio por capítulos o temporadas: “Abrasados”. “Acorralados”. Juro por mi boleto de la primitiva o de la ONCE que los locutores emplean perimetrado como sinónimo de controlado, apagado, y a otra noticia. Lo he comprobado en varios incencios. Me tienen quemado. Comprobé que ya no ardían. Estaban perimetrados ¿?

Algo parecido con el mercurio, asunto del que habé en su día. Es llegar el verano y se llena la tele de canícula y mercurio. ‘El mercurio ha subido hasta los 40 grados’, ‘El mercurio no da respiro’. Como si no existiera el termómetro. Como si fuera un condón de cristal que envuelve al elemento químico y le gustara más a este levantarse a pelo, con fuerza, hasta los 40. Prescindir de la carcasa. Fue prohibirlo la UE en 2014 –ningún aparato que lo contenga puede ser comercializado– y venga matraca con el puñetero mercurio. Lo curioso es que el sólo vale para la ‘canícula’ o calor, para subir. En invierno, esos mismos personajes del tiempo hablan de que las temperaturas se desploman, que caen bajo cero o un poco por encima pero NUNCA mencionan el mercurio. A pesar de ser un metal pesado jamás cae. Mucho más pesado que los tipos y tipas de las isobaras.

Macedonia de botella

Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas, y si se suman una manzana y una pera nunca pueden dar dos manzanas porque son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta” Esto es como un botellazo; la madre de semejante perla no es una ostra, es Ana Botella.

No es que me despierte la libido esa señora, pero al escuchar la palabra pera sufro una satisfactoria regresión. En mis tiempos de efervescencia, una pera era una paja, uno de los muchos nombres que recibía la masturbación masculina. Pajote o pajilla, manola o manuela, un sube y baja, una maraca, chusca o gayola, un solitario. Por no entrar en nombres compuestos como sacar brillo al calvo y un sin fin de ellos. Vamos, “un menage a one”, un polvo viudo. Auto-conocimiento. Me quiero, me amo y me satisfago. Por lo que respecta a la femenina los hay muy sonoros y sugerentes, como hacerse un dedo o petarse el chocho, cosa que me pone mucho, mas que nada porque es una pena que el uno no se lo hubiera podido hacer a la otra y la otra al uno.

Basta que hable de sumas la interfecta y me viene a la cabeza todo lo que restaron sus compañeros de carné. De afiliación y filiación. En efecto, hay cosas que deberían ser naturales pero la propia naturaleza del ser humano lo trasforma todo. Conste que si existiese interés comercial en sacar una manpera o perazana (posibles nombres de un híbrido salido de manzana y pera) no me cabe duda de que ya existiría. Con las frutas de hueso (y sin él) no sé cuantos bastardos han visto la luz, algunos muy sabrosos. O la sandía sin pepitas, gran invento.

Hablando de bastardos, y adulterando más la frase dislate de la Botella. Si se suman un político del Partido Podrido y un empresario, aunque sean dos hombres o dos mujeres, sale la dios es padre y la virgen bendita (una fábrica de milagros y extraños fenómenos). Como mínimo sale una franquicia de tramas corruptas. Miles de cerditos vacíos. Como las huchas de las pensiones, para que otros cerdos engorden, medren y se retiren, ellos, la prole y tátaraprole, impunemente. Si la suma es un indeseable político es con un fiscal anti corrupción sale un defensor del mangante que para mi quisiera cuando robe una gallina. Si el sumando incluye un periodista sale un esbirro a sueldo que deforma la realidad, tortura una verdad hasta hacerle confesar una mentira.

Si se suman un cura y toda su jerarquía con un niño, asunto también muy antinatural, sale una vida destrozada para el último, cuyo secreto queda enterrado en la misma sotana la mayoría de las veces. Si se suma un genocida y un puñado de fanáticos sale un golpe de estado con un millón de muertos y un gobierno talibán. Aquí sabemos mucho de sumas macabras y degeneradas.

En fin, derrapé totalmente. Me salí a tomar por saco. Iba a hablar del orgullo gay y se me cruzó la botella en el camino con aquella frase, tan inculta como rancia. Eso altera cualquier percepción, así que lo dejo aquí. Viva el orgullo gay, el guay y cualquier otro del que se pueda presumir, orgullosamente.

Karma Occidental (KO)

“El segundo es el primero de los perdedores”. Esta frase se le atribuye a Ayrton Senna, para muchos el mejor piloto de la historia de la Fórmula 1, tres veces campeón del mundo, trágicamente fallecido en Imola en el ejercicio de su pasión.

La realidad es que el mundo está lleno de perdedores, de segundos, terceros, cuartos, vigésimo primeros y últimos (estos pueden ser los primeros, dicen). Lleno de obedientes y colaboradores necesarios que mantienen a líderes mediocres, de pacotilla. Dictadores, sicópatas, ladrones. Por supuesto, lleno de vencidos, también. Estoy un poco cansado del discurso Líder – Liderazgo, a la vista de los resultados. Es fácil hablar sobre líderes. Solo hay que sacar lo mejor de cada uno aunque luego nos engañe con lo peor. ¿Quién no tiene algo de líder, una migaja? (Aunque sean los famosos quince minutos de gloria). Sin contar con las posibilidades económicas o materiales imprescindibles para llegar a la cima o habitar en la cuneta, en su defecto. No es lo mismo nacer en EEUU que en Somalia.

Hay que ser líder a toda costa. Es el mantra. La matraca. Aunque no se tenga madera. Lo demás es un fracaso, con suicidios incluidos. Las empresas buscan líderes, la política también y ya vemos en que acaba todo, para ellos. Nadie pone un anuncio “necesitamos un buen segundo”, no, siempre se buscan líderes, incluso en organizaciones que están en la cola. Si todos nos convirtiéramos en líderes terminaríamos siendo el líder n.º 1, el líder n.º 2 y así hasta el líder último o el líder tontodelhaba y vuelta a empezar. De alguna forma habría que diferenciarse. Qué cansino, el rollo. De hecho, no existirían líderes si no hubiera segundos ni perdedores. ¿Alguien se imagina una carrera de Fórmula 1 o cualquier otra sin segundos ni terceros ni el que pincha o abandona siempre? Un coñazo. O que todos cruzaran la meta empatados. Aunque la máquina dictara que entre el primero y el vigésimo hay una milésima de segundo tendríamos un vencedor y 19 perdedores. No, son necesarios los segundos, los vigésimos y los “trigéminos”. Sin segundazgo no hay espectáculo, no nos engañemos. Incluso en los reálitis seleccionan de entrada al tonto sin posibilidades que hace el ridículo, del que reírse públicamente para alcanzar audiencia antes de que se peleen los talentos y nazca el nuevo líder. Véase Got Talent o Master Chef, entre otros.

Asistimos a una avalancha de gurús, coachs y demás sabios en todos los ámbitos que podamos imaginar, algunos realmente buenos y otros de copia y pega. En cuanto han hecho dos tortillas se consideran expertos tortilleros y se dedican a enseñar a quienes llevan toda la vida haciéndolas sin saber que se llamaba tortilla. Nos estresan con la competitividad pero los de arriba no compiten, colaboran, que es la clave del éxito. Las petroleras, por ejemplo, que se unen para fijar un precio que les convenga, sin hacerse daño. Si colaboráramos, todos seríamos líderes.

Luego está esa necesidad de fusionar la espiritualidad oriental con la occidental, como si vivir en el Tibet fuera lo mismo que vivir en el centro de Madrid o en Sudán y con dos mandalas y un mantra reguláramos los diferentes “estreses” y nos equiparáramos, como si trabajar en el almacén logístico de Amazon fuera lo mismo que rezar en un monasterio tibetano.

A la masa la han obligado a competir para dividirla y controlarla. Para tener un mundo de sirvientes. Uno solo alcanza cierto grado de bondad y perfección después de muerto, cuando ya no da la lata. Las alabanzas, tras la muerte, sorprenderían a muchos de los fallecidos, que a buen seguro desconocería haber tenido tantas virtudes. Lider post mortem.

Acabo de descubrir una canción que participará en Eurovisión 2017 y que resume bien el asunto (la letra). Y además es italiana, coño.